Ésta es la primera morada.
Allá, en la otra, Eva te llora,
Eva te busca y te llama.
No la oigas. Quédate con ésta
Sin edad y sin nombre,
La que en verdad te ama…

ELLA me provocó cuando escribió: “si quieren conocerme, encuéntrenme en mis poemas”. Fue así como durante varios años escarbé cada palabra que Margarita Michelena escribió y por eso creo que la encontré, toda poeta, siempre periodista, mujer de mirada profunda y pasiones totales. Por eso, comparto gozosa con ustedes la presentación de este libro, editado por la Universidad Autónoma del Estado de Hidalgo: Margarita Michelena: poeta y periodista.

Debo agradecerle a su hija, Andrea Cataño, la generosa entrevista que me concedió para reconstruir con sus evocaciones la historia de su mamá. Nada mejor que el amor de una hija para compartirnos:

Llegó al mundo la noche del 21 de julio de 1917 en una vieja casona de Pachuca. A su madre la asistió Goya, la fiel mujer otomí de lengua dulce y suaves manos morenas. Fue una hermosa niña de fulgurantes ojos azules. Mientras la sostenía en brazos por primera vez, Benita suplicaba: “Dios, no me la quites como a los otros… es tan linda. Se llamará Margarita, en honor a Santa Margarita de Alacoque, que hoy celebra su día”. Su padre, Leopoldo, el castellano recio con su muro de amor inexpugnable, no había regresado de la mina con cuya dureza se hablaba de tú. Goya limpió a la niña y la vistió con la ropita que Benita le tejió con sus manos de hada celta. Así pasó sus primeras horas en este mundo Margarita Michelena…

Es así como, en la primera parte del libro, la voz de Andrea me permite hila la infancia de su mamá, recuperar el momento en que descubre la poesía, esos días en la región hidalguense donde nació. Y esa joven bellairosa llegó a la capital del país, perfumada con aroma literario y torbellinos de palabras dispuestos a transformarse en palabras. La universidad la recibió generosa. Primero en San Ildelfonso, donde estudió la preparatoria. Más tarde, la universidad le abrió las puertas de un edificio ubicado en San Cosme. Su ayer en Pachuca y su ahora en la ciudad de México, la niña hidalguense y la joven poeta, marcaron el ritmo de su adolescencia:

Yo puedo ser dos vidas.
A las dos puedo amarlas.
A veces las sorprendo, con su canción,
A una, jugando en mis cabellos.
Y a la otra matándome
Con su fuego de estrella
Elegida para morir ardiendo.
Pero existe en mi tiempo
Un instante de nieblas,
Un viaje en el que muero
Para todos los ojos que me suponen viva,
Para las altas voces que en un diáfano incendio
Me separan del dolor de mi sombra.

Poco a poco empieza a publicar sus libros de poemas, pero también trabajó en otros escenarios, fue locutora y guionista en Radio Femenina. Hizo anuncios de publicidad, entre ellos, el considerado el más efectivo y ejemplar: Mejor, mejora, mejoral. Se enamoró del pintor Eduardo Cataño y tuvieron dos hijos. Cuando su esposo murió, ella dejó de escribir poemas. Por eso, se cree que fue por esa razón que dejó la literatura. Sin embargo, en una entrevista otorgada a su amigo y periodista Dionicio Morales, podemos encontrar una respuesta sobre su adiós a la poesía:

Su último libro, El país más allá de la niebla, es todo un tratado de reconciliación con la vida, sin olvidar a la muerte, después de inventariar las cosas de la memoria, las cosas que están más allá del alma. Al llegar a este punto de la entrevista, una plática informal entre viejos amigos, se anima un poco más –ha estado muy enferma- para hablar de este libro. “Es un poema que en su epígrafe lleva todo el secreto. Es el poema del alma vasca, del alma vascuence que se encuentra de pronto conciliada con todo lo que amó y todo lo que fue, los vivos y los muertos, en una casa que es la exte, la casa del poeta, la casa de todos los suyos. Ahí lo dice en el epígrafe José María Barandarián.

Es una reconciliación total con la vida y la muerte. Es donde yo me vacié, terminé todo lo que tenía que decir”. La interrumpo para preguntarle cómo llegó hasta aquí. “La madurez –acentúa-; le di vueltas a todo y llegué de pronto a eso. Todas mis dudas, mis angustias, quedaron ahí; mis vivos, mis muertos, todo está allí. Por eso digo que ya no tengo nada que escribir después de este poema”.

