Ha nacido hembra y su llanto advierte el alborozo,

el mismo llanto, la arropa de fuerza y de pasión

por un destino prodigioso.

Le previene un andar intempestivo,

un asedio penetrante y lascivo,

la intimidación que pronto se aferrará a su ser,

a un ser sometido a adolecer

por su belleza y condenado por sus genitales,

soportará propuestas fastidiosas, las más impertinentes,

sufrirá de injurias y desdenes.

Ay! Pero vendrán tintes de miro afable;

la asechanza loable

que mostrará traición y robará su inmaculada sapiensa.

Ha nacido hembra, la más hermosa calamidad,

portadora del ósculo perverso,

que le enloquece por instante a su vanidad

y le hiere constante, desde la dulzura a la acritud

de la bruta y tan falluta ingratitud.

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