Ella es una administradora que quiso ser actriz, que acarició la semiología, que se propuso practicar el amor a través del teatro, que cuenta cuentos para cultivar la ternura y que tomó el bando escénico libre de fama y reflectores

 

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Marcela Viveros, actriz, semióloga y cuentacuentos | Foto: Madian Guevara/LaRecoletaDigital

 

Marcela Viveros, nacida entre las nubes de Real del Monte, volvió a la tierra donde su vocación se convierte en servicio para el desarrollo de las personas o de aquellos caídos por la desigualdad, la violencia y el odio que oprime el corazón.

Por los caminos de su formación académica hizo un alto para poner en tela de juicio la utilidad del arte en un mundo vuelto escombros, pensó en reorientar la búsqueda de su razón profesional hacia un campo más eficaz para paliar los conflictos de su entorno. Al final halló en la calle y no en las aulas que actuar, si bien no le haría revivir a miles de víctimas de la guerra, ayudaría a sensibilizar para evitar su dolor.

Convencida en esta idea visitó reclusorios, mostró a mujeres y hombres vulnerados cómo enfrentarse a su opresor, vivió la intensidad del espectador que confundido entre la puesta en escena y la realidad se lanzó a golpes contra el actor que hacía al padrastro o al violador.

Hacer teatro social la llevó a explorar sobre nuevas formas de acción en aras de provocar que las historias con minúscula pasaran a ser parte de la Historia, así, con mayúscula, donde todos merecemos estar.

Así llegó a la biodanza, un binomio que, dice, te ayuda a conectar con la ternura, a buscar el ritmo de tus posibilidades a través de las miradas sinceras, las caricias sanadoras y la memoria afectiva hacia ti, hacia el otro, para trascender.

Y entrada en estos gastos, Marcela entendió que estudiar el desarrollo humano es desnudar los procesos del teatro, el trance de la actriz que aprende a conocerce en su nuevo papel, con la diferencia que en el primero no hay intención de construir la puesta en escena.

Asi, Marcela Viveros, la artista que practica la ternura, optó por renunciar al reflector, a las palmas y los telones, con la energía de su voz se proclama partidaria de la fuerza transformadora de un teatro para el amor.

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