Araiza Díaz, Alejandra. (2017). Ciencia, subjetividad y poder. Claves feministas para la construcción del conocimiento, Universidad Autónoma del Estado de Hidalgo, México

 

ALEJANDRA Araiza tiene una sonrisa generosa y una personalidad que de inmediato delata que es una mujer sabia. Siempre cautiva a sus grupos de estudiantes en la Universidad Autónoma del Estado de Hidalgo, donde es profesora investigadora. Es colega y es amiga. Me gusta tejer con ella lazos de sororidad de la buena. Por eso, con honesta felicidad celebro su primer libro publicado en nuestra institución.

Su generosidad envuelve cada página del texto, palpas de manera muy sensible su compromiso y preocupación por explicarnos el proceso de conocer, en el cual sospecha que a las mujeres no siempre nos han integrado, por eso construye con sumo tacto y sencillez, repasa con tono filosófico la manera en que el feminismo propone, advierte y decide espiar la forma en que nos han enseñado a conocer y la forma en que podemos conocer desde una perspectiva de género.

La profundidad con que aborda cada categoría y cada postura científica es sorprendente pero lo es más cuando se advierte la certeza de explicarnos cada punto con razón y con emoción, en equilibrio perfecto. Nos introduce a cada tema, siempre con un poema, con la estrofa de una canción, con reflexiones que provocan nuestra curiosidad y la certeza que nada del conocimiento puede resultarnos ajeno, lejano o extraño.

Aunque hasta el final del texto Alejandra Araiza lo reconoce, su inspiración y estilo delata en cada párrafo su amor por aprender y enseñar, su auténtico sentimiento por leer y comprender, su fascinación por explicar para debatir, explicar para compartir:

 

Tras este recorrido, reconozco que estoy enamorada del conocimiento, pero no quiero contribuir en su uso como instrumento de dominación, ni para las mujeres, ni para otros seres humanos, ni para la naturaleza. Mi búsqueda es otra muy distinta. Y, en tanto que feminista, pienso seguir el camino marcado por otras mujeres que nos han legado una cuantiosa herencia. Esa es mi apuesta y este un primer tramo del camino…

 

Los temas que abordan son muy complejos, pero ella logra aproximarlos con verdadera sabiduría. Las referencias que cita, las domina a la perfección, pero no son sencillas de comprenderlas a la primera lectura. Por eso, ella redacta como si tradujera, descifra esos jeroglíficos teóricos y nos regresa reflexiones que permiten comprender lo difícil que sigue resultando a las mujeres vivir en un ambiente de equidad total.

En su primer capítulo, ‘Sospechas feministas. Posibilidades de conocimiento’, parte de que todo lo aprendido por ella hasta ese momento puede ser cuestionado, quizá su intuición le murmura que hay afirmaciones que no siempre están fundamentadas, sin duda alguna su talento la convence de que las cosas pueden ser de otra manera. Su eje central somos las mujeres y la forma en que nos han explicado, las maneras en que nos describen y analizan. Siglos y siglos de leer tratados e historias que nos castigan, que nos califican de débiles, que nos vuelven invisibles. ¿De verdad lo somos? ¿No existe, como dijera Rosario Castellanos, otra manera de ser humano y libre? Alejandra Araiza nos toma de la mano y nos lleva por los senderos de la ciencia con estas sospechas feministas y que van a crear nuevas miradas y nuevas interpretaciones para hacer referencia a la existencia de las mujeres en cada momento de la historia y en todo escenario social.

Por eso, para ella es muy significativo partir de la teoría del género y dar brillo a palabras como sistema sexo/género, falogocéntrico, feminismo. Cita a las teóricas que han abordado estos temas y nos “traduce” sus ideas, sus preocupaciones, sus apuestas para transformar esas ideas conservadoras que siguen manejando como sinónimo mujer y debilidad, mujer e ignorancia, mujer-cuerpo, mujer contra hombre.

Pero cómo aprovechar esas sospechas si el camino de la ciencia está lleno de posturas sexistas, machistas y misóginas. Pues con las lecturas feministas, las nuevas formas de conocer que ellas plantean, las otras metodologías que plantearán diferentes hipótesis y preguntas, por ello otra manera de entender el significado de ser mujer. Desde el feminismo y desde el género, podremos construir un conocimiento que haga humanas a las mujeres.

