En las tantas celebraciones que se hacen por el aniversario número cien de Margarita Michelena es necesario evocar también  a la gran periodista que fue

ELLA  colaboró as publicaciones literarias pero también periodísticas. La mayoría de esos primeros textos eran poemas, cuentos y ensayos. El 2 de diciembre de 1979 publicó su primera columna periodística en la página editorial de Excélsior, recién dirigido por Regino Díaz Redondo. Al iniciar la década de los ochenta colaboró en la revista Siempre! Y en esa misma época fundó el periódico de mujeres llamado Cuestión. Durante casi dos décadas escribió sobre la vida política del país así como de escenarios culturales, de libros, de intelectuales y de su visión de vida, ganándose un lugar entre el público, el respeto de grupos políticas y también el enfrentamiento con colegas y con quienes no coincidían con su postura. Dionicio Morales, escritor y gran amigo de Michelena describió de forma maravillosa la figura que Michelena hizo de ella misma en la prensa nacional:

Antes de conocerla oía historias extraordinarias a su alrededor en boca de escritores ignorados o estimados en el medio literario. Algunos la acusaban de “reaccionaria”; otros, los más resentidos, le inventaron el mote de “Muchaleña” que en el fondo –también en la superficie- resulta, en nuestra habla común, un signo de admiración, nada peyorativo aunque pueda parecerlo. Por eso sí, tirios y troyanos, izquierdas y derechas, reconocían ya el valor de su obra poética, de su periodismo de primer orden. En ambas disciplinas, lo sabemos, ha pasado a la historia.

A punto de finalizar el año de 1979, ella aceptó la invitación de formar parte del equipo editorial de Excelsior. Es así como el 28 de noviembre apareció su primer artículo titulado “Reinar después de Morir” y desde ese momento sus textos periodísticos se caracterizaron por cuatro puntos representativos:

Uso puntual del discurso argumentativo.

Estilo fuerte y, a veces agresivo, pero siempre honesto.

Su personalidad queda manifiesta en cada línea de sus artículos.

Demostró un gran dominio en el uso correcto del lenguaje.

Fueron seis las temáticas que la inspiraron:

Vida política en México.

Literatura (reseñas críticas de libros y perfiles de escritores)

Temas de interés social.

La televisión.

Las mujeres.

Debates intensos con sus colegas.

La columna de Margarita Michelena se llamó “¿Qué pasa ahí?”, donde mostró su solidaridad más que con los políticos con los hombres de política que consideraba sus amigos. Así, en el caso de Jorge Díaz Serrano se mostró absolutamente solidaria y leal. No culpó a nadie de la situación de su camarada.

También redactaba en sus artículos especies de cartas a políticos para hacerles una denuncia o para hacerles alguna petición a favor de la ciudadanía. Con la misma indignación hizo referencia a la muerte del periodista Carlos Loret de Mola, asegurando que había sido un asesinato y que nadie creí en esa hipótesis de un accidente. Lo calificó como un hombre cabal y honrado, por lo que rechazaba rotundamente el supuesto de que el accidente había ocurrido por haber manejado en estado de ebriedad. Cuestionaba si fue un accidente por qué su cadáver había sido sepultado clandestinamente en la fosa común como desconocido y no traía ningún documento de identificación. El tono severo y duro de su estilo manifestaba claramente su indignación ante este caso:

