Su lumbre marcha a nuestro lado para levantar el puño contra la guerra y toda dictadura, contra todo monstruo que llega al poder, toda alma sin alma que es capaz de matar sin piedad.

 

ME aferro a cada página del libro Mujeres de Fuego y me incendio con ellas, antorchas de vida. El calor de su pasión logra envolverme, su lucha se hace mía, su valor me da valor. Sufren, pero su fuerza es mil veces más fuerte que el dolor, que las amenazas, que las balas, que todas las dictaduras, que todos los ejércitos, que la misma muerte. Sus almas arden eternamente, por eso hoy y siempre se debe recuperar su historia, tenemos que volverlas a escuchar, palpar su voz, hacer fogatas de eco, humos mensajeros, cenizas que no permiten el olvidar.

Las Mujeres de Fuego pueden tener todos los nombres, ser ellas y hacernos repetir nosotras, son las otras que se convierten en espejo, en yo misma en otra voz. Se pueden llamar Gloria y Fanny, logran reinventar nombres como Gladys y Danielle, las bautizamos como Nélida y Nidia, nos estremecen si decimos Rigoberta, Sara, Olga… Y de verdad nos persignamos con toda sororidad al decir Manuela, Frida y Rosario.

Mujeres de Fuego representan miles de soles que nos calientan, lunas que nos queman, girasoles que arden, velas que nos iluminan. Representan ese fuego que siempre llevamos dentro para seguir con vida, temperatura que sube para sacudirnos, cautivarnos, conmovernos, admirarlas.

Y son tan generosas que puedes atraparlas, que, aunque les ofrezcas agua, no apagan su sed de paz; que, aunque soples muy fuerte, no paran de mantener su flama de libertad. Lenguas de fuego que saborean el triunfo por el que lucharon con tenaz fervor. Retuercen leños bajo el calor intenso de su esperanza. Su lumbre marcha a nuestro lado para levantar el puño contra le guerra y toda dictadura, contra todo monstruo que llega al poder, toda alma sin alma que es capaz de matar sin piedad.

Son generosamente tan luminosas que no te ciegan ni te queman, se quedan juntito a ti, como el calor de una chimenea y te cuentan historias de amor, arte y militancia. Se identifican tan bien entre ellas, que se comparten sus historias, confiesan su arrojo, pero también sus miedos, se escuchan con atención y respeto, se dan la voz unas a otras, convierten sus palabras en quinqués de flamas serenas y locas, arrojadas y tranquilas.

Sí, solamente una mujer de fuego sabe escuchar a otra mujer de fuego; es otra mujer de fuego la que puede convertir las llamas de las otras en palabras claras y precisas, en chispas de discursos conmovedores, en testimonios de ardor, en energía que libera su voz para escucharla siempre, para no olvidarla, para contagiarse de su fuerza que luchó contra todo y ha vencido, hasta a la propia muerte.

Y hoy, está aquí una mujer de fuego que liberó su energía en forma de calor periodístico y a través de la entrevista, de la charla sensible, del diálogo solidario, de la conversación inteligente, hizo hablar a tantas mujeres de fuego, que han incendiado mi alma de mujer, y yo espero que cuando lean Mujeres de Fuego, también provoquen muchos fuegos de grandes proporciones para que nadie nos apague, para que provoquemos incendios de paz y libertad.

Esa mujer de fuego que ha dado voz a las otras mujeres de fuego se llama Stella Calloni, periodista y escritora, especialista en política internacional e investigadora, poeta y narradora. Reportera en todo el sentido de la palabra y corresponsal de guerra. Mujer de Fuego que en la introducción de su libro nos describe con generosa precisión, quiénes son para ella las mujeres de fuego:

Los mundos distintos y distantes las acercan a través de la palabra escrita o hablada, pero siempre incendiada. Como mujeres de fuego que son, dejan y dejaron llamas por donde caminan y por donde caminaron.

¿Qué las une y qué las diferencia? Las une la misma voluntad de resistir injusticias, dogmas, dominaciones de todo tipo, incluyendo las de género que tanto abundan aún.

Stella Calloni reunió entrevistas que como ellas misma lo dice avivan “las llamas de otros tiempos de búsqueda y de justicias que no llega, de liberaciones necesarias y urgentes”. Así, nos permite regresar a esos años de cólera, que a veces insisten en regresar, las dictaduras que han manchado de sangre a nuestra América Latina: Chile, Argentina, Nicaragua, El Salvador, Guatemala… Tantos países hermanos, entre guerrillas y balas, entre muerte y dolor, pero también de actos heroicos y justos, de utopías posibles y de imposibles quimeras, perfectas e imperfectas.  Ahí en esos remolinos, las mujeres de fuego.

