Elisa Acuña Rossetti. Prisión y Libertad

 

LAS FRÍAS paredes de la cárcel de Belén fueron testigos del carácter independiente y valeroso de una maestra llamada Elisa Acuña Rossetti (1887), mujer que desde la adolescencia ya se había convertido en una luchadora constante contra el gobierno de Porfirio Díaz.

En la penumbra de la prisión ella hizo amistad con Juana Gutiérrez de Mendoza, quien se convirtió en su mejor amiga, y con Dolores Jiménez y Muro, un ejemplo para seguir en la lucha. Precisamente por ambas mujeres se tienen datos de la vida de Elisa Acuña. Si bien se dice que nació en Mineral del Monte, Hidalgo, se ignora la vida familiar que llevó durante sus primeros años de vida, pero existe información que se reitera una y otra vez: fue maestra, fue una destacada revolucionaria y una mujer rebelde.

Así, la cárcel que podía augurarle peores tiempos y presionarla para asustarla o alejarla de los movimientos sociales más bien la motivó a enfrentar un destino lleno de osadías. Perder la libertad la convenció de lo importante que era defenderla, por eso buscó compañías que alentaran sus ideales y espacios que difundieran sus opiniones. Sin duda alguna, halló similitudes en El Club Liberal Ponciano Arriaga y encontró en el periodismo la mejor manera de hacer públicas sus denuncias, por lo mismo fundó su propio periódico llamado Fiat Lux y colaboró en diversas publicaciones como Vésper, La Voz de Juárez, Sinfonía, La Guillotina, Combate, Anáhuac y Nueva Era. Su primer acercamiento al periodismo fueron los textos en contra de Díaz que publicó en el periódico Excélsior, de Veracruz, a la edad de 16 años.

A diferencia de sus antecesoras, Elisa Acuña aprovechó el periodismo para hacer crítica política y proselitismo, no para referirse únicamente a la situación femenina y menos aún para publicar poemas o recetas de cocina. Junto con Juana Gutiérrez de Mendoza se convirtió en una de las primeras mujeres mexicanas que aprovechó los espacios periodísticos para manifestar una posición ante los sucesos políticos nacionales. De esta manera dio a conocer públicamente su absoluta oposición a Díaz con un tono tanto audaz como sarcástico.

En cada acción que realizaban los liberales mexicanos encabezados y en cada documento que firmaban estaba presente Acuña. Sin embargo, cuando el grupo liberal huyó a los Estados Unidos ella y Gutiérrez de Mendoza fueron apresadas. Durante ese tiempo Elisa enfermó seriamente, su amiga Sara Estela Ramírez en una carta manifestó su gran preocupación por ellas y las llamó mártires de la libertad.

 

Los Flores Magón llegaron a acusarlas de mantener relaciones lésbicas y que por esa razón las rechazaban con repugnancia

 

Cuando lograron unirse en el exilio a los liberales, los problemas entre todos ellos empezaron y tal fue la diferencia que ambas mujeres tuvieron con los Flores Magón que éstos llegaron a acusarlas de mantener relaciones lésbicas y que por esa razón las rechazaban con repugnancia. La actitud de sus compañeros las decepcionó y después de argumentar públicamente en su defensa, las dos amigas decidieron alejarse de ellos.

Separada de los Flores Magón, Elisa Acuña apoyó con otros liberales a Madero. En 1911 junto con Camilo Arriaga y Juana Gutiérrez prepararon una rebelión contra Díaz, a este momento se le conoció como el segundo Complot de Tacubaya. Si bien el movimiento fue traicionado y los implicados encarcelados, Madero consiguió una amnistía para ellos. El 11 de octubre de 1911, Elisa Acuña fue una de las mujeres que firmó el Plan de Tacubaya.

Probablemente la actitud de Madero y sus propuestas provocaron que se identificara con la causa y recibiera con gusto el triunfo del llamado Apóstol de la Revolución. Pero, eso no impidió que observara los errores del nuevo presidente. Tuvo una larga entrevista con Madero en la que de manera directa y precisa advirtió que los discursos no eran suficientes para evitar la reelección, a su juicio lo que se necesitaba era activar trabajos encaminados a la práctica revolucionaria y para tal efecto le informaba que con sus propios recursos fundaría un periódico para apoyarlo. A los pocos días creó La Guillotina. Después del asesinato de Madero, a través de diversas publicaciones, Elisa Acuña realizó una intensa propaganda en contra de Huerta, por lo que fue nuevamente encarcelada. Al salir de prisión encontró un país muy dividido, pero la propuesta zapatista le pareció congruente y justa, por lo tanto, partió a Morelos.

En 1914 se unió a Zapata. Fue soldadera, pero no pudo conformarse con permanecer detrás de la línea de batalla para cocinar y cuidar de un hombre, prefirió tomar el fusil con firmeza, dominio y valentía. Luchó en el campo de batalla al mismo tiempo que continuó difundiendo sus ideales en diversas publicaciones periodísticas. Sus energías estaban absolutamente concentradas en la defensa de su pueblo y seguramente se transformó en esas mujeres descritas en los corridos de la época:

 

Prometieron no derramar ni una lágrima por sus hombres muertos hasta que las semillas de la libertad estuvieran firmemente sembradas entre la gente

 

Poco después se integró al gobierno carrancista y fue reconocida por el Jefe Constitucionalista no sólo con una pensión sino con algún puesto administrativo, privilegio del que gozó durante los siguientes gobiernos posrevolucionarios. Al finalizar la guerra tuvo cargos directivos en el Consejo Feminista y en la Liga Panamericana de Mujeres. Al igual que muchas de sus contemporáneas se dio cuenta que la Revolución no había beneficiado a la población femenina, la cual continuó sin ser considerada como una ciudadana con derechos, entre ellos el voto, motivo por el que se unió con personalidades como Julia Nava, Luz Vera, Elena Torres y Eulalia Guzmán. Todas ellas feministas declaradas y luchadoras incansables que a través de una publicación llamada La Mujer acusaban a los hombres que hicieron el movimiento revolucionario de no haber reconocido su valor y afanes en los campos de batalla y expresaron:

 

Queremos a la mujer fuerte, instruida, compañera de trabajo, ni esclava ni tirana. Queremos la emancipación de la mujer y la libertad de la humanidad

 

A la par de su lucha feminista se integró al trabajo burocrático en el Departamento de Prensa de la Biblioteca Nacional. Durante el gobierno de Lázaro Cárdenas fue directora de la Hemeroteca Nacional. Al parecer nunca se casó, ni tuvo hijos, ya que ningún biógrafo lo indica. Murió el 12 de noviembre de 1946.

 

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