La muerte de Carlos Loret de Mola se debió, creemos los más, a la estúpida violencia con que suelen proceder los retenes militares apostados, especialmente a lo largo de la Carretera México – Acapulco, en uno de cutos puestos fue seguramente detenido Carlos Loret de Mola y luego muerto en uno de esos insignes actos de torpeza y brutalidad en que se especializa ese tipo de vigilancia… En tal virtud, la impune desaparición de este periodista trasciende hasta convertirse en una infamia, en una deshonra que alcanza a la justicia a la que hay que sanear porque México, sembrado de grandes muertos fértiles, no puede soportar la llaga de una corrupta administración de justicia en punto alguno de su territorio. Innegable es que en la capital del país se hacen algunos esfuerzos por lograr ese indispensable saneamiento. Pero ninguno en los estados de la Federación, de atender a lo que los medios de comunicación nos transmiten todos los días. De ello es una prueba magna el asesinato de Loret de Mola, inconvincentemente  “disfrazado” de “accidente”: rueda de molina que nadie sea podido tragar. Justicia pues, justicia llana e implacable para la memoria y la familia Loret de Mola en nombre de la patria a la que tanto sirvió. Y en nombre de todos los que han muerto como él.

El tono crítico pero también sarcástico lo utilizaba para criticar la manera en que algunas secretarías de gobierno despilfarraban dinero en gastos inútiles con tal de acabarse el presupuesto antes de terminar el año. Hizo referencia a los absurdos de contratar para sus fiestas o eventos especiales a gente sin talento o en ediciones de lujo de obras de gente desconocida e ignorante. Es así como en una de sus columnas será el ejército su objeto de crítica severa:

Por si ustedes no lo saben, hay en esas misiones ciertos personajes, como los agregados militares cuyas funciones nadie se explica siendo México un país pacifista y pacificador y teniendo el Ejército Nacional un cometido nada bélico como es, en primer lugar, el de salvaguardar las instituciones y, también el de ayudar a la población en casos de catástrofe, lo cual hemos visto hecho realidad en muchas ocasiones trágicas quienes tenemos memoria para recordar cosas amarguísimas antes de los sismos del 85. Pues bien, esos señores agregados militares ganan por no hacer nada, algo así como treinta mil dólares al mes, los que, por cierto, paga la Secretaría de Defensa. De muchos casos como éste nos enteraríamos de revisar la nómina de Relaciones Exteriores, cargada de parásitos de lujo. He ahí una lana que expurgar con ganas de hacer ahorros. Tampoco, nos tememos, se eliminarán algunas Secretarías que no prestan ningún servicio efectivo a cambio del dinero que se les destina: nos acordamos luego, luego de la Sedue y de la Contraloría… Por nuestra parte, sugerimos a la Sedue y a la SEP la instalación de sendos pararrayos en sus oficinas con el fin de que ahí descarguen todos los tiernos recordatorios familiares destinados a los autores de tan brillante idea.

Pese a su interés constante en la vida política de México, Michelena abordó con el mismo interés las cuestiones literarias, gustaba de reseñar libros o de trazar perfiles de escritoras. Describió y comentó libros de gente muy cercana a ella, que quería y admiraba. Así, comentó textos como el de Federico Ortiz Quesada que expuso la historia de la medicina, de Héctor Azar comentó su libro “Palabras habladas”, de Fernando Cueto reseño su obra “México lindo”, los libros de cocina de Martha Chapa. O el libro de un pintor que sabe escribir:

De todo esto me estuve acordando al cerrar con pena el libro “Cuevas por Cuevas”, que me supo a poco y me tuvo toda la noche sin dormir porque caí en su irresistible encanto. José Luis Cuevas posee en alto grado el arte de narrar deliciosamente, de encerrar a sus lectores como una campana al alto vacío, de fascinar con sus palabras como con su plática tan original y tan antigua, con tanta raigambre en el horror español y en el prehispánico, creo que José Luis es el primer artista plástico mexicano que logra expresar la simbiosis de esas dos culturas por el lado menos explorado y más profundo. Pero hablo ahora de sus letras, también excepcionales en nuestra literatura.

Trazó perfiles sensibles y solidarios de poetas, novelistas, escultores y pintores. Así, calificó a Elías Nandino como un raro ejemplo de fidelidad a su vocación, la poesía. Alabó a Octavio Paz y celebra su Premio Nobel de Literatura. La vida matrimonial de Don Andrés Henestrosa pero también sobre su calidad literaria. La trayectoria de Rafael Solana y otros más.

