“Escribo música principalmente por un simple, pero impetuoso deseo de expresión. Expresión de mis propias convicciones, experiencias, emociones y fantasías. A partir de ahí, existen múltiples razones, no necesariamente en este orden, por satisfacer un deseo de comunicación, por ejercitar y acrecentar la capacidad creativa, por dar cauce a la imaginación, por necesidad de trascendencia, por dar plenitud a mi vocación, por proporcionarme el goce tan pleno e íntimo de jugar con las sonoridades; por un compromiso ante la vida; por aumentar mis conocimientos y retar mi inteligencia, por la fascinación que la música ejerce sobre mí”.

 

¿Las mujeres podemos parir también música? ¿Quiénes son las mujeres que hacen música en México? Mujeres y música, un tema poco explorado pero fascinante cuando se empieza a recorrer. Un primer esfuerzo impreso por recuperar a las mujeres compositoras en el país fue el de Esperanza Pulido. Ella escribió el libro titulado La mujer mexicana en la música. Su investigación hace un recorrido cronológico de la época prehispánica y hasta la década de los años treinta del siglo XX. La autora levantaba la voz con indignación y pregunta: “¿Dónde está la mayoría de ellas? Tal parece como si la tierra se las hubiera tragado”.

En 1985 revista FEM presentó un número especial sobre “Las mujeres en la música. Divas, musas, compositoras, cantantes y trovadoras” (N.42). Destacó el artículo de Ilonka Krauss Acal, musicóloga, quien con estricta severidad advirtió que las mujeres compositoras no tenían todavía un enfoque propio, sino que reproducen la imagen que de ella tiene el hombre.

Otra especialista en estudios de la Mujer, Guadalupe Huacuz, también contribuyó a fortalecer la memoria musical femenina y realizó un estudio sobre las mujeres en la música en el siglo XIX. Ella recupera las investigaciones realizadas en otros países sobre mujeres y música. Afirma que desde el siglo XVI ya existían mujeres compositoras en nuestro país. De igual manera, advierte que durante el siglo XIX, la música formaba parte primordial de la educación femenina de la época.

Otro de los trabajos que da voz a las mujeres mexicanas dedicadas a la música es el de Clara Meierovich, primera catedrática en musicología en México. Su libro, publicado en 2001, es Mujeres en la creación musical de México. La investigadora hace una advertencia al alegar:

…a diferencia de otras áreas de la creación artística, como las artes plásticas o visuales, la literatura, la danza, la fotografía y el cine, no contamos, curiosamente, con un estudio actualizado de recapitulación retrospectiva sobre la incursión específica de la mujer en la creación musical.

La autora indica la forma en que la música también ha sido dividida por cuestiones de género en aspectos tan absurdos como los instrumentos musicales. Ejemplifica cómo se llegó a creer que piano, arpa y guitarra fueron instrumentos absolutamente femeninos mientras que contrabajo, aliento y percusiones estaban destinados a los hombres. Las sinfonías y operas podían ser bagaje masculino mientras que las mujeres como eran graciosas y delicadas era más “natural” la música pianística o ejecuciones pequeñas. Entrevistó a 16 mujeres compositoras de música clásica del país e insistió en la importancia de realizar un estudio actualizado de recapitulación sobre la incursión específica de la mujer en la creación musical. Las entrevistadas son mujeres dedicadas a la música de concierto, entre ellas están: Gabriela Rodríguez, Ana Laura, Gabriela Ortiz, Leticia Armijo, Gloria Tapia, Graciela Agudelo, Lucía Álvarez, Lilia Vázquez, entre otras.

Por su parte, Citlali Ulloa propuso aproximarse a lo que se ha escrito sobre el tema y a reflexionar en torno a lo que se ha denominado “musicología feminista”. Ella consideró que esta nueva corriente de estudio incluye planteamientos relevantes al encargarse de analizar e interpretar obras y autoras, alejándose de las descripciones formalistas, al estudiar no sólo los sonidos, “sino también las circunstancias de su creación y consumo, tomando en cuenta sus contextos e historias de vida, con el fin de hacer evidentes las razones por las que han sido invisibilizadas las mujeres.” (Ulloa, 2008: 6)

