Abril de 2017, un año y ocho meses después que el presidente de la República inaugurara el mural La paz que nos mueve, en el barrio pachuqueño de Palmitas…

 

EN EL PISO, sobre la avenida Palmitas, arteria principal de la colonia y a los pies del macromural que habitantes y artistas pulieron durante 15 meses, yace el cuerpo de Benjamín. Una cobija lo tapa, personas alrededor pusieron una veladora a la altura de su cabeza.

Es martes, 18 de abril en ese limbo entre la tarde y la noche, llueve sobre el cuerpo en medio de la zona resguardada por las cintas de precaución que colocaron policías municipales y estatales. Pronto llegará el forense.

Los medios de comunicación aprovechan para capturar el asesinato, dicen que cuando llega la Procuraduría ya no hay manera, sobre las cintas, unos 30 curiosos, en silencio, observan la escena del crimen: el cuerpo de Benjamín que recibió tres impactos de bala.

Su primo, de sudadera amarilla, observa junto con las demás personas hacia la escena del crimen, nadie llora.

Al mismo tiempo el puesto de chalupas y antojitos que comenzaba a instalar, optó por retirarse, también en silencio.

Nadie sabe qué pasó, y los pocos que saben no quieren contar, entre las pláticas se alcanza escuchar que Benjamín, quien era tatuador, caminaba por la calle, salía con una joven a quien realizó un trabajo y acompañó sobre la avenida principal.

De un taxi en movimiento salieron disparos al tatuador y su acompañante, él cayó muerto y ella fue trasladada al hospital.

En la escena del crimen aún en silencio llegó el Servicio Médico Forence, comenzaron las pesquisas, destaparon el cuerpo, lo fotografiaron y bajo la lluvia, ya a oscuras buscaron indicios, balas, pólvora, cabellos.

El silencio sólo se rompió con la voz de un familiar quien tranquilo hablaba por teléfono “no sé, hasta mañana que hagan la autopsia”, levantaron el cuerpo.

Todo parece tan normal y tranquilo, como si fueran cosas que pasan y a las que nos hemos acostumbrado, situaciones que nos demuestran que en Palmitas, en Pachuca, en Hidalgo y en todo México, la vida, como decía José Alfredo, no vale nada.

 

Epílogo

 

 

Benjamín, de oficio tatuador, murió el 18 de abril, baleado a los pies del Macromural en Palmitas, aquel inaugurado por los tres niveles de gobierno y que costó cerca de 6 millones y medio de pesos para combatir la violencia en el barrio alto de la Bella Airosa.

Su asesinato es uno más que engorda las cifras donde sólo en el primer trimestre del año ocurrieron 220 homicidios, de los cuales 64 fueron dolosos, es decir, una muerte por heridas intencionales.

Enero de 2017, el más violento en 19 años en la entidad y sólo en las últimas semanas ocurrieron asesinatos en un bar de Pachuca y en calles de la zona metropolitana.

Sobre El Autor

David Padilla Corona

Aprendiz de alquimista, o sea de reportero. Vagabundo de la vida y redactor en construcción. Amo el periodismo y la radio ninguno más que el otro.

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