‘Algunos apuntes para una arqueología de las epistemes’, es la segunda parte donde la autora traza un punto de partida epistemológico. Por supuesto, ya con leer esta última palabra puede sentirse un ligero escalofrío. Suena tan teórico, tan científica y tan compleja. Pero, insisto, el discurso es muy generoso y siempre se preocupa por explicar, aproximar, hacer comprender, enamorarnos de la posibilidad de conocer, y conocer para transformar. Bien lo dice al cerrar su capítulo en una cita iluminadora del maravilloso Edgar Morin:

… en la crisis de los fundamentos y ante el desafío de la complejidad de lo real, todo conocimiento necesita hoy reflexionarse, reconocerse, situarse, problematizarse. La necesidad legítima de todo aquel que conoce, en adelante, dondequiera que esté y quienquiera que sea, debería ser: no hay conocimiento sin conocimiento del conocimiento.

 

La tercera parte inicia con otra deliciosa cita que defiende y da fuerza al sentir feminista, un sentir pocas veces comprendido, lleno de mitos creados por la sociedad patriarcal y juzgado con mucha severidad por el machismo. El feminismo debe ser comprendido con toda su fuerza de cuestionamiento para transformar a la sociedad en pos de las mujeres y los hombres, enfatizando en ellas porque han sido quienes más han padecido la desigualdad y la discriminación:

 

El feminismo que me gusta es siempre interrogativo y apasionadamente enamorado de las mujeres. Es una invitación para vivir de esa forma más que una ideología.

 

Gracias a esta cita, que Alejandra Araiza tomó luego de cursar un seminario que impartió Donna Haraway –experta en epistemología feminista–, le permitió identificarse para siempre con sus dos más grandes pasiones: el feminismo y el conocimiento. Construir conocimiento desde el feminismo permite analizar que las diferencias entre hombres y mujeres han provocado una injusta desigualdad social, desigualdades que “todavía nos duelen”. Desigualdades que pueden humillar y marginar, cuestión que padecen muchas mujeres. Desigualdades que pueden matar, ahí está la violencia de género y los feminicidios. Desigualdades que pueden impedir a los hombres manifestar sus sentimientos y quitarle la posibilidad de hasta llorar. Desigualdades que nos lastiman, porque son injustas y absurdas.

Pero estas desigualdades el feminismo no las va a estudiar con el corazón o las vísceras, la simpatía o la antipatía, el feminismo necesita partir de la epistemología, crear categorías y conceptos que expliquen, que le pongan nombre a esas desigualdades y no solamente las definan e identifiquen, sino que se plantean posibilidades de transformación.

Es así como la autora del libro nos toma de la mano para recorrer esta manera de estudiar la realidad desde la perspectiva feminista, será así que aplicaremos métodos y metodologías, teorías e hipótesis. De esta forma han surgido visiones para explicar estas realidades, entre ellas, por ejemplo, el punto de vista feminista, donde las investigadoras que analizan la condición femenina están interesadas en la experiencia de las mujeres. En este tipo de trabajos la subjetividad es necesaria, rompiendo con el planteamiento patriarcal de que la ciencia solamente es ciencia si es objetiva.

En “De la política de la localización a los conocimientos situados”, los planteamientos críticos son constantes y pertinentes. Bien advierte que una de las preocupaciones que la llevaron a escribir este libro es el hecho de que los estudios de género se conviertan en un espacio “tolerado” para las mujeres en el ámbito académico. Es así como, otra vez, nos ayuda con generoso cuidado, a hacer un recorrido por los trabajos de investigadoras como Adrienne Rich, Sandra Harding y Donna Haraway. Pese a lo complejo de dichos estudios, Araiza explica con sencillez y permite comprender la importancia de crear una ciencia feminista.

El cierre del libro oscila entre términos que pueden dar escalofríos como lo es la ontología, el sujeto cognoscente y las claves metafísicas, pero dado que ese capítulo inicia con una canción de Rita Guerrero, del grupo Santa Sabina, y el miedo se puede cambiar por el interés. Y así, entre letras rockeras y poemas amorosos, la autora nos comparte y resume su inspiración:

 

Ahora bien, para hablar del sujeto femenino, Braidotti (1991) nos propone tres etapas en los estudios feministas: la primera se centra en la crítica del sexismo; la segunda apunta a reconstruir el conocimiento partiendo de la experiencia de las mujeres y la tercera se enfoca en la formulación de nuevos valores generales aplicables a la comunidad en su conjunto

Al llegar a las últimas páginas no queda duda, Alejandra Araiza es una estudiosa del feminismo, generosa y clara, enamorada del conocimiento.

Hacer Comentario