De igual manera, aprovechaba su espacio periodístico para rendir homenajes a personas representativas de la vida cultural en México. Así, presentó un conmovedor texto dedicado a Francisco Zendejas, insigne promotor cultural, describió con sensibilidad al escultor y orfebre Lorenzo Rafael. Reconoció la trayectoria periodística de José Pagés Llergo, asegurando que “su palabra y su obra no arrullan: sacuden”. Hizo referencia a la muerte de Luis G. Basurto, un hombre que amó sin reservas a sus amigos.

Además de reflexionar sobre la política y de recuperar la obra literaria de grandes personalidades mexicanas, Margarita Michelena abordó temas de interés social donde podía abordar sobre los impuestos y el IVA, las posadas como una gran tradición que no debería perderse, las reformas al Código Civil del DF, cuestionar la importancia de Laguna Verde o el Sida.

Abordaba, teniendo como pretexto los viajes que hizo por el mundo, situaciones cotidianas en otros países, por ejemplo criticaba la obesidad en Estados Unidos o le gustaba la limpieza y educación vial en las ciudades europeas. Es curiosa su propuesta de hacer un horario de invierno (1988) por las enfermedades que está provocando la contaminación en la Ciudad de México en la población infantil que sale demasiado temprano de sus casas a la escuela. Con enojo hizo referencia a todos los ruidos que deben tolerarse en el Distrito Federal y con firmeza escribió: “El ruido es el encanto de los imbéciles”. Cuestionó la existencia de sectas como la de los Testigos de Jehová. Y hasta se daba tiempo para describir con humor característica del ser mexicano, ya sea para destacar su obesidad o su fe.

Con quien fue la crítica más severa y hasta feroz fue con los contenidos de la televisión mexicana. Todos los textos relacionados a este tema fueron firmes en sus ataques, irónicos en sus comentarios e inapelable en su veredicto de absoluta reprobación. Uno de sus principales argumentos para afirmar que el contenido televisivo era fatal fue demostrar que no usaban correctamente el idioma español, ni la construcción clara de las ideas ni el significado de cada palabra.

Hizo fuertes críticas a la transmisión de los concursos de belleza, no solamente por la manera de exhibir a las mujeres sino también por la pésima calidad de la estructura y contenido de dicha emisión. Para ella todo estaba presentado con mediocridad así como con una deplorable falta de buen gusto y de formación cultural:

Todo anduvo pues de la patada, sin excluir los desastrosos trajes de baño de las chicas –diseñados al parecer para subrayar las fallas morfológicas de las concursantes-; el andar de yegua mora que les impusieron a todas: el estofado que llevaban en lugar de maquillaje; los horrendos peinados; la actuación de Lola Beltrán que ya canta nada más con la ropa, y las intervenciones de Raúl Velasco, quien habló mucho y mal. De sus mil y un errores apunto uno sólo: ¡Se refirió a algo que había sido escogido “casi” por unanimidad!

Y qué decir de la entrada a escena de uno de los jurados inolvidables, sí; la de Ernesto Alonso, quien lucía una cosa como guayabera de raso rojo y un collar de perlas que le llegaba al ombliguito y apareció entre unas misteriosas luces de “El maleficio” y… ¿nubes de hielo seco! ¿Cuándo, Dios de bondad, dejaremos de enseñar la hilacha con estos concursos –concursis, diría yo- que rebajan tanto a quienes en ellos participan como al público que los ve?

