Escépticos, los caballeros de otoño bebieron todo el café que sirvió la Bruja

Viejos los cerros y aún protagonizan sublimes panorámicas; viejo el Sol y todavía sonroja al Poniente en el beso de despedida; vieja la Luna y estremece al mar apenas con abrirse paso entre las nubes. Viejos los actores, los primeros actores y las primeras actrices, magos de la dulce ficción, maestros de la ilusión realizable, héroes en la tragedia, enemigos en el anhelo, amores platónicos, camaleones furtivos.

El director mexicano Jack Zagha pilló al cine mexicano hasta En el último trago (2015), como alguna vez quisiera el grande de la canción vernácula José Alfredo Jiménez en el segundo largometraje de su carrera.

En el último trago es una película sencilla pero sensible, portadora de un mensaje a la industria que a veces olvida que también es séptimo arte. Cuando es industria, en el mayor de los casos, abraza a las actrices de mejor figura según el canon de las mecas fílmicas, se queda con actores atléticos y de rostro perfecto, cuya juventud esplendorosa también les permite caracterizarse para representar papeles de edad madura.

Jóvenes trayectorias interpretan a viejos, los viejos no pueden más que interpretarse a sí mismos. El ser humano, ¿llega al nivel de la utilería en cine al grado de convertirse en materia obsoleta?

La doble moral en las producciones abruma al gremio actoral; por un lado el reconocimiento reiterado por el primer actor y la primera actriz, por otro, la privación de oportunidades para artistas que rebasaron la edad útil.

Zagha recurrió entonces a los caballeros de otoño: José Antonio Cruz, Pedro Weber Chatanuga, fallecido hace poco; Eduardo Manzano y Luis Bayardo; como sacados del sótano regresaron a la pantalla grande e hicieron de las suyas en la construcción de una comedia dramática. El pretexto de aludir a José Alfredo los suscribió en una aventura de protesta del adulto mayor.

Otros cineastas ya ensayaron sobre el abandono y el rechazo, de cómo la sociedad  omite y desdeña la sapiensa de la abuela, la experiencia del abuelo, versos dirigidos al núcleo familiar.

El exhorto de Zagha escaló en la misma protesta,  le habla a la industria que, como la familia, es agresiva con quienes le dieron gloria en sus años de esplendor.

El factor sorpresa En el último trago, la aparición de Columba Rodríguez, la Pueblerina, quien se despide de nuestro mundo con este proyecto. Tras deleitarnos con su belleza en 1949, se va como una Bruja misteriosa y fea que hace beber el café a cuatro escépticos y otoñales caballeros.

Vea En el último trago, México (2015)

SILENTE | @AlejandroGASA | alejandro.gasa@gmail.com

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