La mente humana es una máquina increíble o al menos eso es lo que nos dicen todo el tiempo. El esbozo del cerebro primitivo, frecuentemente aludido como reptiliano, sigue presente con nosotros; nos acompaña en forma de nuestro puente, bulbo y el resto de las regiones bajas del encéfalo. Este “cerebro” nos ayuda con la supervivencia, es aquello que nos permite llevar a cabo las funciones más básicas para la vida; pero no otorga profundidad al ser ni la capacidad de juicio. Las anteriores son las funciones “bajas” del cerebro, no por su grado de importancia, sino por su localización; y si existen funciones bajas tenemos que tener funciones altas ¿o no? Las funciones altas del cerebro son aquellas que se encuentran localizadas en la corteza y sus circunvalaciones, nos permiten el juicio, raciocinio, razonamiento, cálculo matemático, pensamiento abstracto, y la interpretación de aquello que percibimos, entre otras cosas.

Después de una muy breve lección de neuroanatomía, conocemos la diferencia entre un decorticado y un descerebrado -así que elijan sus insultos con más cuidado de ahora en adelante-; pero en lo que en realidad quiero que piensen es que la evolución del cerebro es lo que nos permite tener perspectiva del mundo más allá de aquella que posee una lagartija. Me rehúso a creer que el ser humano es la cúspide de la evolución; así que: ¿De qué nos perdemos? ¿Qué no vemos? Los acompañaré a través de una serie de ejemplos sobre lo que vemos y los demás no, y sobre lo que los demás ven y nosotros no.

Comencemos con la previamente aludida lagartija. La lagartija cuenta con un cerebro reptiliano, obviamente, por lo que el centro de su existencia es la supervivencia. La lagartija no piensa en la repercusión de sus acciones, no piensa en el bien y el mal, y tampoco se preocupa sobre la jerarquía social de la hormiga que se está comiendo; la lagartija no piensa. La lagartija no ve al mundo con la profundidad que nosotros lo vemos; por lo que se pierde de un espectro completo de las cosas. La lagartija vive en una ignorancia fisiológica, por lo que perderse de esto no le importa; pero el perderte de estos aspectos y profundidades como ser humano es una cuestión patológica y preocupante.

El ser humano cuenta con varias células que influyen en el sentido de la vista, pero por ahora nos enfocaremos en un tipo: Los conos. Los conos son células que son sensibles a la luz roja, verde y azul. Todos los colores que conocemos se derivan de la combinación de esos tres espectros luminosos. La mariposa tiene 5 tipos de conos diferentes, por lo que ve una cantidad de colores exponencialmente mayor a la que nosotros percibimos. El camarón mantis tiene 16 tipos de conos; por lo que su percepción es increíblemente mayor que la nuestra. Es imposible para el cerebro humano tratar de imaginar un color fuera de nuestro espectro visual, no tan lejano al “color” enloquecedor que cayó del cielo en el relato de Lovecraft.

Cuando uno piensa sobre la capacidad de ecolocalización de los animales, como los murciélagos y los delfines, uno no cree estarse perdiendo de mucho; a fin de cuentas, es una alternativa auditiva ante la pérdida de visibilidad. Pero pensemos en lo que implicaría si la ecolocación fuera una capacidad intrínseca del ser humano. En las escuelas se enseñaría a refinar la ecolocalización, en los consultorios médicos se evaluaría su integridad, la gente tendría afinidad por superficies en base a cómo rebotan el sonido -con gran influencia de la arquitectura, la moda y el diseño de interiores-, los niños que no saben utilizar la ecolocalización probablemente serían molestados por sus compañeros, existirían prótesis para la gente que nace sin esta capacidad -y además caerían en la clasificación de “capacidades diferentes”- y más importante, el juego de gallina ciega pasaría a no tener sentido. Imaginen toda la modificación social que existiría si tuviéramos un sentido adicional; incluso uno aparentemente irrelevante y que no necesitamos.

Las hormigas se comunican por medio de feromonas: emiten una variedad de complejas señales basadas en fragancias. Las feromonas son percibidas por las sensilias olfatorias en las antenas de las hormigas, y las señales son interpretadas por la hormiga. El ser humano tiene una -rumorada- vaga capacidad de percepción de feromonas, que se traduce en el fenómeno de sentirte atraído a alguien porque “huele rico”; pero si el ser humano tuviera la clase de sensibilidad ante las feromonas que tienen las hormigas, probablemente el habla se volvería un método de comunicación secundario sólo con la finalidad de profundizar en la idea transmitida por la feromona. Las órdenes se comunicarían sin habla, podríamos oler los sentimientos, oler las amenazas, conocer el estado de ánimo general de un espacio tan solo levantando la nariz y “hueles feo” sería un insulto mucho más significativo.

Existen personas que solo pueden percibir dos dimensiones, por lo que viven en un mundo plano; el concepto de profundidad está más allá de su percepción. Para ellos no hay diferencia entre observar algo y verlo en una fotografía, sus cubos son cuadrados; lo que nos lleva a la tan aludida explicación del teseracto: la línea es la sombra unidimensional de una figura -digamos cuadrado-, el cuadrado es la sombra bidimensional de un cubo y el cubo es la sombra tridimensional de un teseracto. Lovecraft describe en otras de sus obras a seres que vienen de dimensiones superiores a la nuestra, que el tan solo verlos hace que un hombre pierda la cordura. Estos seres tienen formas superpuestas, imposibles de interpretar por la mente humana, que adquieren a momentos formas similares a algo que podemos interpretar de una manera, aunque no sea la correcta; no es tan lejano a la descripción de lo percibido por un hombre que lleva toda la vida ciego pero que con un procedimiento quirúrgico recupera la visión.

El ciego que recupera la visión percibe el mundo como una serie de manchas de luz, sombra y color sin sentido porque nunca aprendió a interpretar el significado de estas. En uno de los casos documentados, un paciente que recupera la visión refiere que no puede distinguir a su gato cuando está en movimiento, lo que percibe es una bola de pelos amorfa que se desplaza de manera errática; percibe la nariz, la cola, los ojos, las orejas, pero no percibe el conjunto. El neurólogo Oliver Sacks postula que el ciego construye su mundo con respecto al tiempo; en cambio el vidente construye un mapa espacial instantáneo por medio de la vista. El ciego conoce un pasillo como una línea recta que avanza, no como las líneas en perspectiva que convergen que nosotros percibimos.

Tenemos en promedio 5,000 organelos sensitivos en cada centímetro cuadrado de piel, si tuviéramos más podríamos sentir cada fibra individual en nuestra ropa, si no tuviéramos jamás podríamos sentir los abrazos y cariños de las personas a las que amamos. El mundo cambiaría enormemente si perdiéramos o adquiriéramos un sentido. Maquiavelo le dice a su príncipe que la montaña se puede ver mejor desde el valle y el valle se puede ver mejor desde la montaña, haciendo analogía sobre que el gobernante conoce mejor a su pueblo y el pueblo conoce mejor a su gobernante. Una aplicación semejante a la percepción sensorial: desde la montaña de nuestros sentidos podemos hablar fácilmente del sentido de la vista carente del murciélago, pero desde el valle del murciélago se puede ecolocalizar nuestra montaña; que probablemente no sea la más alta.

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