¿Puede alguien encontrarme alguien para amar?
Cada mañana me levanto y voy muriendo un poco, apenas puedo sostenerme en pie.
Echo una mirada al espejo y me pongo a llorar.
Dios, ¿qué me estás haciendo?
He pasado todos estos años creyendo en ti, pero no obtengo alivio alguno.
¿Puede alguien encontrarme alguien para amar?
Trabajo cada día de mi vida, trabajo hasta que me duelen los huesos.
Entonces, me arrodillo y empiezo a rezar hasta que las lágrimas corren por mis ojos.
Dios, alguien, alguien a quien pueda yo amar… Alguien a quien amar.
-Somebody to love-

 

1981 Lo recuerdo como si hubiera sido ayer… En nuestro pequeño departamento de la Unidad Villa Panamericana, mis hermanas, sus amigos y yo estamos sentados en el suelo, esperando la transmisión en vivo que solidariamente haría una estación de radio del concierto de Queen desde la ciudad de Puebla. Se había corrido el rumor que, por estrafalarios, rebeldes, escandalosos y hasta raros, no los dejaron entrar a la Ciudad de México. De todos modos, mi mamá jamás nos hubiera dejado ir a un concierto de rock. Nos íbamos a conformar con escucharlos por la radio, pero en vivo, cerquita, muy cerquita de nuestras almas.

Cautivas en la estancia de nuestra casa, gritamos ante los primeros acordes y nos abrazamos con gran emoción al escuchar la voz de nuestro bien amado Freddie Mercury (1946-1991). El mismo que nos enamoró en ese programa de videos musicales que pasaba el canal 4 y que se llamaba “Dimensión 4”. Nosotras creíamos que nuestro corazón se detenía al escuchar “Bohemian Rhapsody” y esos coros y esa voz mágica y esas imágenes que se movían al ritmo de una ópera conmovedora, de un rock provocador, de una hermosa pieza musical. De inmediato compramos ese LP de blanca portada titulado A night at the Opera. Memorizamos todas las canciones, yo estudiaba en la secundaria y aproveché para practicar mis clases de inglés y diccionario en mano, me puse a traducir las letras. Por supuesto, me conmoví con “Love in my life”.

 

 

Desde entonces Queen formó parte de nuestros días, escucharlos en la radio, votar por ellos en los programas de concurso -incluso en contra de nuestros amados Beatles-. Los videos de sus conciertos nos emocionaban, sobre todo por Freddie, tan dientón y tan flaco, tan sensual y provocador, esa voz angelical y potente, emociones y sensaciones a flor de piel, calidad total en cada una de sus interpretaciones. Me siento identificada con “Somebody to love”, que viene en su disco de 1976.
Al año siguiente dieron a conocer el álbum News of the World, su magia inunda la casa, bailamos al ritmo de “We will rock you” y “We are the champions”. Fuimos capaces de ir a ver una fatal película, Flash Gordon, solamente porque la música era de Queen. Y cuando se confirmó que vendrían a México, nos consolamos escuchando por radio la transmisión en vivo. Fue una noche llena de magia y música. Gritábamos como si estuviéramos en las tribunas. Un amigo, al escuchar que el locutor describió que Freddie había lanzado al público su camiseta, se aventó como si estuviera en el estadio y quisiera atraparla. Gritamos otra, otra, cuando el grupo tocó la última canción. Brincamos gozosas al escuchar a Freddie decir unas palabras en español. Queen, en México, nunca olvidaré que tuve el privilegio de escucharlo en vivo. Queen, un grupo inglés formado por cuatro grandes de la música: Freddie Mercury (voz), Brian May (guitarra), Roger Taylor (baterista) y John Deacon (bajo).

 

 

1984. Un video mágico me aproxima a esa película que mis profesores en la universidad consideran casi sagrada, Metrópolis, Queen retoma decorados y escenas, tiene una coreografía que después será memorable, porque sin ensayarla ni pedirla en sus conciertos, la primera vez que la cantan en vivo, sus fans la imitan. Sí, aplauden y levantan los brazos al ritmo de “Radio Gaga”, y yo sigo haciendo mis traducciones con diccionario en mano y la revista “Notitas musicales”, que imprimía y publicaba las letras de las canciones de moda. Entonces, oh, descubro un homenaje tan dulce a un medio de comunicación con el que en ese tiempo me dormía cada noche: la radio.