En esa primera parte del libro esta su voz más latente que nunca, está la poeta y la esposa, la periodista y la madre, la amiga y la enemiga, la mujer y la pasión. Su hija la describe mejor que nadie:

Era delgada, hiperactiva, dueña de una memoria y una cultura extraordinarias, ávida siempre de conocimiento. Intelectual por una parte y, por otra, totalmente femenina: leía a Unamuno y tejía suéteres divinos; escribía sonetos quevedianos y preparaba un bacalao extraordinario…y bordaba en petit-point. A ella nada se le dificultaba, con excepción de conducir autos y cambiar pilas.

Fue también su hijo, quien con verdadera emoción compartió el dolor cuando Michelena murió: Jesús Cataño, escribió:

Hoy 23 de marzo, 45 años y 7 días después de que me diste el privilegio de ser, de pensar, de sentir, en suma de vivir, te vengo a dejar a esta prodigiosa morada, vastísima cuna en donde se genera el principio de la vid, de tu vida, y de mi vida. Por este mar llegaron tus padres, tus abuelos, nuestra sangre, a la patria en donde asentaron las herencias de la tribu, en donde naciste y nos diste el privilegio de nacer a nosotros.
Ante mi conforme, pero doloroso reclamo de no verte más, me has dado el mayor de los consuelos, porque no te has ido, te siento en mi cercanía, te presiento y casi te veo.
Como último don, danos tu enorme fuerza que no se dobló ni ante penas ni lisonjas, danos tan sólo un poco de tu maravillosa inteligencia y vitalidad.
Decirte adiós es, en suma, lo que más deseo;-pero con mayúsculas-, ve con él, súmate a su inmensa bondad, amor y luz, fúndete en la infinita paz de su eternidad.

Adorada Miche, que me regalaste dos veces la vida al enseñarme a desentrañar el misterio del más amado instrumento de tu ser, que son las letras; maestra y maga, como dijiste de tu tía María Mancera, te digo hasta siempre con tu propia voz:

“Madre, pegado al cuerpo tengo el brazo/en que soltaste las amarras/una noche, de un sobresalto, / cuando tus ojos me miraron/ desde el fondo del tiempo/ y como dos señales en la niebla/ se apagaron. Pegado al cuerpo, que no olvide/ siempre próximo al mío, / tu último calor. Y que recuerdo/ la suavidad de tu corteza/ el peso de tu nuca/ y el golpe final de tus venas”.

En la segunda parte del libro, desde el primer párrafo advierto que me sorprende que la poesía de Margarita Michelena esté muy poco estudiada. Si bien ha sido recuperada en antologías representativas y al navegar por internet se pueden encontrar reproducciones de sus poemas, lo cierto es que hace falta analizarla con más detenimiento y profundidad, su obra poética lo merece. Es por ello que en ese capítulo recupero la propia voz de la poeta para definirse como tal.
También se exponen las reflexiones publicadas en estudios y revistas especializadas en torno a su producción poética. Y finalmente, me atrevo a atisbar sus temáticas e inspiraciones que dieron sentido a sus poemarios. Hago referencia a que la UNAM publicó, en su colección Material de lectura, la obra representativa de Michelena y ella misma decidió hacer la nota introductoria. Nadie mejor que ella misma para denunciarse y para auto-confesarse. Contemplar sus propias inspiraciones y advertir cómo dio a luz sus palabras e inspiraciones:

El poeta, a la vez, anticipa y recuerda. Es ‒vate‒ el que vaticina. Pero asimismo el que guarda las memorias de la tribu humana. “Esto es la poesía:/ un don de fácil música ni/ una gracia riente./ Apenas una forma de recordar./ Apenas, entre el hombre y su orilla,/ una señal, un puente”. Marco Antonio Montes de Oca usó este fragmento mío como epígrafe de su libro “Las fuentes legendarias”. Es una clave mía que se sumó a sus propias leyes. Yo también entiendo que la poesía mana de esas fuentes del mito, del mito considerado como una experiencia original, como un momento que dura siempre.

Y la poesía fue durante gran parte de su vida la inspiración constante y reveladora. Le gustaba declarar que su poesía era ontológica, dirigida al ser humano y hecha por un ser humano. Se definía como una mujer de letras a la que su vigilancia, nunca en reposo, le permite advertir los prodigios del mundo, la hacen nombrarlos, dándoles nueva carga sustancial y perdurable como el acto poético que los conjura.

Cierro esa segunda parte del libro con una certeza, que uno de sus grandes poemas: Notas para un árbol genealógico. Dividido en cinco partes, narra una historia de vida, me atrevo a suponer que la suya, pero a la vez de muchas mujeres que nos identificamos con ella, con su sensibilidad y con su mirada femenina que acaricia a la vida.

