“Por mí se va a la ciudad doliente,

por mí se ingresa en el dolor eterno,

por mi se va con la gente perdida…”

CIUDAD DE MÉXICO, 05 de julio de 2016.- Suspiros, llantos, gritos emanan de sus pilastras y sus batientes, son los sonidos de los penitentes bañados en reluciente bronce; la agonía, furia y desesperación de Ugolino quien devoró a sus propios hijos tras la condena a muerte por hambruna; los amantes Francesca y Paolo luego de eternizar su lujuria a través del amor fugitivo; la angustia y desolación de la muerte violenta de la mártir; y la triple avaricia del hombre que cae.

Figuras vivas que perdieron su forma definida para fundirse en un lamento con aquella octava puerta de 6 metros de altura en donde los hombres, mujeres, la muerte, el dolor, el pecado y los ángeles conviven bajo la mirada acusatoria de los tres Adanes que adornan la puerta de un Dante Alighieri que vigila reflexivo desde el tímpano de la entrada al infierno.

“Justicia animó a mi alto hacedor;

me hicieron la divina potestad,

la suma sabiduría y el primer amor”

La puerta del infierno del escultor francés Auguste Rodin es la nueva adquisición del Museo Soumaya,  obra artística que retrata de la manera más precisa posible lo que Alighieri escribió en su Comedia, hecha divina por la voz del pueblo. Una pieza con la que El escultor de las manos descendió por los nueve círculos del averno, se adentró a la piel del juez y rey Minos, navegó por los cuerpos de agua Aqueronte, Estigia y Flegetonte, y entre las llamas vio  a poetas, políticos, militares y figuras papales arder.

Sin embargo, para entender a la puerta eterna que existió antes de lo creado, toda esperanza tiene la obligación de desaparecer; el alma termina por ascender al infierno de bronce, yeso, terracota, mármol, porcelana, flores del mal, guerras, revueltas de Calais y amantes que Rodin esculpió a lo largo de su vida con el fin de perfeccionar aquello que sólo fue posible la abstracción de su imaginario.

“Antes de mí no hubo nada creado

Sino lo eterno, y yo duro eternamente

¡oh vosotros los que entráis, abandonad toda esperanza!”

Los trabajos Camille Caludel, Aimé-Jules Dalou, Edgar Degas, Renoir, MatisseAlbert-Ernest Carrier-Belleuse y Jean Baptiste Carpeaux acompañan al escultor francés para darnos un contexto sobre la era de Rodin, donde el mundo del arte se encontraba en la transición a las vanguardias, al arte modernista que predominó el siglo XX.

El laberinto de cristales, cuadros, pantallas electrónicas, cartas y mandatos de la Francia napoleónica son recorridos con grandes dudas por pequeños observadores que con cada obra se preguntan porqué de la forma, por cómo y cuándo, mientras se escuchan los obturadores de los teléfonos celulares que congelan el alma de sus escultores sin que sus portadores miren, se conmuevan, se estremezcan o cuestionen sobre lo que tienen enfrente, porque el único fin de aquella imagen es obtener las reacciones que se puedan de sus amigos virtuales, para decirles “yo fui a…”, “yo estuve en…”, sin siquiera entender ni apreciar nada, estamos en la era en la que más arte se ha visto pero menos se ha detenido a pensarse, analizarse, a observarse con detalle, a disfrutarlo, como sucedió con Yayoi Kusama, Miguel Angel Buonarroti, Leonardo Da Vinci y actualmente con Anish Kapur y el infierno de Rodin.

Bien lo dijo Auguste “El gran punto es conmoverse, amar, esperar, estremecerse, vivir” y detrás de nuestros aparatos inteligentes no lo hacemos, no nos detenemos a ver como la luz crea sombras imposibles sobre los redimidos, o como el bronce parece vivo con cada resplandor, de cada curva de las formas vivas que estarán por siempre incrustadas en las hojas, el dintel y las columnas, así como la expresión de estar a atados a la agonía que esconden sus monumentales manos.

Así que vive fuera del infierno en el que habitas sin darte cuenta del todo, mira, lee, espera, y siente lo que la puerta te puede brindar, déjate envolver por el alma de sus creadores, por la naturaleza en busca de expresión y por el poder de las ideas que emergerán en ti, para librarte de tus cadenas del miedo, y recuperar la esperanza que dejaste ante la puerta del infierno.

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