“¿A dónde iremos?”

¿ A dónde iremos
donde la muerte no existe?
Mas, ¿por esto viviré llorando?
Que tu corazón se enderece:

Aquí nadie vivirá por siempre.
Aun los príncipes a morir vinieron,
Los bultos funerarios se queman.
Que tu corazón se enderece:
Aquí nadie vivirá para siempre.

-Nezahualcóyotl

 

El 21 del mes pasado, se celebró el Día internacional de la lengua materna, para muchos mexicanos parecería una fecha poco significativa, sin embargo, reconocer nuestra riqueza pluriétnica y dar crédito a los pueblos originarios por pervivir hasta nuestros días pese a los siglos de abandono y pobreza a los que han sido sometidos, es un verdadero logro.

 

En México existen 11 familias lingüísticas dispersas en todo el territorio. De ellas se desprenden 68 lenguas y 364 variantes, de acuerdo con el Catálogo de las Lenguas Indígenas Nacionales hecho por el Instituto Nacional de Lenguas Indígenas (INALI).

La riqueza cultural de nuestro país se basa justamente en la pluralidad de las identidades mexicanas, porque no es igual un mexicano de Tijuana, que del centro del país, Oaxaca o Mérida. De hecho este país es diferente de un municipio a otro, de una colonia a otra o una casa a otra.

La heterogenidad de la mexicanidad es un rasgo característico de la personalidad nacional, ya que somos tan diversos, tan divergentes y a la vez somos esencialmente el mismo corazón. Los mexicanos somos corriosos, pocas cosas nos quiebran, soportamos siglos de conquista española, múltiples intervenciones de países extranjeros a veces armadas y las más recientes mediáticas o de consumo.

Somos fuertes, pero somos incrédulos, somos feroces guerreros aztecas y gustamos de la parsimonía de las fuentes citadinas, somos los mejores en todos, somos ingeniosos y a veces flojos, somos solidarios y chingaquedito, somos alegres y tenemos un gusto exaservado por lo fúnebre que nunca llega a ser lúgubre.

Somos cariño a la tierra, y resquemor a los desconocido a cambiar, somos arrullo entre los mares que bordean el territorio nacional, somos: pozole, tejuino, gorditas, quesadillas con y sin queso, sopes, tamales, tostadas, pellizcadas, moles, chilaquiles, birria, tacos, tortas, ceviches, pico de gallo y todo puede cocinarse a la mexicana si lleva jitomate, cebolla y chile, verde.

Somos Maya Yucateco, Náhuatl, Mixteco, Tzeltal, Zapoteco, Tzotzil, Otomí, Totonaco, Mazateco, Chol, Huasteco, Mazahua, Mixe, Chinanteco, Purépecha, Tlapaneco, Tarahumara, Zoque, Tojolabal, Chatino, Huichol, Amuzgo (Guerrero), Popoluca, Mayo (Yoreme), Chontal (Tabasco), Triqui, Tepehuan (Durango), Cora, Popoloca, Huave, Yaqui, Cuicateco, Pame, Mame (Mam), Kanjobal (Q´anjob´al), Tepehua (Totonaca), Chuj, Chichimeca jonaz, Guarijío, Aguacateco (Awakateko), Tacuate (Mixteco de Sierra), Kekchi (Q´eqchi´), Matlatzinca, Pima, Chocho (Chocholteco), Seri, Ocuilteco (Tlahuica), Jacalteco (Jakalteko), Kikapú (Kickapoo), Quiché (K´iche´), Kumiai, Paipai, Ixcateco, Pápago, Cucapá, Cakchiquel (Kaqchikel), Motocintleco (Qato´k), Cochimí, Ixil, Kiliwa, Lacandón, Sayulteco, Papabuco y Ayapaneco.

Somos una sonrisa, una gran sonrisa de oreja a oreja, somos una apapacho, somos canción mixteca extrañando la tierra, somos un mezcal, aguardiente o/y tequila, somos bailes prehispánicos ancestrales que tratan de componer el mundo, somos hermosos bordados magicamente plasmados, somos significados más allá de los lenguajes, somos albures, y rezos, somos maíz, somos la resistencia ante el gobierno y ante al muro y todo eso lo aprendimos de los indígenas.

Leer a los poetas y escritores indígenas nos permite entender y pareciar la grandeza del pensamiento prehispánico, aquí les dejo algunos autores para su deleíte: Nezahualcóyotl, Manuel Espinosa Sainos, Ahkan Suutz, Ajmaxam y Natalia Toledo Paz.

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