(después de)

 

LA ROMA en la CDMX es una linda colonia de ese México del siglo pasado con habitantes jóvenes (nueva pequeña clase media emergente), camino buscando una cantina para beber una cerveza mientras espero a un buen amigo, de esos con los que chocas intelectualmente una y otra vez pero siempre es gratificante platicar, reír, beber una cerveza  y discernir. Mi destino final después de esta amena parada es la UNAM, esa universidad que durante algún tiempo fue la cuna del conocimiento mexicano, hoy los focos de pensamiento se han pluralizado, hoy la educación tiene otros destinos y otros institutos influyentes.

El Metrobús avanza con fluidez, siento rebotar los baches en mis riñones, siento la cerveza en mi estómago, el Sol cae de frente, a mi izquierda la Torre de Rectoría, bajo en la estación adecuada, no hay gente, no es un mitin de grandes dimensiones como aquellos a los que asistimos cuando estudiantes, Pumabús Ruta 9, nos lleva a la Biblioteca Central, a lo lejos una voz anuncia a dónde ir, alineados con el mosaico del edificio, un escenario, una congregación de centenares de personas esperan/esperamos escuchar a la candidata independiente del Consejo Nacional Indígena (CNI). A diferencia de la vez pasada, cuando pudimos estar en presencia de la aspirante en Tulancingo, Hidalgo, aquí se nota mayor organización, mesas de registro enmarcando el mitin, se siente esa fiebre juvenil de gritar consignas, de luchar desde la banca del aula por esos derechos que, nos dijeron, tenemos.

Uno a uno habla de los concejales que acompañan, cuentan los dolores de las diversas latitudes de México, los temas que se proponen son desapariciones y feminicidios, temas que a lo interno de la UNAM toman fuerza, minutos antes de que tome la palabra la vocera del CNI, la madre de Lesby, joven asesinada al interior de la universidad,cuenta su historia, «¡no fue homicidio, sí feminicidio!», gritan voces furiosas. La hora ha llegado, Marichuy toma el micrófono y su hojas escritas a mano: «Me permitiré leer una carta a ustedes» y pide permiso, guardamos silencio, mencionó a los estudiantes de’1968, de 1986, de 1999, habló de un mundo donde las mujeres toman el mando, donde se organiza desde abajo y a la izquierda.

La noche nos ha abrazado la voz de la indígena de Jalisco, se vacía en una explanada iluminada tenuemente, los jóvenes esos que se mencionan en los discursos desde el templete suben a los transportes, algunos indiferentes, otros gritan lemas de luchas lejanas, la vieja guardia artística de izquierda se deja mirar, así como la comunidad de la diversidad sexual, algunos jóvenes escuchando, otros estando allí. Al terminar el discurso se oyen aplausos, risas, porras, pero falta algo, falta realidad, en lo alto se lee una manta que reza:

 

Venimos a hablar de lo imposible porque de lo posible se ha dicho demasiado

 

Quizá debamos dejar la metáfora para escribir en tiempo real. Siguieron hablando padres de alumnos suicidados en la UNAM, recordé una plática con una amiga del cono sur, cuando le pregunté del caso Nisman, acá dicen los medios que se suicidó. «Pues sí Che, más bien lo suicidaron». En el sistema de justicia actual pareciera que hay recelo a ciertas palabras, feminicidio, por ejemplo, es difícil que los gobiernos en sus tres órdenes acepte que existe un problema de feminicidio en México, los casos no se tipifican como debieran, pero se tiene cuidado en usar la tipificación correcta, es más sencillo tratar de explicar a la sociedad que un individuo se suicido porque tenía problemas de drogas o depresión o económicas o mentales o… o… que entender que existen mecanismos de expulsión/desecho de las personas, que existen patrones de comportamiento que se convierten en actos continuos en una sociedad. La violencia contra la mujer existe y está palpable, no es algo gracioso o que se deba minimizar porque no me gusta sentir que mis amigas no puedan tomar un taxi a las horas que quieran de la noche, ¿en qué grado de tensión nos encontramos con respecto al otro? Por otro lado, la mayor causa de muerte en jóvenes varones es por homicidio y muerte violenta, el país se ha sumido en un espiral de violencia.

