La ortografía y la gramática, señoras y señores, no deberían ostentarse ante el mundo bajo verdades correctas e inmaculadas, si son tan afines al respeto irrestricto de las reglas, bien, pues hay una regla bastante aceptada, y por bastantes: toda regla es corruptible y violable…

 

ESTAS fueron las palabras con las que La Errata inició su comparecencia ante la Confederación de Puristas de la Lengua (Cople), de donde fue excluida por negarse a colocar su sangre en el Acta de Criterios de Corrección para la Ortografía y la Gramática.

A los miembros de la Cople, conocidos por su inquisidora intolerancia, les escandalizaba que La Errata, a quien habían designado como responsable de la Fiscalía para el Castigo de la Incorrección (FCI), discrepara con la idea de llamar incorrecto a cualquier acto que faltara a los criterios establecidos por la Confederación.

-Me resisto a la inflexibilidad y hago un llamado enérgico a la apertura, son más quienes construyen el lenguaje allá afuera-, decía La Errata con insistencia, al centro de un auditorio circular, ante decenas de ceños fruncidos que le clavaban la peor mirada.

La fe y la voluntad de la Errata estaban, al principio, del lado de los fichados por lo que ella llamaba “ortografía disidente”, quienes a pesar de su conocimiento de las normas vigentes cuestionaban la autoridad moral de la Cople para decidir qué sí y qué no era correcto ante sus ojos. También defendía la inocencia de los que enfrentaban procesos en los Tribunales Ortográficos por incurrir en errores de dedo, un delito que, sin bien estaba considerado entre las faltas de gravedad tolerable, colocaba malos referentes en el expediente del implicado.

Bueno, ninguna de estas posturas había desconcertado tanto al colegio confederado, esta vez La Errata había llegado demasiado lejos:

Su amparo ambicionaba una ruptura más gorda en los esquemas, llamaba a la validez de ignorar la “h” en el “hola” para terminar en la descabellada forma “ola”, que incluso mutaba en el “oli”; reconocía un aire de creatividad en la escritura que alternaba mayúsculas con minúsculas en una misma palabra o en el uso indistinto de la “s” o la “z” para cualquier término, sólo importando el valor de la pronunciación, o permitir el “de acuerdo a” y el ” en base a” o el “masinencambio”, al que vendía como una manera divertida para señalar una excepción.

-Aprecio tu valor reformista Errata- dijo el ministro de Estilo, una de las piezas clave en la iniciativa que impulsaba la Pena de Muerte a quienes cometieran faltas graves a la Ley General de la Buena Ortografía, -pero, ¿qué mensaje se supone que daremos al mundo de las letras, nuestro noble patrimonio, si nos abrimos al consentimiento del error? ¿Se trata a caso de aniquilar nuestra institución para imponer la anarquía ortográfica? ¿Renunciaremos al consenso de nuestras reglas para aplaudir la falta de formación? ¿Quieres atentar contra la comunicación humana?-

-SSiiippo-, gritó La Errata con aire cínico al ministro, quien no hizo más que dejarse caer sobre su asiento, ante la irreverente respuesta.

-¿Quién necesita a la Cople? Y más que eso, ¿quién la respeta? No son más que una bola de mentes estrechas, envejecidas y acotadas. Sus preceptos están rebasados por el mundo que avanza, que se atreve a crear, ustedes defienden la instrucción de sus reglas bajo un modelo obsoleto de formación que controla y discrimina. ¡Me rehúso!-

Ante la nueva consigna de la compareciente, la sala se volcó al desorden de voces que se cruzaban para condenar la determinación de La Errata.

Ni la Ministra del Habla, quien separaba las competencias de la lengua escrita con el uso común del lenguaje para legitimar sus transformaciones en el entorno popular, tuvo argumentos para sumarse a la moción detractora.

Tras una votación unánime, La Errata fue consignada ante el Alto Tribunal Ortográfico por desacato, delitos contra la pureza de la lengua y por solapar y promover las faltas a la Ley General de la Buena Ortografía. Fue despojada de su cargo como fiscal de la Incorrección y fichada con etiqueta roja.

Desde entonces, La Errata navega errante entre los huecos que no ha podido controlar la Cople; dicen que vive escondida en la nube digital, patrocinada por los errores ortográficos de los usuarios de las redes sociales, a quienes alienta a promover sus principios rebeldes. Algunos, por ejemplo, la glorifican como autora intelectual del “Ola ke ase”, el “Afedo camate po favo”, la locución “Coxa Moxa”, la expresión “Baia, Baia”, entre otras que se han perpetuado en la aceptación del público en la web.

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