Ay, ay, ay, ay canta y no llores
Porque cantando se alegran
Cielito lindo los corazones

 

Supimos lo básico, un sismo de 7.1 grados azotó el centro de nuestro país, en Hidalgo y Pachuca se sintieron los estragos, sin afectaciones, los pocos edificios que tiene la ciudad se movieron bastante fuerte el martes, pero al día siguiente había que seguir, como los mexicanos siguen siempre.

La mañana de miércoles, un 20 de septiembre de 2017 no fue como muchas, en Hidalgo a pesar de que no hubo daños graves, los estudiantes despertaron sin clases en todos los niveles, las universidades tampoco funcionaron. Locales, empresas y dependencias arrancaron desde temprano las acciones de ayuda, pero fueron los civiles hidalguenses quienes tenderían su mano a los estados más afectados.

Por la televisión, otros medios de comunicación y las redes sociales se difundieron las peticiones, los afectados por el sismo necesitaban materiales de curación, los rescates seguían, y casi en vivo la sociedad monitoreaba el salvamento de los niños enterrados en la escuela Rébsame, en la fabrica textil de la colonia Obrera, el edificio 286 en la Álvaro Obregón y en cada derrumbe de la ciudad de los palacios.

Las farmacias reportaron que los artículos de primeros auxilios se acabaron, fueron muchas las personas que están donando, decía la cajera; en las tiendas de autoservicio era la misma historia y las personas siguieron llegando.

Se abrieron muchos centros de acopio, las manos se tendieron desde el Reloj de Pachuca, emblema de la ciudad, hasta la Plaza de Toros al sur, por las calles las personas preguntaban dónde donar y en diverso puntos, grupos en su mayoría de jóvenes instalaron centros de acopio improvisados y sobre las avenidas recolectaron el amor de los hidalguenses, que en forma de primeros auxilios o comida llegaría a otros.

En los demás municipios del estado el panorama fue igual, en Ixmiquilpan juntaron ayuda y la mandaron junto con personas a los sitios de desastre, Mineral de la Reforma, del Monte, Tulancingo, Atotonilco el Grande, Zacualtipán, entre muchos otros, hicieron lo propio. Por internet se crearon redes, esperaron indicaciones desde la CDMX y voltearon a ver a Morelos. Las personas ofrecieron sus casas en este estado, sus autos, sus víveres y sus manos para remover escombros donde sea.

Ayer en Hidalgo, las preguntas constantes fueron ¿ya donaste?, ¿qué llevarás? ¿dónde están los centros de acopio? y ¿cómo nos organizamos?, cuestionamientos que funcionan como abrazos a distancia. La pregunta constante fue si como mexicano ya te habías solidarizado. Y la de hoy y mañana será igual ¿ya estás apoyando?

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