Ni era leyenda, ni era rojo

PACHOACAN. Miércoles 14 de junio y no pasaba del mediodía; apenas iban a salir los niños del preescolar, para los de primaria faltaba.

La luz del semáforo marcó el rojo, cinco vehículos se disponen a esperar, al igual que algunos otros, no se imaginan lo que viene.

11:00 am

Una media hora antes, un camión de volteo naranja sin placas para circular había golpeado a una camioneta en una comunidad camino al lugar de mucho epazote, el conductor, desconcertado, bajó para reclamar el impacto.

El camión era conducido por una persona de Pachoacan, del lugar donde las razas convergen, y llevaba por nombre el de un viajero veneciano, tenía marcas de tinta permanente en el cuello, no llevaba playera y nunca soltó el volante de su vehículo para carga pesada que enmarcada en una de las puertas portaba la leyenda “Y la Cheyene apá”.

Desde abajo, el conductor de la camioneta reclamaba por el alcance; el homónimo al viajero veneciano no esperó los reclamos, arrancó el volteo naranja, un auténtico tanque de guerra y lo arrolló.

Continuó el camino en su camión de volteo y tras atropellar al de la camioneta decidió huir a gran velocidad. Todavía por 50 metros arrastró el cuerpo sin vida bajo su tanque, se vio descubierto y escapó rumbo a Pachoacan.

Su error, rumbo a la ciudad, tomó la carretera que conecta el lugar de los epazotes con la zona capitalina, el lugar entre cerros, capital del padre de la patria.

Apenas entró con su tanque naranja a la periferia y la policía comenzó a seguirlo.

El camión de volteo anda por el bulevar/Ilustración de Alejandra Zamora Canales

11:30 am

Volvemos al semáforo, en un bulevar en los límites entre los minerales y reformas con Pachoacan; una fila pequeña espera que el rojo pase la estafeta al verde y puedan avanzar.

En cuestión de segundos y antes de poner en marcha, los tripulantes de aquellos autos escuchan derrapones, sirenas y al voltear vislumbran el tanque naranja que va hacía ellos.

El homónimo del viajero veneciano maniobra su camión, intenta cambiarse de carril para no impactar por detrás a los autos parados en el semáforo. Trata de cambiarse y manejar el sentido contrario, sin embargo el camellón lo impide, da el camión un latigazo e impacta de lado a los autos, a cinco.

Parece que terminó la tragedia, los autos y el tanque anaranjado yacen chocados sobre el bulevar que conduce al centro de Pachoacan, los policías se alistan para comenzar a atender a los heridos.

Epílogo

El homónimo de viajero veneciano decidió encender de nuevo el camión, sin poder ser atrapado dio marcha atrás de reversa, policías se colgaron del tanque naranja sin que pudieran hacer algo. Avanzó, golpeó otros dos carros.

Transitó en sentido contrario y llegó hasta el camino que lleva a la comunidad de los carbones, donde en medio de un camellón por fin fue detenido.

Atrás, dejó un muerto, siete heridos y el mismo número de autos dañados, todo en menos de 38 minutos.

La historia, tristemente está basada en hechos reales.

Marco Polo, oriundo de Pachoacan hoy enfrenta un proceso por los delitos de lesiones, daño a la propiedad y homicido calificado doloso y mientras determinan si es culpable o no, pasa sus días en el Centro de Reinserción Social de la ciudad de los vientos.

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