Cómo digo a mi reina que esos ojos tan hermosos nunca más me verán sonreír.

Pau Donés

La muerte es una fecha que por más que posterguemos, nunca vamos a poder evitar; la sentencia inapelable, la única certeza desde que dimos nuestro primer respiro y la prueba fehaciente de que vivimos.

Algunas vidas son arrebatadas con la misma rapidez de un parpadeo y otras representan un camino tortuoso, tanto para la persona que se despide como para los deudos que deja.

Un martes desperté con la noticia del fallecimiento de Pau Donés, vocalista de Jarabe de palo, aquella banda española que conocí cuando niña y que recapitulé años más tarde en las fiestas universitarias. El acontecimiento me cimbró no solo por los recuerdos musicales sino por la manera en que ‘El Pau’ (como diría una amiga) adornó con canciones y buena vibra ese camino hacia la muerte.

Su documental Jarabe contra el cáncer fue la medicina que necesité para aliviar un poco el dolor tras la partida de mi prima, para poder entender una pequeña parte de lo que pasó. Por supuesto, hablar del tema sigue siendo un episodio dolorosísimo pero ahora creo que lo enfrento con mayor naturalidad.

A ambos la vida se les diluyó a cuentagotas de las manos y –de alguna manera- tuvieron mayor oportunidad para despedirse, hacer las maletas y emprender el viaje. Fue así como mi amiga de la infancia se convirtió en la madrina de mi hija y como Pau nos regaló una canción más para hacer frente a las pérdidas.

Hombrecitos tiene una letra desgarradora y, en contraste, música que pone el ritmo en las caderas y alivio en el corazón; es tan pegajosa que Victoria canta sin siquiera notar que se trata de un tema de despedida.

Los hombrecitos volvieron

Para al fin llevarme con ellos

Pero tenía que verte primero

Mirarte a la cara y despedirme para siempre

Y eso no se hace fácilmente.

Cómo digo a mi reina

Que esos ojos tan hermosos

Nunca más me verán sonreír.

Cómo digo a mi reina

Que adiós, mi amor, good bye.

Entonces entendí: cuando la vida te da la ‘oportunidad’ de agendar tu fecha de muerte, posiblemente no solo te preocupa llegar al fin, sino también las personas que quedarán viendo cómo partes y que “nunca más te verán sonreír”.  Aun no habiendo diagnósticos ni línea de meta a la vista, lo que más me dolería es dejar a los seres que amo.

Veo a Victoria cantando nuevamente sin mayor reparo, me pasa el micrófono imaginario que hace con su puño y continúo con la letra. Ahora entona otra canción, Eso que tú me das (también del nuevo álbum): “eres lo, lo mejor, que me ha dado la vida”. ¿Será este un aviso oportuno?

Entiendo nuevamente y pienso en ‘El Pau’, en mi prima y en una persona más. No, no hace falta tener una fecha cuando sabemos que la muerte es la única certeza en la vida; no hace falta vislumbrar el final de la carrera para dejar todo resuelto, para componer canciones, para escribir poemas, para reconciliarte y ser la mejor versión de ti; no hace falta la sentencia inapelable para decirle a quien amas que es lo mejor que te ha dado la vida y que, eventualmente, un día ya no te verá sonreír.

Entonces hay que hacerlo todo hoy, justo ahora, porque quizás este sea nuestro último respiro.

Sobre El Autor

Rosario Moctezuma

Reservada pero no tanto, culta pero no mucho, sensible pero a veces, chistosa pero no por gusto; comunicóloga, docente en proceso, haciendo mis pininos donde me agarre el hambre.

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