Por el ya conmemorado Día Mundial de Internet

 

¿QUIÉNES SON esos programadores que desarrollan apps para decirte cuántas veces debes levantarte de tu lugar, tomar agua y hasta decidir, por ejemplo, dónde debes comer? ¿En qué momento dejamos de tomar decisiones propias para dejar que nuestros dispositivos móviles tomen el control de nuestras vidas?

En México, las personas que usan Internet tienen entre 12 y 34 años de edad y pasan siete horas con sus dispositivos móviles o portátiles de uno a siete días, las cifras son reveladoras, sin embargo no deja de extrañarme que cuando camino por la calle me tope con grupos de chicos en búsqueda de paradas para hallar a Pikachú o a comensales que califican el servicio de un lugar con estrellas. ¿En qué momento nuestra felicidad se basó en un like para la aprobación de nuestras vidas?

Ver cómo los divertidos jóvenes pasan sus cortas vidas depositando toda su energía en una aplicación o red social me entristece, es cada vez más normal que perdamos el contacto visual y físico. Los chicos ya no saben cómo comunicarse, hay cientos de historias de corazones rotos por que alguien te bloqueó; relaciones cibernéticas motivo de obsesión hacia una persona a la que nunca se ha visto. Enajenación por publicar lo que hacemos y  ver lo que hacen los otros; lo privado dejó de serlo para convertirse en información del dominio público.

¿Qué pasa en la realidad alterna cuando sales a un café o bar y conoces a alguien de forma “presencial”?Parece que a nadie le interesa relacionarse y menos comprometerse, las relaciones personales cada vez carecen de profundizar en la otra persona, de pasar tiempo juntos; la velocidad de una relación se rige por la velocidad de una relación sexual, entre menos sepa de ti mejor… y si no te vuelvo a ver es un ¡éxito!

El Día Mundial de Internet es también ocasión para celebrar las no relaciones, el no compromiso, el cero contacto, la distancia y los no sentimientos. Tengo 30 y a veces me emociono cuando veo a esas parejitas de secundaria besándose en la calle, después pienso en las historias de desamor de una noche que mis amigos y yo hablamos. Tengo una frase para eso: “odio odiar”, la contradicción involuntaria porque la sociedad actual me exige ser desprendida y a veces lo quiero pero honestamente no puedo ser superficial y decir no me involucro.

Vi una serie documental en Netflix: ‘Hot girls wanted: turned on’, la recomiendo ampliamente porque presenta varios escenarios que combinan tecnología, relaciones sociales y pornografía; muestra la vida de mujeres no mayores de 19 años decididas a ser figuras pornográficas de Internet, aplicaciones que te llevan a conocer gente, la industria de la pornografía se transforma a partir del entorno virtual.

El tema tabú del sexo y la pornografía se reducen a nada con el uso de Internet, cualquier persona puede dar un clic en su buscador y encontrar hasta lo inimaginable, creo que por esta razón las personas también tienen menos sexo y cada vez es más casual.

Hay plataformas especializadas para platicar en línea con mujeres que harán lo que quieras apenas caiga tu pago, son girls cam, se enorgullecen por conseguir grandes cantidades de dinero trabajando desde su casa sólo con una cámara y su computadora, sin tener que ser explotadas sexualmente o bajo condiciones insalubres e ilegales; venden fotos, videos y sus prendas pero sobre todo su tiempo.

La pornografía y los contenidos explícitos en imágenes y video crecieron de manera acelerada por el uso de dispositivos móviles, ¿cuántas personas graban sus relaciones sexuales? Se toman fotos y las comparten en sus cuentas de redes sociales. Lo más lamentable es ver, incluso, abusos sexuales reales en los que la víctima es violada y pide ayuda. Usuarios prefieren grabar que usar el mismo teléfono para denunciarlo.

¿En qué momento perdimos la sensibilidad? Preferimos una realidad alterna construida por emoticones que sonreír. Hoy las Naciones Unidas buscan que Internet sea un recurso mundial verdaderamente accesible a todos, el fin es la comunicación y el acceso a la información, sin embargo, ¿cuál es su uso real en el posmodernismo social?

 

PD: compartan… 😀 😀 😀

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