Anoche te vi en la luna. Te vi porque no pude conciliar el sueño y su resplandor atravesaba el cristal de mi ventana; te vi porque las lunas de octubre me recuerdan a ti y el ambiente te evoca en cada uno de sus aromas.

Si estuvieras aquí físicamente, habríamos celebrado tu cumpleaños, con una reunión familiar, de esas que no te debo describir porque tú las conoces bien. En cambio, ante tu notable ausencia terrenal, celebramos la vida que tuviste y la dicha que fue que la compartieras con nosotros.

Hoy celebramos en tu honor. La lluvia continúa en nuestros corazones pero ahora es más bien una brisa ligera, comparada con la tormenta que nos sacudía hace apenas un año.

Hace un año, las sonrisas apenas se esbozaban entre los chaparrones que brotaban de nuestros ojos; ahora, las risas gobiernan nuevamente las conversaciones y, de vez en vez, se nota un pequeño silencio en tu memoria.

Hace un año las lunas de octubre carecían de fuerza para iluminar mis días; hace un año apenas se notaba una luz cálida pero prometedora. Hace un año los astros pausaron su camino y ahora celebran una danza en tu nombre.

¡Qué rápido pasa el tiempo! ¡Cuán lento sanan las heridas!

Nos tuvimos que valer de todas nuestras armas para apaciguar el dolor. En mi caso la sonrisa de una niña evitó que mi bote naufragara; el mantener tu recuerdo vivo a través de las letras; el escuchar tus canciones o ver tus películas; el mencionarte siempre, ya sea en la mente o en voz alta; el pensarte tranquila en tu nuevo ciclo; y el mirarte en todas las lunas de octubre.

Sobre El Autor

Rosario Moctezuma

Reservada pero no tanto, culta pero no mucho, sensible pero a veces, chistosa pero no por gusto; comunicóloga, docente en proceso, haciendo mis pininos donde me agarre el hambre.

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