Es en esta oscuridad donde la candidata independiente viene a hablar de lo olvidado, de las causas pequeñas que son muchas. En el templete, la mamá de una mujer asesinada en un hotel de Tlalpan grita el nombre de quien ellatrae identifica como el asesino de su hija, se vuelve a escuchar: «¡no fue homicidio, fue feminicidio!». A la mujer se le sale la rabia y las lágrimas, se hace un silencio en esta noche, a continuación León Chávez Texeiro (mi relación con este cantautor data 17 años atrás, un disco comprado en una feria pro EZLN en 2001 y tanto tiempo después por fin lo veré en vivo), «aquel canto campesino… levántate mal obrero… escupe la mano del amo», el sonido es pésimo, ellos, los músicos, no se escuchan, de este lado cantamos en voz baja, la gente se ha ido, comienza a hacer frío.

Esperando el Metro que lleve a la Central del Norte, recuerdo lo visto, pienso en las posibilidades reales de que un movimiento como el de Marichuy logre algo, cerca de 50 mil firmas de las 900 mil que dice el INE en su página oficial, qué lejos está el destino, ¿entonces qué busca este movimiento? ¿Quién lo comanda?¿Quiénes lo apoyan? ¿Qué sector de la población encontramos que comparte las ideas y postulados de los pueblos indígenas? Diría un amigo: «lo indígena vende chingón», a mi parecer el pensamiento de  izquierda y parte de la juventud son quienes comparten esta nostalgia de un nuevo mundo, de una nueva organización, pero si, como dicen los libros de historia, el modelo económico es el que manda, el sistema siempre se impondrá, pero creo que allí es el punto a favor de este proyecto, desde un inicio no se ha planteado que Marichuy entre a boleta, lo que se ha planteado es crear lazos de trabajo que integren tópicos olvidados por las mayorías, tópicos simples dirán: desplazamiento y territorio; jóvenes y niños; mujeres y participación; autonomía; diversidad sexual… lo que busca es desarrollar un programa de formas de trabajo constantes, no de templetes llenos de artistas, no de jóvenes con dinero de sus padres en las bolsas diciendo que ya estuvo de la situación del país, lo que se necesita son manos y cabezas que estén dispuestas a accionar, a enseñar, a aprender a respetar la diversidad con la que vivimos.

Recuerdo alguna asamblea, cuando se leyeron las mesas de trabajo que proponía el CNI, un viejo amigo punk me dijo riendo: «esas propuestas nosotros llevamos luchándolas desde siempre», y es allí donde todo toma forma, el movimiento propuesto por el Concejo Indígena, en apariencia, busca integrar todos estos dolores para visualizarlos y crear una conciencia colectiva, la cual no se logrará con llevar a Marichuy a la boleta electoral para presidenta de la nación, la forma de cambiar es una utopía que ni corriendo se alcanzará.

En días anteriores se ha aceptado una ley que permite el uso de las fuerzas armadas en las calles, un golpe bajo para esta sociedad que busca manifestarse. Éstos cambios se dan justo antes de un periodo electoral, el Estado se prepara para una guerra, pareciera, ¿qué nos depara el destino a los que tememos a un Estado represor? El poder no se contiene, se ejerce. Algún día escuché: «épocas de importancia vienen para el país que pueden por medio de los mecanismos establecidos por la democracia decidir su destino», parte importante de la decisión de quien nos ha de gobernar a partir de diciembre de 2018 está en un segmento desinteresado en la política, uno que está interesado en el culto a la selfie, la era del narciso, dice Lipovetsky.

El camino a Marichuy me llevó a pensar de nuevo como sociólogo, a tener ganas de regresar a la observación y a la vez al texto de buscar soluciones, quizá absurdas, y a botepronto, pero al menos pensarlas, como  que la solución no está en la segmentación del voto, si no en las posibilidades reales de encontrar un voto consiente o al menos ejercido por un segmento poblacional que rebase los 50 millones de votantes, que quien quede en ese puesto importante de la dirección del país cuente con una aceptación de más del 50 por ciento del voto, una segunda vuelta podría ayudar en este punto, la brecha descubierta de los candidatos independientes se presenta como un fenómeno de análisis, unas elecciones sin antecedente se llevarán a cabo en México en 2018. Las fichas se han movido, temas importantes llaman a ser discutidos por los candidatos, como la política antidrogas, la política migratoria y monetaria, la desaparición del TLCAN… Debemos buscar los electores, preguntas también debemos hacer.


QUÉ LEER: Historia Mínima de México. COLMEX- Universidad Veracruzana.

QUÉ OÍR: Colin Stetson –  New History warfare 2

       

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