Un color que represente el mundo de un inventor me imagino que debe ser naranja fosforescente, de esos colores que siempre llaman la atención, pero pocos se atreven a lucir

 

CARLOS CHIMAL es divulgador de la ciencia, químico y escritor, seguramente por eso logró dar pincelazos a pedazos de una historia que merece cada color que él agregó, la historia de una de los grandes inventores que nació en México, alguien que consideraba que si nuestra mirada siempre atrapa colores, justo era crear un aparato lleno de imágenes coloridas. Ese hombre se llamó Guillermo González Camarena y para recorrer su vida nada mejor que invitarnos a visitar una FÁBRICA DE COLORES, justo el título del libro que hoy presentamos, libro escrito con verdadera sencillez y estilo narrativo generoso.

Es así como nuestro autor, Carlos Chimal, nos lleva de la mano hasta la entrada de una fábrica. Yo me la imagino un poco vieja y abandonada pero de fachada es monumental, tiene una gran chimenea que deja escapar nubes de todos los colores posibles e imposibles, al abrir su gran portón no sabes hacia dónde dirigirte, tanto colorido te impresiona, a veces te distrae, otras amenaza cegarte, muchas más seducirte, divertirte, impresionarte, entristecerte, llenarte de nostalgias, valorar, recordar, llenarte de orgullo. Carlos te llevará de la mano, su estilo generoso y sencillo lo hace posible.

 

Entonces los colores toman la forma de recuerdos, de palabras, la historia de nuestro inventor mexicano

 

Yo estoy segura que el recorrido por esta fábrica de colores empieza en blanco y negro. Pero un blanco y negro brillante, gozoso, atrevido, travieso, memorable. La calle de Havre 74, un matrimonio y sus hijos, entre ellos un pequeño curioso llamado Guillermo. Las fotos de esa casa, de la pareja recién casada, el niño Guillermo con sus hermanos, son fotografías en blanco y negro. El inicio de la historia con esa carga emotiva que siempre da el blanco y negro.

La siguiente habitación que Carlos nos invita a conocer de esta fábrica sin duda debe ser color sepia, entre pardo y marrón, donde ese niño Guillermo toma como guarida el sótano de su casa y se lleva objetos para armar y desarmar, aparatos para conectar y desconectar, cables para enredar su creatividad, chispas que surgen de su mente y de cada experimento.

Desde siempre ese pequeño tuvo la certeza de que inventar sería su manía, su obsesión, su oficio, su profesión, su vida. Por supuesto, al niño nerd lo van a molestar, sumergido en sus inventos no puedo evitar escuchar las burlas que resuenan en la ventanita enrejada de su sótano. Al otro día, los hostigadores reciben con creatividad su merecido. Al tratar de asomarse para dejar escuchar sus burlas, la reja les da unos buenos toques, Guillermo la transformó en una reja que daba los toques justos de electricidad.

Un color que represente el mundo de un inventor me imagino que debe ser naranja fosforescente, de esos colores que siempre llaman la atención, pero pocos se atreven a lucir, Guillermo González Camarena debe haber palpado ese color desde siempre y lo hizo suyo sin dudar.

Por eso, solamente con sus conocimientos naturales y lo que logró aprender en la escuela primaria y secundaria, jamás sintió difícil o ajeno adentrarse a las maravillas del electromagnetismo, el alucinante mundo atómico y el reto del vacío… semillas que prendieron en el lejano y fértil terreno de la mente de un pequeño curioso llamado Guillermo.

Ese niño siempre lo supo, sería inventor. Y ahí está, gastando su domingo en comprar cables, pilas, focos, bulbos, así se aproximó a lo que sería su primera radio armada por su instinto científico y sus certezas técnicas. Pero, nos pregunta Carlos Chimal

 

¿cómo se enteró de los secretos necesarios que cualquier aprendiz de brujo debía estudiar a fin de sacarle el jugo mágico a los objetos electromagnéticos capaces de enviar voces y sonidos a largas distancias?

 

El libro poco a poco nos responde, nos aproxima, provoca la admiración sincera, la historia que siempre vamos a recordar.

Imagino que esta FÁBRICA DE COLORES tiene una habitación verde pictórico donde podemos espiar a un Guillermo -nacido en 1917- a los 15 años construyó…

 

…un transmisor de onda corta controlado por un oscilador de cristal con un bulbo de salida 61.6… lo hizo siguiendo el manual de radioaficionado del ingeniero Riu. Era sólo el inicio, pues su siguiente objetivo consistía en enviar y recibir imágenes, ese aparato llamado televisión… Y a color, si son tan amables, nos advierte Carlos.