Finalmente, otro aspecto que caracterizó a las columnas de Margarita Michelena fue su gran capacidad y pasión por debatir, por criticar de manera directa los argumentos de las personas con las que no coincidía y de ser absolutamente ácida en sus comentarios, fuerte en sus crítica, irónica en sus desacuerdos y maliciosamente siniestra para desacreditar a quien intentaba ponerse al tú por tú con ella. Por ejemplo, fue dura y quizá hasta cruel con Manú Dombierer, pero la ironía resulta sensacional en su estilo. La discusión tuvo como punto de partida su desacuerdo en torno a la figura de Salina de Gortari, Muñoz ledo y Cuauhtémoc Cárdenas en la vida política del país. Michelena quiso demostrar que Manú estaba equivocada, sobre todo, destacando su experiencia y su preparación que rebasaba el perfil de Dombierer:

Podría yo decir que te hago estas enmiendas guiada por la fuerza de la costumbre: traté de enseñarte a escribir con cierto aseo –y a lo largo de doce años- cuando te hiciste colaboradora de una revista femenina de la cual era yo subdirectora y en la que tenía a mi cargo la corrección de estilo de todos los originales. Mostrabas entonces muchas ganas de escribir y lo primero que hice contigo fue podar tu selva de galicismos, producto de tu origen franco-suizo y de tu educación exclusivamente francesa. Y qué quieres, para nosotros los viejos el tiempo parece no pasar. Me olvidé así, al atreverme a señalarte una laguna de mera información, de que te has convertido rápidamente en una egregia escritora, cuyo elegantísimo estilo y alta capacidad de reflexión se hallan de manifiesto, por ejemplo en tus refinados “Aca-chismes”.

Debate e ironía, perspectiva crítica y discusión, comentarios certeros y directos, honestidad periodística, carácter de mujer. Margarita Michelena se hizo indispensable en la página editorial de Excélsior. Su columna fue inspiración semanal, quizá dejaba de escribirla por sus vacaciones a principios de cada año, pero en algunas ocasiones confiaba que incluso enferma, no dejaba de redactarla y hasta recibía ayuda de su hija y amigos para no dejar de publicar. Tanto así, que el día que murió además de dar la noticia, un día antes del trágico suceso, ella había ya escrito su texto periodístico donde abordaba el tema del Ejército Zapatista de Liberación Nacional. Al mismo tiempo, su hija cerró esta trayectoria de su madre en el periódico Excélsior y escribió:

En este espacio sagrado para mí, en que tu pluma rigurosa y precisa se ocupó durante tantos años quiero enviarte estas líneas desde lo más profundo de este corazón que late gracias al tuyo, desde este ser que habitó, desde estas manos que se formaron de tu sangre y tus huesos, desde mis ojos que no han hecho otra cosa que mirarte con el amor que me enseñaste a ejercer, como todo lo demás, con tu ejemplo.

Hoy que amanecí contigo en una situación desconocida hasta ahora, quiero confesarte que sí, que te he escuchado, que ya sé lo que pasa allá, lo que tantas veces hablamos en nuestras largas conversaciones. Ya recuperaste toda tu historia, ya entre lo tuyo con los tuyos. Por eso las lágrimas que hoy te ofrezco no son de tristeza, sino de dicha al saber que tus alas han emprendido el vuelo hacia donde nadie mejor que tú, estabas preparada.

Tus últimos días en este mundo fueron dichosos. Los sufrimientos físicos dieron tregua para que antes de irte disfrutaras a los que te queremos. Soltaste las amarras de la vida para abrir los brazos, mientras te daba mi amor en mi deseperado intenta por que te quedaras conmigo.

Te recuerdo ahora como te vi, en el sofá del estudio, radiantemente bella, con ese vestido de algodón que te regalé y tu collar de perlas y tus ojos azules, puntos de la inteligencia y del amor que nunca te aguardaste. Hiciste todo el bien que pudiste, amaste  a todos los que pudiste y siempre que pudiste. Por eso acudieron todos tus amigos a despedirte y es que tú hiciste de la amistad un ejercicio cotidiano. En realidad madre, la mejor herencia que me diste han sido tus amigos, a los que por ti amo y seguiré amando, como tú me inculcaste. Desde aquí agradezco a todos sus palabras de consuelo y su compañía en esos terribles momentos.

Feliz 100 aniversario querida Margarita.

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