Yo te leo evocando esta amistad resistente como tu edificio.

Me doy fuerza contando estos 30 años de querernos bien.

Solamente han pasado 5 días desde ese 19 de septiembre de 2017, y me parece que ha transcurrido una eternidad cuando en ese abrazo intenso nos volvimos una para llorar, para manifestar nuestro pavor, para escarbar en nuestros latidos la esperanza, pero las noticias que llegaban de la ciudad de México eran muy malas.

Siempre que lloras, el alma se me desmorona poco a poquito. Siempre has sido tan fuerte, verte frágil me conmueve como nunca. Debo absorber tu fuerza, evitar mi llanto. Ser yo la que ahora revele su honestidad y te dé ánimo mientras te suplico que dejes salir tu debilidad, en estos momentos se vale hacerlo, solamente así se hace una fuerte.

Nunca como antes los 89 kilómetros entre Pachuca y la Ciudad de México nos parecen tan agotadores. Pero subes a tu coche color rojo para acudir hasta donde están tus hijos, Carlos y Raquel. Y el remolino de miedos y rezos por tu mente se sacuden como el peor huracán cuando te avisan que quizá el edificio donde vives está dañado. Quisiera irme contigo, acompañarte hasta allá, pero me recuerdas que aquí está mi casa y mi familia, que tú solita debes llegar hasta tu casa y tu familia.

La salida de la carretera Pachuca-Actopan se satura porque todos salimos al mismo tiempo de la universidad, luego del temblor. Te pedimos que nos sigas para rodear lo necesario y tomes el camino que te lleve hasta tu casa. Cuando nos rebasas, tocas el claxon fuerte, una sola vez, segura, sin titubear. Solamente queda enviarte bendiciones, estas vibras mágicas que sin más una buena amistad puede crear. Dios, Dios, que llegues con bien, que abraces a tus hijos, que tu casa resista como tú.

Te alejas poco a poco, yo me quedo espiando el paisaje de la Bellairosa, esta ciudad que me dio asilo. Se ve igual, como siempre, este cielo azul al que ya soy adicta, este viento que seca mis lágrimas, aunque de inmediato broten otra vez. Que manejes con calma, que llegues bien. Que al pagar la caseta sepas que ya falta poco. Que al entrar a la ciudad resistas. Dicen que en Lindavista el escenario es fatal. Pero informan que en tu colonia el desastre es mayor. ¿Qué has visto, amiga? Resiste, resiste por favor. Tantos edificios caídos, tanta gente entre polvo y llanto. Sigue avanzando amiga, el instinto maternal se construye con ese mismo deseo que esperaste a tus hijos, con esa pasión que te ha hecho luchar por ellos. Palpo el abrazo que se dieron cuando se encontraron. Los tres juntos resistirán.

Me he tenido que conformar con tus mensajes, que leo desde el terror hasta la esperanza: “Nos desalojaron. Hacemos guardias nocturnas para evitar robos. No puedo dormir. Respiramos, el edificio no tiene daño estructural. Amiga, qué días tan difíciles, ya te contaré.” Qué impotencia siento, qué ganas de estar juntito a ti.

Las fotos provocan mi llanto, pero también mi esperanza. Todo es un caos, todo por el piso, todo fuera de lugar. Pero ahí sigue ese librero de pared a pared que tú misma diseñaste. Esa mesita de centro donde sugeriste un espacio especial. Las paredes tatuadas de mariposas y hojas al viento. Tu vestidor lleno de ropa que lleva años contigo y siempre me presumes. Tus gatos, que tus gatos siguen siendo dueños de cada rincón. Los libros que has escrito. La foto de tu mamá en tu mesa de dormir. Dormir, no has dormido estos días. A la una de la madrugada me escribes que siguen trabajando, organizándose, dándose fuerza.

Yo te leo evocando esta amistad resistente como tu edificio. Me doy fuerza contando estos 30 años de querernos bien. De presumir nuestro feminismo abnegado. De dar voz a tantas mujeres a través de nuestros textos periodísticos. Los viajes que han provocado conocernos al derecho y al revés. Resistir estos últimos cinco años tanta maldad de las villanas. Seguir nuestra amistad en las buenas y en las malas.

En estos días no he dejado de pensar en ti. De confirmar tu fuerza, de bendecir nuestra amistad. Espero llena de esperanza, quiero unirnos en otro abrazo, pero ahora unido por nuestro cariño, por nuestra fe, porque te ayudaremos a reacomodar las cosas de tu lindo departamento, porque regresaremos a compartir esas comidas que tanto te encanta preparar, porque brindaremos con tu vino preferido mientras agradecemos haber nacido en México, un país generoso, fuerte, lleno de manos amigas como las nuestras, de abrazos fraternos como los nuestros, de esperanza inquebrantable como la nuestra. Te espero pronto en la Bellairosa.

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