Con El sueño de la oruga, Alma Angélica abrió la puerta a volar, nos mostró que la vida siempre regala sorpresas al grado de cumplir nuestros sueños

PACHUCA, Hgo., 27 de enero de 2016.- Miedo, sueños y la idea de volar surgieron la noche de este martes, en el segundo día del Festival de Narradores Orales en Hidalgo.

Con camisa vistosa, paliacate al cuello y sombrero colorido y emplumado, Alfredo Ávila regaló la historia de la bruja de Cubitos. Berenice es controladora y loca, siempre aturdía a su novio Alan. Comenzó a hostigarlo cuando decidió dejarla. Tanto lo siguió que cuando él se lastimó una pierna y subió a la ambulancia, asustado cayó en cuenta que la enfermera era Berenice. La camioneta sin conductor probó la leyenda.

Ávila Tamayo relacionó el cuento con la cultura del miedo, el que vivimos día a día. “Un país con miedo es más fácil de tenerlo controladito”, dijo en el remate de su presentación.

Alma Angélica Tinoco vertió dos grandes mensajes a través de los cuentos que narró, el primero en El equipo de don José: contra todo pronóstico Ericka, una mujer, juega futbol, desafió las ideas arcaicas, alzó la voz porque las mujeres no sólo atienden las cosas de la casa, ellas pueden estar en todo.

“Si tienen niñas fomenten en ellas todas las actividades, de ustedes depende hacer mejores ciudadanos”

Con El sueño de la oruga, Alma Angélica abrió la puerta a volar, nos mostró que la vida siempre regala sorpresas al grado de cumplir nuestros sueños, como pasaba con la pequeña oruga en quien nadie creía con su “tonta” idea de volar, pero ella siguió con la convicción, y sin darse cuenta se convirtió en una gran mariposa que volaba y volaba.

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Florencia Carmina de Nayarit, robó carcajadas a la audiencia con la historia de un mujeriego que revivía y tocaba campanas encima de su tumba. También tocó el corazón con la historia de Rebeca, quien vendía cocadas en un puerto de carga, en el que conoció a un bien parecido marinero, con quien prometió casarse. Lo esperó hasta que el mar la llevó a sus entrañas para unirlos por siempre.

Para cerrar, de grandes botas negras y con ademanes del Japón apareció Guillermo Henry, hidalguense, en su paso explicó parte de la cultura japonesa, de sus narradores orales y compartió el mito de los dioses primigenios, Susano y Amaterasu, Dios de las tormentas y Diosa del Sol, quienes a través de su historia dan sentido a la bandera nipona.

Henry expresó su orgullo por ser hidalguense y cerró el día con el Sueño de la mariposa:

“Chuang Tzu soñó que era una mariposa. Al despertar ignoraba si era Tzu que había soñado que era una mariposa o si era una mariposa y estaba soñando que era Tzu”

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