El poema termina con El tiempo del ser, esa constante búsqueda de la poeta por el sentir humano, el principio y el inicio de la vida, su pasión por expresarse a través de la belleza de las palabras o la intuición de quienes la leemos como si estuviéramos ante un espejo, cierra con broche de oro uno de sus trabajos literarios que siempre que lo leo confirmo su sensibilidad y su grandeza, su humildad y su calidad humana eterna:

Sé lo que no sabía.
Lo largamente preguntado.
Que Dios me da estas palabras
Para que en ellas junte lo perdido,
Lo que se fue, lo dispersado.
Para que haya un momento
Original, sagrado,
Que dure siempre.
Para que todos vuelvan del naufragio.
Para que no me mate
El miedo de morir
Y el dolor de lo aniquilado.
Todos estamos aquí ahora.
Los próximos y los lejanos.
Los del desierto y los del bosque.
Y los del mar y los del campo.
Todos en torno de la santa hoguera.
Todos sin muerte ya, transfigurados.
Todos en la eternidad de este instante.
Todos en el secreto encendido del antro.

Finalmente, la tercera parte del libro recupera el trabajo periodístico de Michelena. A punto de finalizar el año de 1979, ella aceptó la invitación de formar parte del equipo editorial de Excelsior. Es así como el 28 de noviembre apareció su primer artículo titulado Reinar después de Morir y desde ese momento sus textos periodísticos se caracterizaron por cuatro puntos representativos:
1. Uso puntual del discurso argumentativo.
2. Estilo fuerte y, a veces agresivo, pero siempre honesto.
3. Su personalidad queda manifiesta en cada línea de sus artículos.
4. Demostró un gran dominio en el uso correcto del lenguaje.

Fueron seis las temáticas que la inspiraron:
– Vida política en México.
– Literatura (reseñas críticas de libros y perfiles de escritores)}
– Temas de interés social.
– La televisión.
– Las mujeres.
– Debates intensos con sus colegas.

Su gran iniciativa y originalidad, fueron determinantes para que en 1980 fundara un periódico hecho solamente por mujeres:

Amigos lectores: tienen ustedes en sus manos el número inicial del diario CUESTIÓN, un periódico que, por primera vez en el mundo; está realizado totalmente por mujeres. En ello radica su absoluta novedad y en ello su estilo diferente, valeroso, sencillo y claro, sin amarguras ni solemnidades y con una seriedad que no excluye la amable ligereza ni el bendito buen humor.

Vaya por delante una indispensable precisión: en CUESTIÓN no somos activistas del feminismo, aunque de ninguna manera deje de interesarnos vivamente la promoción social, económica, política y cultural de la mujer. De hecho –y prescindiendo de todos los “ismos”- podemos decir que nada de lo humano nos es ajeno y que tratamos de ver esa suprema realidad de lo humano con nuestra propia visión: total y objetivamente, con valentía y trascendencia.

CUESTIÓN tiene una noble ambición: la de contribuir a renovar e innovar el periodismo nacional aportándole el recio sentido moral de la mujer que ha sabido concurrir a la lucha por el cambio de lo que debe cambiar, y al mismo tiempo, ha preservado aquellos valores sociales y humanos que escudan de la indignidad y se oponen a la corrupción que, por desgracia, se extiende a todas las esferas de la vida y la actividad y que empieza en las palabras para contaminar en seguida la conducta.

CUESTIÓN es pues un diario que sale a la luz con una fe muy sólida y justificada en la integridad moral, en la conciencia social y en la capacidad intelectual de las mujeres. Para dar prueba de esa realidad tan alentadora que queremos hacer aquí un periodismo noble, independiente y claridoso, que nos permita cumplir con el fin supremo de nuestra profesión: promover con la verdad de la información y su análisis, esa salud social que tan en peligro ponen el sentimiento de la opinión y la manipulación de la noticia.

Estas palabras, cada texto periodístico, cada poema, cada testimonio recuperado en este libro simplemente quieren hacerle un homenaje a esa Margarita fue poeta y escritora. Sensible y exquisita. Periodista y crítica. Mirada sagaz y tono mordaz. Diva del viento, bella y airosa. Una poeta auténtica que logró advertir sin tono trágico, pero sí con voz orgullosa que nada es suyo, ni sus cabellos, ni su sonrisa ni su nombre porque “nada de lo que es mío ha nacido conmigo”.

Ojalá deseen conocer la historia de Margarita Michelena, una historia que escribí con la pasión que ella me contagió. Los invito a leer: “Margarita Michelena: poeta y periodista” (2018), libro editado por la Universidad Autónoma del Estado de Hidalgo.

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