Fue una tarde lluviosa, como casi todas las tardes…. y fue en el metro: absorbida por la lectura de ese libro, eché a reír a carcajadas en un vagón repleto de personas que inmediatamente y con razón, creían que estaba loca…

Con estas frases comienza el libro La última entrevista a Roberto Bolaño y otras charlas con grandes escritores, de Mónica Maristain. Curioso ese pequeño párrafo porque yo, de verdad, justo en ese momento que abro este texto contemplo una tarde lluviosa en la Ciudad de México y también voy en un vagón repleto de gente ensimismada e indiferente. Y en la página nueve de este libro parece que me topo con un espejo, con un deja-vu muy a la mexicana, con una historia que ya me contaron pero que disfruto porque la intuyo maravillosa, porque hay algo en esas palabras que me identifican y atrapan. Y yo también me empiezo a reír, y no importa que el metro haga una hora y media de Universidad a Indios Verdes. Ni siquiera me di cuenta porque el texto y las entrevistas de Mónica Maristain me salvaron –como también lo dice ella- en esos momentos terribles.

La coincidencia me identifica de inmediato con ella, su manera de compartir lo que hizo surgir este libro, su irremediable admiración por el escritor Roberto Bolaño (1953-2003). Me gusta que comparta la forma en que lo descubrió mientras leía Los detectives salvajes, la forma en que la provocó a escribir y la forma en que palpó la vitalidad de sus palabras en cada página y en cada párrafo. Chileno que se hizo mexicano mientras vivió en nuestro país (1968) y tal fue su identificación que sus dos grandes obras las centra en territorio mexicano, tanto la de los detectives como la novela 2666. Ambas creaciones fueron ganadoras de importantes premios literarios. Dentro de este círculo intelectual, Bolaño era muy respetado y querido, se admiraba su estilo, su gran capacidad narrativa, su humor y su melancolía. Por eso, este libro es muy especial, es la última conversación que uno de los grandes escritores hispanoamericanos dio. Era necesario recuperarla, compartirla, no olvidarla. Ella misma evocó:

 

“Para mí, la entrevista perfecta fue la de Roberto. Es un ejemplo de muchas cosas. Fue propiciada por él, quiso hacerla. Pidió hacerlo antes de morir y fue una decisión personal, y que yo se la hiciera. Teníamos una comunicación personal muy rica, epistolar, muy íntima, muy cercana, y las preguntas fueron hechas como en trance, un grado de libertad para preguntar tonterías, como si tuvo una patineta durante su infancia”

 

La suerte de dedicarse al periodismo está representada en ese momento en que puedes conocer a ese personaje que admiras y entrevistarlo. Y Mónica conoce a ese gran escritor que admira y logra tener una charla maravillosa con él. Y sin saberlo sería la última entrevista que él dio y que ella jamás olvida, por eso la comparte, por eso titula el libro destacando esa experiencia.

Entonces me acuerdo de una cita textual que me gusta compartir con mis grupos de comunicación o conmigo misma cuando vivo una conversación periodística. Es una frase que inventó otro gran escritor –García Márquez:

 

Las entrevistas son como el amor y para hacerlas es necesario que esos dos se quieran

 

Mónica y Bolaño se quisieron bien durante su charla, por eso la entrevista es cálida, humana e inolvidable. Y en este libro confirmo que la entrevista es ese diálogo donde escarbas el alma de un personaje, rodeas sus vibras para aproximarte a su esencia, descubres en su mirada la poesía o la ternura y palpas sus palabras el latir de un buen corazón, quizá desordenado e incomprensible, pero fatalmente bueno. Pero mientras ese entrevistado responde respetuosamente a tus preguntas, de alguna manera empiezas o debes quererlo para escuchar con atención, para provocarlo, para seducirlo, para retarlo o para cautivarlo.

Mónica Maristain domina este género periodístico porque no interroga, siempre conversa, siempre escucha y pregunta, siempre le responden y es la mejor provocación para que ella lance más interrogantes que pueden tener la suavidad de una brisa bella y airosa o de un huracán delicado o de un tranquilo grito reprimido. Todo sea por obtener esa respuesta sencilla, arrogante, indignada, elegante, culta, provocadora e inolvidable.

Es así como Roberto Bolaño me llega al alma y me llega su aroma a tabaco, descubro su mirada resguarda detrás de esos lentes de poeta y novelista de todos los tiempos, y ya quiero irme a la librería a comprar sus libros y su irreverencia me conmueve y su ironía me seduce. Preguntas y respuestas donde encuentro críticas y acertados comentarios. Y me identifico cuando dice que tiene amigos y enemigos, todos gratuitos. O envidio a una tal Lisa porque sus labios son el paisaje más bello que él recuerda de Latinoamérica.

