Contemplados mundos desdoblandose tiempo de intrascopía

Hay un mundo que nos traspasa, un lugar habitable, habitado por la huella que no permanece y sin embargo está inmanente. Dice A Pizarnik, ¿de dónde viene esta conspiración de invisibilidades? Hay un espacio invadido de subjetividades, un entorno que oscila con el otro, contigo, conmigo. Las palabras no hacen la presencia, presentan la ausencia. El espacio oscila en un movimiento individuo-lugar, y es que llenamos ese lugar con lo que somos, experiencias, sensaciones, llantos, risas, placeres, dolencias, etcétera. Es la subjetividad la que mantiene vivo un espacio.

Ahora bien, ¿cómo reconocer el espacio? En primer lugar debemos detenernos, ponerle un alto al tránsito, comprender que un lugar es sólo una parte del espacio y es que es allí donde comienza a cobrar sentido nuestra relación con el entorno.

Analicemos nuestro paso por el mismo, acertemos, no sabemos nada de él y sabemos mucho, admiremos lo que contiene, cuestionémoslo y entonces tal vez, al contemplarlo, hallemos sentido al ejercicio, a nuestro paso por él y probablemente así podamos modificarlo, reconstruirlo.

No aceptar, no adaptarnos a un mundo concreto significa que asimilamos que hay un mundo delimitado pero inlimitado, el mundo no sólo es lo que es sino lo que uno es adentro, mirar qué es lo que hay es ya interesarse. Muchas veces no nos damos cuenta pero en cada momento intervenimos el espacio, por lo tanto lo cambiamos.

Hacer consciencia de ello me llevó a escribir este texto, hay que asumir que somos parte de la totalidad y por ende podemos ser partícipes en las alteraciones de ella.

Luego entonces, la intrascopía* de nuestra aportación como individuos dentro del lugar que habitamos es la oportunidad de construir una defensa contra las miserias del mundo, son las lecturas del mundo lo que nos hacen ser lo que somos, así que no podemos separarnos de lo que hay, pero sí tenemos opción de generarnos otra realidad a través de esta.

Nada es permanente, todo es efímero

-Helen Escobedo-

*Neologismo creado por la autora: del prefijo de origen en latín intra- (estar dentro de) y del sufijo de origen griego -scopia (entra en la formación de nombres femeninos con el significado de ‘observación’). Intrascopía: observar adentro

 Lo útil de lo inútil (Nuccio Ordine) inspira el título de esta columna: La utilidad de lo inútil, de Orquídea HF.

Es eso que nos determina, nos libera y nos traspasa. La inutilidad de los mundos subjetivos se convierte en la desesperanza, el mal del siglo. Esos micromundos desechables de los que habló Galeano:

Ser capaz de mirar lo que no se mira, pero que merece ser mirado. Las historias de la gente anónima, que los intelectuales suelen despreciar. Ese micromundo que alienta la grandeza del Universo. Y, al mismo tiempo, ser capaz de contemplar el Universo desde el ojo de la cerradura. De las cosas chiquitas a asomarme a los grandes misterios de la vida, de la humana persistencia de pelear por un mundo que sea la casa de muchos; y no, la casa de poquitos y el infierno de la mayoría

Reconstruir nuestras percepciones y sensaciones a través de las lecturas que hacemos del mundo es dejarse afectar, es redescubrirnos mirando, mirándonos en el otro, esa afectación acumulable que se nos desborda de entre los dientes, los ojos y el cuerpo mismo que emana discursos compartidos, esa sencilla acción que tienen las letras de buscar ennoblecer, de encontrarle utilidad a lo que se nos ha dicho que es inservible.

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