A Tita, Julieta y a l@s demás

 

EN MÉXICO hay una gran tradición en la gráfica popular, es de esas disciplinas que siempre han contado con buena salud a través de los años, tiene una diversidad inmensa y focos extensos de desarrollo: Oaxaca, Xalapa y CDMX, por nombrar algunos importantes. En el Centro Cultural Arturo Herrera Cabañas, de Pachuca, se presenta la exposición individual Bestiario, de Julieta Cano, quien, justamente, hace justicia a esta tradición.

Se entiende por gráfica popular al conjunto de elementos gráficos, imágenes, letras… que de forma más o menos ordenada, usando las paredes, fachadas, bardas, vallas y otros recursos murales, sirven para comunicar informaciones vinculadas con el devenir de la vida cotidiana. Esto va desde reclamos comerciales, proclamas políticas e información de campañas institucionales hasta la promoción de eventos musicales. En numerosos casos, la gráfica trasciende su sentido funcional para ir más allá e introducir aspectos como el humor y la ironía, señalando un valor agregado del recurso, muy enraizado en la cultura popular de la sociedad que lo genera. A nivel estético, la gráfica se nos revela como una fuente inagotable de soluciones tipográficas y de elementos decorativos: dibujos, logotipos, caricaturas, representación real de objetos. Muchas de esas soluciones son creadas, ya sea por iniciativa del artista que las realiza o como copia de modelos foráneos, adoptados de la cultura globalizada.

A Julieta la conozco de hace mucho, de cuando no éramos más que empedernidos escuchas de música, caminantes; esa generación de los que salíamos de los 90 para bebernos los 2000; nos veíamos un poco como esos adolescentes de la película Kids, vagamos en una ciudad que aún era pequeña, que era nuestra; salíamos del grunge para entrar al IDM, al Trip-Hop, bailábamos sin parar, las noches nos eran cortas, nos gustaba mirar los atardeceres y que alguien nos llevara al bosque. Un día crecimos, acabamos la universidad, unos migraron, otros nos quedamos, todos en diferente rumbo. Julieta se mudó al De-Efe, aún recuerdo el día en que me quedé a dormir en su casa, en la colonia del Valle, entre sus linóleos y los libros del estante, mientras dejamos a su suerte a Tita en la pulquería Insurgentes, pero esa noche pude ver en lo que se había convertido esa amiga de la juventud: comunicadora visual de profesión, con múltiples talleres tomados, ella, Jules, como le digo, era una realidad de la gráfica mexicana, hoy acudo sin ella a mirar su exposición.

Julieta Cano cuenta ya con un imaginario para quienes conocen su obra, se puede distinguir su trazo y uso del linóleo de una manera pulida y limpia, impresiones precisas casi siempre en tonos oscuros; encontramos seres fantásticos, mujeres que luchan; “Calavera no llora”, se lee en algún grabado.

En un espacio pequeño, completamente blanco, encontramos la exposición en la planta alta del Herrera Cabañas, a los lados de la entrada hay un par de grabados de formato mediano, para después mirar en las paredes laterales varios trabajos en formato pequeño: impresiones de linóleos, seres mitad animal-mitad humano-mitad nosotros; y dentro de cuadros de marcos negros, al fondo, sobre la pared, un dibujo in situ para la exposición. ¿Cómo describir un bestiario? Al momento viene Borges a colación, pero Julieta hace lo suyo, vuelve, reinterpreta su entender de la cotidianidad en el grabado; lo hace también a partir de la gestión de proyectos culturales, de la colaboración participativa, esto es común en su quehacer artístico, éste es el artista del siglo XXI: el que se autogestiona, el que crea comunidades y redes de apoyo; la transdisciplina se ha transgredido, el que genera espacios al margen de la lógica del sistema.

Mención aparte merece el estado que guardan los museos, centros culturales o galerías en Hidalgo, la Fundación Arturo Herrera Cabañas trabaja ya desde hace muchos años; sin embargo, uno puede sentir un poco de abandono al entrar en sus instalaciones, como pasa en otros espacios para el arte en la entidad: abandono por parte de las instituciones encargadas de la política cultural y también el olvido del visitante. Aún con esas carencias y problemas, la Herrera trabaja con dignidad, presentando talleres, obras de teatro, exposiciones de jóvenes o conferencias de prensa informativas de luchas sociales.

Tiene poco que se anunció la inauguración del Museo de Arte Contemporáneo de Hidalgo, ese que debió estar donde hoy se erige un edificio en forma de balón de futbol, junto a la Biblioteca Central Ricardo Garibay. ¿Dónde estará? ¿Qué tendrá? Para este escritor es una incógnita, hasta hoy, en Pachuca, son los espacios culturales los que hacen las veces de museo.

Pareciera que en Hidalgo existe una separación entre el publico visitante, el museo y el artista, pero con esfuerzos como el Julieta Cano, muestran una luz en el panorama actual cultural transdisciplinar.

La exposición, reitero, está en la Fundación Arturo Herrera Cabañas, en el centro histórico de Pachuca, muy cerca del Reloj.

QUÉ OIR

Con tristeza nos enteramos del fallecimiento de Manrico Montero, músico trascendental en la música experimental contemporánea de México. Hasta donde esté: ¡¡¡Compa, por allá nos escuchamos!!!

QUÉ LEER

Haruki MurakamiLa caza del carnero salvaje.

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