Pero si gracias a esta entrevista Roberto Bolaño resulta ya tan significativo, las otras conversaciones son bastante peligrosas, porque el tono, porque las provocaciones, las seducciones, las intuiciones, los intentos, las respuestas y las charlas periodísticas en sí, son una abierta invitación a conocer/reconocer/enamorarse de cada escritor y de cada escritora que conversa con Mónica Maristain.

Por supuesto, evoco las que me gustaron más porque son mis escritores, escritoras y escribidoras favoritas. Ahí está mi querido Quino, que acepta desde un piropo hasta delatarse y aceptar que tiene mucho de uno de sus inolvidables personajes de la famosa Mafalda y contar una anécdota que lo delata como Miguelito en todo su esplendor y sus clásicas preguntas inútiles. Ahí está mi adorada Carmen Boullosa y ese ser mujer en la literatura mexicana. Ahí está mi admirado Tomás Eloy Martínez que ha creado personajes femeninos que tienen mucho que ver con nosotras. El inolvidable Paco Ignacio Taibo I, a quien siempre evoco junto con su gato culto. El maravilloso Paco Ignacio Taibo II y su gran sarcasmo, mientras declaraba que es uno de los mejores jugadores de videojuegos. Elena Poniatowska que se niega a opinar de otras escritoras porque “le parece muy pinche que las mujeres nos empecemos a batir las unas a las otras”. Ángeles Mastreta reconociendo su error de no haber dado su voto para que el Premio Rómulo Gallegos tuviera una decisión unánime y lo recibiera, que lo recibió, Roberto Bolaño.

Y este libro también permite descubrir a escritores machines que admiro como Jorge Volpi y Juan Villoro, representativos de una generación contemporánea de la literatura mexicana del siglo XXI. Me encanta la charla con Arturo Pérez Reverte que ya quería ser el entrevistador y no el entrevistado queriendo esconder su corazón mas no su cabeza.

Pero si alguno de estos autores no les dice mucho porque no los han leído, les aseguro que después de leer este libro irán a conseguir sus obras. Y todo porque Mónica Maristain logra hacerlo que se delaten como seres humanos y que se confiesen como escritores creativos, alocados, inseguros o vanidosos, pero cada uno de los perfiles dibujados en estas entrevistas provocan para buscarlos, para querer descubrir más de ellos. Y les aseguro que eso pasa porque me ha pasado y a quienes les he compartido ya la grata, placentera y provocativa de leer este libro.

Fue así como gracias al interesante testimonio de la escritora Catherine Millet y su libro La vida sexual de Catherine M la descubro y juro leerla. Solamente de saber que Luis García Montero nació en la tierra de mi admirado poeta Federico García Lorca, ya es razón suficiente para desear leerlo. Admiro la sencillez del escritor italiano Claudio Magris que recibió el Premio Príncipe de Asturias y confiesa que haberlo aceptado con mucha gratitud y un poco de melancolía, sí, un poco de melancolía porque ser reconocido obliga a hacer un balance y los balances siempre dan un déficit.

Descubro a Alberto Barrera, escritor venezolano, que gana un importante premio por su novela La enfermedad donde lleva a sus lectores por los territorios del dolor y la fragilidad.
Entonces, por culpa de Mónica Maristain es seguro que la literatura nos seduzca como nunca o nos rete como siempre. Cada una de sus entrevistas devela personalidad, revela creatividades y delata compromisos o riesgos en pos de la calidad literario o la efímera fama del betseller. Las voces de cada entrevistado laten en cada página de este libro y la generosidad de su autora es absoluta por eso yo puedo contar una anécdota de Quino como si hubiera charlado con él.

Y cada una de las conversaciones está acompañada de maravillosas fotografías, y la entrevista nos hace creer que parecen ser imágenes de conocidos próximos, el libro se convierte en porta-retratos cálidos y familiares. Y comprendemos porque Paco Ignacio Taibo II nos enseña la lengua. Álvaro Enrique parece no querer que lo atrapemos en su imagen o porque Ángeles Mastretta debe posar sin mal de amores.

Mónica querida. Gracias por cada una de estas entrevistas. Gracias por tener la generosidad de compartirlas y de reunirlas en un solo libro. Gracias por hacer este lazo, esta red y este puente hacia la literatura y sus creadores. Gracias por querer a tus entrevistados y a tus entrevistadas e interrogarlos con alegría, con creatividad, con provocación y con profesionalismo. Y porque con este libro nos permites afirmar, como lo dijo Roberto Balaño en uno de sus poemas: “A veces eres inmensamente feliz”. Porque este libro, en cuanto lo lean, los hará feliz, los llevará al territorio de la imaginación, les hará comprender la importancia de ser escritor y arriesgarse a escribir libros y les hará que hoy mismo busquen a estos escritores para saber más, para sentirnos mejor acompañados y ser, “a veces, inmensamente feliz”.

 

Mónica Maristain, La última entrevista a Roberto Bolaño y otras charlas con grandes escritores, Editorial Axial, 2010

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