Llora una muñeca de azúcar,

no la tires Papá, respira.

Deja que la consuele

¿No me ves?

Tengo 10

Quiero peinarla…

Papá, no quiero un esposo

 

ME LLAMO NOJOOM, TENGO DIEZ AÑOS Y QUIERO EL DIVORCIO. Esta no es una película. Más bien una aclamación. El grito sordo desde una pesadilla con fiebre fría. ¿En qué tiene que preocuparse una niña que apenas cruzó la primera década de su vida? Tarea, ordenar su cuarto tan pronto como pueda para salir a jugar, soportar el intolerable sabor del brócoli, dormir a tiempo… ¿divorciarse?

 

Ana Nojoom bent alasherah wamotalagah es el nombre original del proyecto de la cineasta feminista Khadija Al-Salami, quien recogió una historia para nada inédita. Noojoom, de 10 años de edad, nacida en las etnias del Medio Oriente, se apareció un día de inclemente Sol, como un ánima en pena ante un juez, su rostro enmarcado por un chador suplica la nulidad de su matrimonio.

 

Y no es de ninguna manera un asunto de entendimiento entre las sociedades de Occidente “civilizado” y Oriente arraigado y religioso, en comunidades de acá los casos de niñas obligadas a casarse cuando ni siquiera tuvieron el primer periodo, intercambiadas por una vaca o dos toros, son tan comunes como los del mundo musulmán.

 

La historia de Nojoom no es una película o una ficción para despertar el morbo taquillero, es una demanda a partir del tratamiento de la aguja en un pajar que recurre a la pantalla grande para alzar la voz por la justicia. Al-Salami hace cine activista, quiere decirle al mundo que el matrimonio de niñas con adultos en las comunidades árabes no tiene respaldo en el Corán o la religión. Quiere que sus compatriotas vean que ningún ángel o profeta proscribió que una pequeña deba amanecer muerta tras la noche de bodas. Graves e irreversibles errores de interpretación.

 

Por eso no hay momento para las críticas sobre la imagen, los encuadres, la manera en que se movió la cámara, el uso de flashback para ir y venir sobre los hechos, si los actores tuvieron desempeño sobresaliente al explotar las posibilidades dramáticas. Las locaciones, el maquillaje, los recursos de utilería, las comparaciones entre este proyecto y la ópera prima de la directora. Nada de esto es trascendente cuando una niña enfrenta sola a un monstruo, el imaginario colectivo que tiene sus raíces crecidas hasta el núcleo terrestre.

 

Desde Yemen y los Emiratos Árabes Unidos, que no tienen exclusividad en el tema, un mensaje a nuestros pueblos en Asia y Oceanía; en África y América Latina; desde algún punto en la nación más desarrollada. En México, cerca de la Huasteca de Hidalgo o la Sierra Otomí

 

No tiene que existir una ley que prohíba que las niñas se casen porque nadie debería pensar en eso, porque las familias tendrían que velar por los sueños de las miradas inocentes que bajo ninguna circunstancia tendrían que averiguar la manera de exigir el divorcio. Esta no es una película.

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