Eació el 27 de enero de 1857, hace ya 160 años. Duranguense de corazón y alma. Autodidacta desde pequeña, la misma Juana narró sus primeras experiencias educativas:

 

Me acomodé lo mejor que puede entre los troncos y puse toda mi atención en descifrar los enigmáticos renglones. Y era tarea aquello, las letras se burlaban de mí diciéndome lo que querían y a fuerza de recorrer varias veces las que se agrupaban en una palabra, resultaba cada vez una palabra distinta… Cuando más fija estaba mi atención y más vehemente era mi deseo de entender, una voz recia pero no dura, dijo muy cerca de mí:

-¿Te gusta leer?

-Sí

-Entonces ¿Por qué no vas a la escuela?

 

De esta manera estudió durante algunos años en la escuela que tenía la hacienda en la que trabajaba su padre. Algunos de sus biógrafos señalan que se graduó como maestra normalista y que combinó sus actividades docentes con la lucha social. En tanto, otros consideran que la soltura con que escribía y la pasión con la que defendía sus argumentos fueron las características que le permitieron darse a conocer en el mundo periodístico de la época, pero no mencionan que haya estudiado alguna carrera.

Juana Belén se casó en 1892, a los 17 años. Un año después se convirtió en madre. Su primer hijo se llamó Santiago, murió siendo muy niño. A los 24 años ya tenía dos niñas: Laura y Julia. La primera siempre fue siempre una acompañante solidaria en la lucha social de su madre. La segunda murió de pulmonía en 1933.

Su marido trabajó como minero y Juana lo enseñó a leer y escribir. El hombre murió a los pocos años de casados, así que también quedó viuda demasiado joven. Siempre usó su apellido de casada. Nunca volvió a contraer nupcias.

La situación de absoluta pobreza en que vivió la hizo padecer muy de cerca la injusticia social que provocaba el régimen de Porfirio Díaz. En todo momento mostraba su rechazo hacia todo lo relacionado con el dictador.

Hacer pública su rebeldía de inmediato la hizo conocer el sistema represor de la época, a los 22 años fue encarcelada por primera vez. El castigo en lugar de asustarla provocó mayor compromiso de lucha. Fundó el Club Liberal “Benito Juárez”, en Coahuila, y un periódico que transmitiría sus ideas y críticas, el cual pronto se reconoció como un espacio importante en la lucha contra Díaz. Fue así como al inicio del siglo XX vendió su patrimonio familiar para comprar su imprenta y dar a conocer su propia publicación periodística que decidió llamar Vésper.

Vésper, altivo siempre, se rebelará eternamente contra todos los tiranos y contra todas las tiranías.

Vésper tiene su criterio propio, y así como nunca se le impondrá el acomodaticio criterio oficial, nunca tampoco se le impondrá el absurdo criterio de los grupos a que aludimos.

Vésper no tiene sus energías prestadas de la dureza de la palabra. Vésper no tiene sus armas de combate en los arsenales de la injuria. Vésper no se yergue ante los magnates para doblegarse ante los idiotas. Vésper no fustiga a los tiranos para dular a las multitudes. Vésper no tiene una acre censura para los funcionarios obcecados y un elogio servil para las chusmas apasionadas. Vésper no se aparta de la prensa que se vende para afiliarse a la prensa que se alquila. Vésper no sacrifica nunca la energía de su perseverancia parra la complacencia a las personas.

 

El periodismo fue su tribuna y el oficio de toda su vida, por practicarlo fue perseguida y privada de su libertad en varias ocasiones. Sus actividades periodísticas la contactaron con los hombres que también luchaban contra el dictador, entre ellos a los Flores Magón y a Santiago Hoz. En efecto, cuando ella imprimió el primer ejemplar de su periódico recibió una calurosa felicitación de Ricardo Flores Magón, a partir de ese momento tuvieron un constante intercambio epistolar, enfocado principalmente a compartir sus ideales políticos, ya que ambos eran opositores a la dictadura. Sin embargo, poco después el tono cambió.

Pese a compartir con los fundadores de Regeneración momentos difíciles de represión y de emigrar junto con ellos a Estados Unidos y de convivir en la misma casa, al paso del tiempo empezaron a marcarse diferencias entre el grupo. Hubo una clara división entre Ricardo Flores Magón, anarquista, y Camilo Arriaga, liberal y democrático. Juana Belén tomó partido por este último, lo que provocó distanciamiento con los Flores Magón.