 

Colores amarillos, rojos y violetas surgen de un lado a otro cuando hilamos la vida de Guillermo González Camarena con cables y bulbos, antenas y enchufes, nuestro inventor es osado y seguro, en 1942 llega a la Secretaría de Comunicaciones y Obras Públicas para que le otorguen el permiso de usar su cámara de televisión.

 

¿Televisión? Y con seguridad, nos afirma Carlos Chimal, nuestro inventor respondía: Te televisión, mi estimado señor, es un artefacto capaz de captar línea por línea las imágenes que un ojo humano recibiría si estuviese en ese sitio, puede transmitirlas por el aire a través de las ondas hertzianas y comunicarse con un aparato receptor que sea capaz de descifrar dichas líneas a la distancia. Y como ya estoy inventando el espectro, necesito que me dé un permiso

 

Al poco tiempo ese chico de 26 años, radioaficionado de corazón, cuerpo y mente, confirmó las siglas que le daban permiso para seguir transmitiendo, pero ahora imágenes: XEIGC, siglas con las que ya transmitía para cuestiones de radio. El diálogo que recupera Carlos Chimal, es maravilloso:

 

– ¿Supongo que tienes siglas asignadas?
– Así es, XEIGC
– Pues transmite con las mismas. Y ahueca el ala, que tu mamá debe estar buscándote.
Risas generalizadas. Sin inmutarse, Guillermo replicó:
– Pero no sea malito, ¿me lo pone por escrito? Voy a usar XEIGC en el canal 5.
– LO que tú digas, chamaco

 

La historia ya tomaba el destino marcado.

Los siguientes capítulos de este libro titulado FÁBRICA DE COLORES ya no saben si son morados o rojos, azules o amarillos, violetas tenues, verdes intensos, porque la vida de Guillermo González Camarena está llena de transmisiones y de imágenes, pero también de amor y risas, su esposa querida siempre presente en su vida – María Antonieta Becerra Acosta – y sus hijos, las amistades y las bromas, la bohemia y las canciones, los estudios de televisión, el encuentro con Emilio Azcárraga Vidaurreta, las transmisiones, las cámaras de televisión, el logotipo de su canal, canal cinco, con las iniciales de su apellido formado parte de sus siglas GC.

El 7 de septiembre de 1946, a los 29 años de edad, Guillermo inauguró oficialmente la primera estación experimental de televisión en México con equipo diseñado por él. Se identificó con las siglas XHGC Canal 5.

Los colores se mezclan, se revuelven divertidos, esta fábrica de colores da todo de sí porque Guillermo González Camarena tiene mucho que ver con la historia y desarrollo de la televisión mexicana, desde la instalación de la antena transmisora hasta la sugerencia al presidente de México de cómo debería ser nuestra televisión. Pero, sobre todo, la televisión en nuestro país y en el mundo tendrá color gracias a González Camarena, la televisión a colores en su obra maestra.

La fábrica de colores de pronto, pese al ritmo y la fuerza, se detiene por un impacto, esa noticia que no esperas cuando el ambiente pintaba maravilloso, la llegada de la muerte que llega siempre a un destino marcado. Un color salado inunda la fábrica, Guillermo González Camarena murió el 18 de abril de 1965, en un accidente en carretera, Tenía 48 años. Tantos proyectos detenidos, el luto nacional. El silencio, el sin color.

Pero Carlos Chimal nos regresa el color con este libro, sencillo y pequeño pero profundo e inolvidable, la FÁBRICA DE COLORES gracias a su investigación, a las entrevistas con los hijos de González Camarena, a la búsqueda de documentos, las fotos encontradas, su visita a la calle de Havre 79, la nostalgia y el homenaje, el reconocimiento merecido, nuestro orgullo nacional.

Gracias Carlos Chimal por darnos este recorrido por esta FÁRICA DE COLORES que hoy más que nunca pinta imágenes coloridas que evocan con orgullo el nombre de este gran inventor mexicano, indispensable para narrar la historia de la televisión mexicana, el hombre que le puso color a la televisión en el mundo. Un hombre llamado GUILLERMO GONZÁLEZ CAMARENA.

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