Me gusta viajar, conocer otros lugares, costumbres diferentes; me gusta la comida, prepararla y degustarla.

ME gusta el sonido de las aves por la mañana, me recuerda mi infancia y cómo esos cantos indicaban que el ciclo del día había comenzado. He vívido en 4 casas distintas y siempre ese trinar me hace pensar que aún con el paso del tiempo y las circunstancias, si ellos cantan, yo puedo renovarme también, cada día, todos los días.

Me gusta el café, me gusta escribir, leer, desplazarme caminando, ya que me ayuda a pensar; me gusta observar, hacer historias con lo que veo y escucho; me gusta el lenguaje, su significado y significante; me gusta la comunicación en todos los sustentos materiales; me gusta la semiótica, la lingüística, la neurociencia y la filosofía; me gusta aprender, me gusta mi trabajo y la vinculación que con él se logra; el ramo educativo es siempre un vehículo propicio para la revolución.

Me gusta el silencio de la noche y cómo Kafka busca el intersticio entre el sueño y la vigilia, donde por microsegundos el pensamiento se transforma.

Me gusta viajar, conocer otros lugares, costumbres diferentes; me gusta la comida, prepararla y degustarla; me gusta conocer y reconocer a las culturas prehispánicas que no son vestigios como las pirámides que los turistas visitan, sino corazones latiendo para recomponer el mundo. Me gusta la cosmovisión ancestral de los pueblos originarios, la dignidad con la que se conducen, el amor a la tierra y al entorno; me siento privilegiada de poder ser testigo de su sabiduría, guardo un profundo respeto por sus tradiciones.

Me gusta la música, escucharla cuando trabajo y cuando cocino; me gusta cantar, aunque no lo hago tan bien como mi hermana; me gusta descubrir nuevas bandas, música del mundo, me gusta el jazz, el reggae, la música de protesta, la trova y el canto latinoamericano. Me gusta el arte, todas las expresiones artísticas, aunque me inclino más por la literatura, pintura, fotografía y cine. El arte permite al ser humano habitar universos creados por su imaginación, realidades alternas a la cotidiana, el arte es la mejor expresión humana.

Me gustan los alcatraces.

Me gusta el calzado cómodo, un par de buenos zapatos que me sirvan para ir y venir por doquier, no uso tacones altos porque a mi parecer se lidia con demasiadas cosas al ser mujer como para encima tener que hacerlo en tacones de aguja; si quiero cambiar de perspectiva puedo trepar árboles, romper techos de cristal o construir puentes firmes con otras mujeres. Me gusta ser mujer, aunque mucho en nuestro género sea mezcla de dolor y vida: la menstruación, el primer coito, el parto, amamantar, crecer, envejecer o romper paradigmas. Me gustan las mujeres que luchan por nuestros derechos.

Me gusta la melancolía, creo que es mi estado natural, las mejores letras que he escrito han sido siempre con un tinto en la mano y una tristeza abrazándome; no una tristeza enorme de esas que no te permiten pensar, no un dolor asfixiante o nauseabundo, solo una pequeña nostalgia sentada a mi costado.

Me gusta la iteración, como se repiten una y otra vez los sucesos, las palabras, las cuadriculas de un piso, los sonidos, patrones estilizados que cubren cualquier superficie; todo en la vida se reverbera .

Me gustan mis amigos, que a lo largo del tiempo me regalan su solidaridad y amor. Amigas y amigos, algunos con 25 años de conocernos y otros con apenas dos, me recuerdan siempre pensar “fuera de la caja”, me recuerdan quién soy, me hacen reír o encabronarme, me hacen esperarlos porque la mayoría son impuntuales, me hacen reflexionar y retractarme si he cometido un error, son mis mejores críticos y aliados, son la familia que elegí.

Me gusta Camilo, desde la primera vez que lo vi me gustó. Amo sus ojos de cafés, su sonrisa amplia que logra sin duda hacer claudicar mis enojos, aún no descubro cómo enojarme con alguien que sonríe todo el tiempo. Amo sus manos que me sostienen, amo arder con él, debatir, caminar juntos; amo los periodos de silencio donde nos acompañamos o sus gestos salidos de la nada que siempre me hacen reír y al resto le hacen pensar que estamos locos.

Me gusta el sonido de la risa de mi hija y, aunque se parece a su padre, cuando sonríe lo hace como yo, me encanta su risa, sus pasitos pequeños que huyen de dinosaurios imaginarios que encuentra en la ciudad contagiando en su búsqueda a algunos transeúntes. Me gusta que baile sin necesidad de escuchar música, que enuncie magia con sus palabras al contarme historias interminables de superhéroes y monstruos; que sea curiosa, que sea sensible y que me mire a los ojos cuando habla.

Me gusta Tania.

Sobre El Autor

Tania Martínez Suárez
pros_critos@hotmail.com

.mujer.esposa.madre.hija.hermana.amiga. Interesada en seguir aprendiendo, amando y creando; me conmueve y compete todo lo que conlleva el acontecer humano, me encuentro en constante proceso de cambio y creo firmemente que las cosas pueden cambiar con ayuda de todos

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