Además, ella tenía una gran amistad con el poeta Santiago de la Hoz, conocido como el Poeta de la Revolución, con quien coincidía en gustos literarios y compromiso político. Se cuenta que él la quiso conocer luego de leer sus artículos periodísticos y al visitarla en su imprenta le sorprendió tener frente a él a una mujer de sólo 25 años, “vital y de ojos bellos” que de manera valiente enfrentaba a Díaz. Otra vez la muerte le quitó a un hombre importante en su vida, pero la manera en que falleció también influyó para que Juana Belén se alejara definitivamente de los Flores Magón. La separación causó tal malestar en Ricardo Flores Magón que llegó a insultarla públicamente. Aseguró desconfiar de su compromiso político, e incluso puso en duda su honorabilidad ya que llegó a considerar que entre Juana y su amiga Elisa Acuña existía una relación amorosa y en una carta mencionó la repugnancia que la causó enterarse de “sus asquerosos placeres”. Ante tales ataques, Juana reaccionó ecuánime y con dignidad, lamentó que un hombre inteligente reaccionara de una manera prejuiciosa e intolerante, pero sobre todo lamentó que su compromiso con la causa liberal no fuera valorado y que para desprestigiarla se recurriera a manchar su honor de mujer, una reacción que ella jamás tendría ni con su peor enemigo.

En cuanto pudo, regresó a México y se unió a otros periodistas que luchaban contra Porfirio Díaz. Ella colaboró diversas publicaciones y ayudó a fundar otras. En 1907 conoció a Dolores Jiménez y Muro, ambas, con el apoyo de su amiga Elisa Acuña, crearon  el grupo Socialistas Mexicanos. Solidaria con la causa maderista, cuando ésta triunfo Juana Belén recibió una indemnización por la imprenta que le confiscó el gobierno de Díaz. Durante ese lapso algunos amigos la invitaron a trasladarse a la zona zapatista, donde constató por sí misma que todavía faltaba mucho por hacer, principalmente por los campesinos. Con indignación e ironía escribió al ya presidente Madero para describirle la triste situación en Morelos. Durante su vida zapatista conoció a Santiago Orozco, gran amigo con quien compartió situaciones peligrosas. Fue esposo de su hija. El ideal anarquista de Juana influyó para que decidiera que el enlace de los dos jóvenes, en 1914, se realizara sin sujetarse a las disposiciones ni de la religión ni de la ley. Al mismo tiempo, el cariño maternal hizo que Juana adoptara a dos niños huérfanos zapatistas. El gobierno huertista la persiguió y la encarceló durante diez meses Nuevamente al salir de prisión siguió en la lucha, pero ante el triunfo carrancista otra vez la encarcelaron. Quedó libre en 1919 y tres años después Vasconcelos, a quien conoció en 1911, la invitó a ser Maestra misionera.

En la década de los veinte tuvo diversos empleos que le permitieron mantener a su familia. En 1924 fue directora de la Escuela de Artes y Oficios del departamento de Mujeres en Puebla. Al año siguiente trabajó como inspectora en el Departamento de Escuelas Rurales en San Juan del Río, Querétaro. Durante 1927 administró un sanatorio de Zacatecas. Diez años después fue directora de la Escuela Industrial Femenina “Josefa Ortiz de Domínguez”.

Escribió el libro Por la Tierra y por la Raza, que hizo referencia a la situación de los indígenas. Creó una serie de folletos que analizaban la situación posrevolucionaria nacional y siguió fundando publicaciones periodísticas. También tuvo interés en la poesía. Después de la lucha revolucionaria dio a conocer algunas creaciones literarias.

Sus biógrafas hacen referencia también a otra propuesta: constituir una República femenina. La idea fue desarrollada y presentada en un folleto titulado La República Femenina alertaba sobre el peligro que representaba la participación femenina en el gobierno unilateral de los hombres porque “desnaturalizaba a las mujeres y las incapacitaba para resolver los problemas, no de mujer sufragista sino de mujer madre”.

La tendencia radical y anarquista le dio un sello particular a sus ideas sobre la situación de las mujeres. Incluso durante la lucha por el voto femenino, si bien se incorporó al movimiento de la década de los treinta, ella consideraba que este derecho no favorecía a la mujer, pues a su juicio el sufragio popular era una simple quimera, una leyenda que sirvió de bandera a Madero para iniciar la Revolución pero que no beneficiaba al pueblo.

El 13 de julio de 1942 Juana Belén Gutiérrez de Mendoza dejó de existir a la edad de 67 años, víctima de un quiste hepático. Por desgracia, su hija no pudo solventar los gastos del entierro y tuvo que vender la máquina de escribir en la que su madre escribió miles de cuartillas para difundir sus ideales de justicia y libertad.

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