¿Cuántos tatuajes llevamos en la piel? Yo tengo el cuerpo cubierto de ilustraciones que nadie puede ver, imágenes que se mueven y cuentan sus propias historias de amor, de odio, de dolor y alegría; las voces de sus protagonistas resuenan en cada poro de mi ser, carentes de tinta pero llenas de sentimientos, esas imágenes cobran vida con la llegada de la luna, son las marcas de cada experiencia de mi vida.

Mi pasión son aquellas imágenes que narran una historia especial, como el gato que lleva en el antebrazo mi maestro de ojos tornasol, o las estampas que marco todos los días en la piel de mi amigo David, para recordarle la pasión que siente por su profesión o también aquellas notas musicales que esperan ser tatuadas en el cuello de Mafi, mi amiga apasionada por Metallica y que por mi deficiente memoria no he podido realizar.

Sin embargo las ilustraciones que más disfruto son las que se esconden a simple vista, aquellas huellas de corazones rotos, de travesuras infantiles, de tardes lluviosas inundadas por la melancolía y de batallas perdidas por la ira, esos dibujos que son prueba de la fuerza, la presencia, la bendición o la condena de las personas, imágenes que me intrigan y que intento descifrar desesperadamente para al mismo tiempo encontrar las difíciles respuestas de las marcas que lleva mi piel.

¿Qué pasaría si escucháramos las voces ocultas de los tatuajes?, ¿si al mirar la piel virgen de un hombre tatuado, aparecieran reflejadas nuestras vidas, el cómo viviremos y también el cómo moriremos? El escritor Ray Bradbury plasma esas voces a través de las 18 historias que comprende su novela El hombre Ilustrado en cuyos poros encontramos, las voces de los amantes que huyen al pasado, los gritos de amor de un hombre mecanizado, y las risas de terror de una infancia sin límites donde el homicidio se convierte en juego.

Bradbury convirtió a la lógica en la poesía de hombres que buscan convertirse en polvo de estrellas, para unirse a las joyas que conforman la galaxia, de robots sustitutos que se enamoran a pesar de carecer de alma, historias que llenan las páginas de las bondades y maldades de estos personajes, que las mágicas agujas de una bruja ilustradora de la piel dejó plasmadas como orgullo y maldición en el hombre ilustrado.

Cada historia, cada vivencia, cada pequeño paso que damos en la vida ha quedado marcado en nuestra piel, algunos los plasmamos con ayuda de las agujas, mientras que el resto permanecen ocultos, nos recuerdan los aciertos y los errores que cometimos, pero si eliminamos esas memorias ¿que quedaría? ¿Acaso esas ilustraciones invisibles no son parte de nosotros? ¿A dónde irían las voces de rebeldía, los besos de un amor fugaz, las lágrimas que derramamos por la muerte de un ser amado, las cicatrices del odio que nos recuerdan que demos perdonar y las sonrisas compartidas? Dime, ¿A dónde quedaran todas las memorias que removimos con lejía, para negar lo que se lleva en la piel? Acaso no terminaríamos como mujeres y hombres en blanco, sin una historia que contar, sin un pasado y un futuro al igual que el hombre ilustrado, cuyas voces son ajenas a su piel.

Yo solo sé que a través del Hombre Ilustrado he aceptado cada una de las imágenes que por mi propia mano he tatuado, aquellas que se harán visibles una vez que los rayos de la luna acaricien mi piel esta noche de otoño. Así que te propongo susurrarme las historias de los tatuajes que lleva tu cuerpo.

Hacer Comentario

Su dirección de correo electrónico no será publicada.