 

 

Me sentaba solo y miraba tu luz,
mi única amiga en mis noches de adolescencia.
Y todo lo que tenía que saber, lo escuchaba en mi radio.
Les diste todas esas viejas estrellas, las guerras de los mundos invadidos por Marte.
Les hiciste reír, les hiciste llorar, nos hiciste sentir que podíamos volar.
Así que no te conviertas en un simple sonido de fondo.
Tuviste tu tiempo, tuviste tu poder, pero todavía está por llegar tu mejor momento: Radio.
Todo lo que escuchamos es Radio Gaga.
Radio, ¿Qué hay de nuevo?
Radio, alguien todavía te ama.
-Radio Gaga-

 

XXI. Y al empezar el siglo XXI, cada canción de Queen siguió formando parte de nuestra historia, aunque Freddie murió en 1991. Y yo cierro los ojos y me evoco, me palpo como si fuera ayer cantando a todo pulmón “Bohemian Rhapsody” en una fiesta, en el coche con mis primos o con los títeres de Plaza Sésamo. Dedico todavía la misma canción al amor de mi vida en la voz de Freddie. Ando en bicicleta y repito otro de sus coros pegajosos. Una de mis películas favoritas, Ella está encantada (2004), tiene una escena donde Anne Hathaway entona gozosa “Alguien a quien amar”. Sigo siendo otra más que muerde el polvo… Tantas canciones, tantas historias y la voz de Mercury inmortal por siempre.

 

He leído muchas críticas en torno a la película que lo recupera de manera original y leal en este siglo XXI, pero mi única certeza es que la música de Queen glorificó el rock, que su sonido siempre me emociona, que su historia me conmueve y que, en estos días, Freddie resuena por toda mi casa, al compás de mi corazón, con toda su pasión y hasta su esperanza. Murió joven, 45 años, pero el SIDA nunca logró callar su voz, hoy resuene todavía una de sus últimas canciones, donde demuestra su fuerza y su fe:

 

A veces tengo la sensación de volver a los viejos días cuando éramos niños, cuando éramos jóvenes.
Las cosas parecían tan perfectas.
Sabes que esos días terminaron, éramos locos, éramos jóvenes.
El sol siempre brillando, vivíamos para divertirnos.
A veces parece que mi vida solamente fue un show.
Eran los días de nuestra vida/ las cosas malas eran tan pocas.
Esos días se han ido pero una cosa es cierta cuando miro y encuentro que todavía te amo.
-These are the days of our lives-

 

2018. Y revivo esa época ahora que estoy en la sala de cine, para ver la película que narra la historia de Freddie Mercury y el grupo Queen. Nuevamente vibro de emoción y levanto los brazos en la sala de cine, señora cincuentona emocionada, y aplaudo al ritmo de Radio Gaga. Es fascinante escuchar a mis estudiantes de primer semestre, de 18 años de edad, charlar y comentar el filme, pero me conmuevo más al escucharlos cantar desde “Rapsodia Bohemia” hasta “No me detengas ahora”.

 

El final de la cinta no puede ser más épico y generoso, nuestro cantante en uno de sus conciertos más representativos, realizado en 1985 y junto con los miles de almas que cantaron con el grupo ese día, quienes estamos en el cine, gente de todas las generaciones que puedan existir, cantamos y cantamos con el corazón en la mano, segura de que somos los campeones:

 

He pagado mis deudas, una y otra vez
Cumplí mi condena, pero no cometí ningún crimen.
Sí, cometí errores malos
Y tuve granitos de arena golpeando mi cara.
Pero eso ya he pasado y necesito seguir, sin parar, sin parar.
Somos los campeones – mis amigos, lucharemos hasta el final.
No hay tiempo para los perdedores.
Somos los campeones del mundo.
Y he aceptado mis propias reverencias.
Y esos gritos detrás del telón me han traído fama y fortuna y todo lo que sigue.
Lo agradezco, pero no he estado en un lecho de rosas.
Ha sido un verdadero desafío y no voy a perder.
Por eso queremos seguir sin parar y sin parar
Somos los campeones – mis amigos.
-We are the champions-

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