Otra investigación que recupera a las mujeres en el ámbito musical pero del rock es el libro de Teresa Estrada, Sirenas al ataque, donde se escribe la historia de las rockeras mexicanas de 1956 a 2000. La autora denuncia las circunstancias que han enfrentado las mujeres mexicanas que han querido dedicarse al rock: La censura, el menosprecio y el olvido por parte de autoridades, industria disquera, empresarios y medios de comunicación. Esta lucha ha sido indiscutiblemente más difícil para las mujeres. Pese a tal situación, Estrada afirma:

“Algunas, se han mantenido presentes en pie de lucha, otras, han sucumbido ante sus roles tradicionales, y algunas más han compaginado la vida cotidiana con la vida del rock. Todas ellas de alguna manera u otra, se han atrevido. Sirenas es en mucho la historia de las ausencias, la historia no contada de las mujeres del rock en México”.

A juicio de la autora, las mujeres en la música de musas han pasado a ser músicas; ya no son únicamente el motivo de inspiración, o una bella voz en un coro anónimo. Ahora se han transformado en compositoras y ejecutantes de instrumentos, hasta el punto de que graban sus propios discos.

Otro texto es Silencios disonantes: un acercamiento a la Historia de la música femenina, de Margherita Pavía, filósofa y cantante. En su estudio reconoce que existe el registro de una gran cantidad de compositoras de los siglos XIX y XX, pero no hay estudios exhaustivos sobre el tema. Sin embargo, existen esfuerzos que intentan recuperar la presencia femenina en la música nacional:

En la historia de la música las ausencias, a veces, hablan tanto o más que las presencias. Es un hecho que siempre ha habido mujeres compositoras a pesar de que las mujeres han sido excluidas de la historia de la composición musical por la idea misógina de que ellas no son capaces de una creatividad tan abstracta como la musical, No existen razones musicales que justifiquen la ausencia de la obra de las compositoras mexicanas dentro de las fuentes documentales, tanto las casas editoras de música como la crítica musical consideraban que las obras compuestas por mujeres eran menores, tan sólo por ser creaciones femeninas y no por la calidad del resultado.

La música con faldas. Compositoras de todos los tiempos fue publicado en 2010 y escrito por Fernando Díez de Urdanivia. El autor recupera, de manera cronológica, la presencia femenina en la música universal y presenta breves semblanzas de pioneras, clásicas y contemporáneas. Tiene un apartado titulado “¿Y las mexicanas?”, donde hace un recuento de mujeres de nuestro país que se han dedicado a componer música.

En 2011 la revista Regiones, editada por la Universidad Autónoma Metropolitana, en su número 44 abordó el tema de las mujeres y la música, coordinado por Mariana González Focke. Ella hace la presentación del contenido de ese ejemplar y describe los ocho artículos publicados. Insiste en advertir que cada autora hace referencia a la discriminación que sigue existiendo en pleno siglo XXI hacia las mujeres en las profesiones musicales, sin importar el género que dominen, aunque también destaca que muchas veces se ha caído en el error de victimizarlas. Por lo que sugiere, repensar la forma de hacer análisis musicales sobre las aportaciones femeninas.

En 2013, Priscilla Merarit Viera Alcázar presentó en la Universidad Autónoma Metropolitana la tesis titulada Mujeres en el rock tijuanense: ¡No soy una muchacha normal! El eje teórico de su investigación es el género y tras su análisis considera que las mujeres como seres históricos, son sujetos reales sociales, están motivadas y sostenidas por una contradicción lógica e irreconocible en la cultura, la práctica a la que se enfrentan para integrarse a un grupo musical, es saber tocar un instrumento o atreverse a presentar en un auditorio o en una banda. El saber y poder –señala la autora- son dos puntos muy representativos que les permite acceder a las relaciones generadas entre artistas rockeros de la ciudad, son juegos que emergen el análisis del saber y se relacionan con las técnica de poder especifica que sirve para entenderse entre sí. Es así como la investigadora recupera a un grupo significativo de mujeres que se dedican a hacer rock.

Estos son algunos de los estudios hechos y publicados en México sobre la presencia femenina en la música que nos permiten confirman la importancia y aportaciones del tema. Con estos ejemplos y guías, esta investigación tiene la certeza de recuperar a mujeres compositoras así como sus letras que nos permiten aproximarnos a la construcción de su identidad y a la nuestra propia.

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