…Y entonces, se besaron.

Ambos labios humedecidos de alcohol, exhalando penas y lujurias, ambos labios y ambas frentes se juntaron en desinhibidos movimientos, ebrios de deseo, de transgresión a todo aquello que los impedía ser, y al fin, en ese instantáneo momento, “fueron”.

Entre el cese de mis actividades diarias y el comienzo de mi rutina nocturna, comenzaba a crecer un pesado e incómodo fastidio cada que emprendía mi solitaria caminata a casa. Con cada paso que daba, sentía como se abría una hendidura en mí pecho, en la cual el aire penetraba y me congelaba desde dentro. Aquello era soledad, verdadera y única soledad fluyendo y arrastrando mi vida hacia nuestro continuo encuentro. Cargaba un intenso anhelo de estar acompañado de alguien en esos momentos donde el designio de mi vida parecía resumirse a un instante.

Una noche fue inesperadamente diferente, tome el camino largo para dejar de estar solo. Llevaba tiempo con el anhelo de llevar a cabo la travesía, aquella fantasía que me ayudaría a escapar de la vacía monotonía que esperaba en aquel habitual camino. Inesperado sería para la soledad que decidiese escaparme sin ella y aún más cuando me encontrase acompañado de una cómplice.

Ma Belle era una compañera ocasional que llegaba a encontrar de camino a casa. Nos conocíamos poco por la brevedad de nuestras charlas hasta ese momento, aunque resultaban placenteras para ambos. Era una verdadera compañera esporádica. Y gracias a una extraña sincronía, el mismo día que decidí tomar el camino largo a casa, conté con su agradable presencia. Aunque ella vivía aún más lejos de mí, mi extraño comportamiento aparentemente quedó disfrazado tras una simpática caballerosidad, suficiente para que no fuese sospechoso que recorriera más distancia del que me correspondía sólo para acompañarla.

La soledad sólo presenciaba el acto y pretendía ignorarlo. Pretendía ignorar lo que no esperaba que fuese capaz de hacer. Sabía que poco le importaba pero aun así yo sentía un extraño placer de que estuviese ahí, notándolo y aún más en compañía de mi cómplice. Sólo voltee por última vez para observar cómo me veía a la distancia por una ventana, mientras me alejaba de ella.

Aquella noche, a pesar de recorrer un camino más largo para llegar a casa, no sólo logré salirme con la mía y huir, también conocí más de aquella poco más que extraña compañera Ma Belle y sobre todo, ahuyentar el resto de la noche a la soledad.

Sin embargo, sabía que la soledad no me dejaría en paz. Sabía que regresaría a reclamarme suya sólo para aprisionarme.

Fue así como una noche decidí tomar el camino largo a casa por segunda ocasión, y una vez más mi penoso motivo quedó muy bien oculto tras una amigable caballerosidad al hacerle compañía a Ma Belle. No sabía si sospechase algo extraño esa ocasión pero tal vez notaría mi torpeza al caminar junto a ella.

No imagino que siquiera sintiera la magia que yo experimenté en apenas dos cuadras de recorrido que parecían suspenderse en nuestro andar bajo una delicada y única noche.

Aquella noche era única porque no esperaba que una extraña sensación se entrometiese. Cuando llegó el momento de despedirnos, aquella sensación que me rondaba se congeló a la par de su veloz despedida, de la cual sólo fui un espectador.

Quería besarla pese a que ella se encontraba ya muy lejos de mí, desde el principio a decir verdad, pues esa noche no sería aquella en la que esperaría sola en un rincón a que la embriaguez de su soledad la empujase a hacer aquello que esperaba disminuyese la insatisfacción de estar con otro en sobriedad, pero esta historia es de un sólo beso, no de dos.

Estaba atrapado en aquel momento incompleto, que no podía más que dedicarme a recrear el escenario donde volvería a caminar junto a Ma Belle bajo una mágica noche. Y ¿por qué quería besarla? Porque en mi desesperada situación sólo un beso parecía prometer arrebatarme lo poco que me quedaba de vida y cambiarla por una nueva.

Y siendo mi único deseo y ambición, lo lograría…

Pero:

Los momentos son tan frágiles que se escurren como arena entre los dedos y la conciencia tan lenta que no es hasta concluir un majestuoso evento que podemos determinar lo que fue. Nuestros labios se juntaron y entre ellos la calidez de la carne hinchada por el frío que inmediatamente desató una reacción electrizante y en cadena que estimulo cada terminación nerviosa de nuestro cuerpo, primero los labios, después las mejillas, luego el miocardio y por el último el resto, que poco importó su orden porque así es como lo recuerdo.

Sólo podía recordar que con todo mi desgastado ser le suplicaba con la fuerza de mis labios que se llevara para siempre a la soledad; que la succionara toda y luego la exhalara al vacío donde se perdería hasta hallarme de nuevo. 

…Y entonces la besé.

Porque para cuando me di cuenta el momento ya había sido, mi ansioso deseo de besarla empezó y terminó sin ser consciente de aquel instante, más que cuando culminó. Como un continuo intermedio, entre la progresiva aproximación de los labios y el posterior desprendimiento, en ese espacio donde se llevó a cabo el acto mágico, se dio un beso.

Sólo un beso, compactado por el tiempo haciéndolo instantáneo y desprestigiado más tarde, por aquella vieja compañía de la soledad, a un insignificante, irrepetible y pasajero momento, junto a  Ma belle.

Sobre El Autor

"He inventado en esta forma millares de historias; he llenado innumerables libretas con frases para ser utilizadas cuando hubiera encontrado la historia que desearía escribir, la historia en la que habían de quedar grabadas todas mis frases. Pero jamás he encontrado una adecuada, de modo que comienzo a preguntarme si, después de todo, las historias existen". -Las olas. Virginia Woolf

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