Así Gloria Gaitán hereda con pasión la fuerza rebelde de su padre que enfrentó al poder en Colombia, su padre, al mismo que sembraron, no que te enterraron. “No le digo tumba -le confiesa Gloria a Stella- sino zurco, con z que viene de zurcir, Gaitán está sembrado porque cuando florezca será zurcido el tejido del país, que se desgarró. La placa dice: 1903-infinito. Distribuimos semillas, y todo esto tiene que ver con su concepto de que no existe la muerte”.

Y como buena zurcidora de historias, nuestra periodista nacida en La Paz, Argentina, puede hacernos palpar los 100 años de Fanny Edelman, dirigente del partido comunista argentino. El estilo y la sensibilidad de Calloni nos permiten escuchar la voz de Gladys Marín aquel 11 de septiembre de 1973, durante el golpe de estado en Chile, una voz que defendía con desgarradora convicción a mantenerse em el puesto de combate.

Admiro la capacidad de Stella para hacer evocar a sus entrevistadas los días difíciles, siempre con respeto y absoluta sensibilidad. Ella comprende su dolor, palpa su fuerza, por eso es capaz de preguntar a Nidia Díaz, comandante del Frente Farabundo Martí para la Liberación Nacional: ¿Sigues recordando aquel trágico 18 de abril de 1985? Y obtener una respuesta incendiaria:

Imposible olvidar. Como no se olvida lo que vivió nuestro pueblo en ningún momento, en ninguna circunstancia. Recuerdo la sorpresa, el bombardeo, los aviones sobre nosotros, la disparidad en todos los aspectos, incluso en el lugar sin defensa donde estábamos. Nosotros no teníamos ninguna posibilidad de defensa. Fue todo tan rápido. Yo atiné a disparar frente a esa situación, a responder como se pudiera. En ese mismo momento uno decide morir combatiendo, ya que iba a ser un enfrentamiento desigual. Recuerdo que traté de ubicarme mejor. Es difícil rearmar en la memoria todo ese momento, porque se sucedía con una rapidez que no siquiera el dolor de las graves heridas podía sentirse. Fue justo cuando traté de buscar un lugar más protegido para continuar disparando, cuando vi aparecer los helicópteros delante de mí. Imposible escurrirse, esconderse, estaban ahí volando en círculos. Mis piernas estaban heridas y tenía un brazo quemado y también ya había entrada la bala que aún sigue en mi espalda. Recuerdo que trataba de pensar rápidamente y recordé a compañeros que habían sido dados por muertos, y permanecí inmóvil, sin respirar casi. Pero fueron miles de balas alrededor y las esquirlas también se me metían al cuerpo. Y ahí fue la bomba, lo que sentí último, y ya mi cuerpo saltó en el aire…

Una periodista logra un testimonio así cuando es capaz de escuchar con respeto, cuando sabe preguntar con el alma, y no graba solamente la voz de su entrevistada, sino que escucha cerquita los latidos de su corazón, y Stella Calloni es una periodista, así sin adjetivos, sin superlativos, no los necesita, porque cuando una entrevista se graba en tu alma, es una entrevista hecha con amor, respeto y sensibilidad. Así son cada una de las entrevistas que encontramos en este libro. Discretamente en un decoroso y necesario segundo plano, nuestra periodista de corazón, da la voz, gana la confianza porque no interroga, conversa, dialoga, demuestra el interés y el respeto por quien le comparte pedazos inolvidables de su propia vida.

Su forma de conversar logra que Rigoberta Menchú, Premio Nobel de la Paz, le confié que no quiere estar sentada detrás de una vitrina, sino que quiere seguir luchando por su pueblo.

Su manera de investigar el perfil de sus entrevistadas le permite ofrecernos los detalles necesarios para conocer su trayectoria y admirarlas y estar cerquita de ellas en los tiempos difíciles, en el miedo y en la fuerza, en la tenacidad y la esperanza. Ahí está la historia de Sara Méndez, perseguida y exiliada argentina, a quien el Comando de la operación Cóndor le arrebató a su bebé de 20 días nacido. Llevada a un centro clandestino, conoció el horror de las torturas, la agonía de tanta gente torturada, pero su tortura fue de una agonía más cruel y fatal, sin su bebé, buscarlo un año, otro año, cinco años, diez años, veinte años, 26 años.

Las nueve entrevistas tienen esa intensidad, ese fuego a veces sereno y otras veces loco, siempre valiente y constantemente incendiario. Yo les he compartido las que más me conmovieron, con las que me aferraba a este libro admirando sus chispas y sus centelleos, llenando mi aire de relámpagos, alumbrando mi alma.

Pero Stella además de compartir estas nueve entrevistas también reconstruye la historia de tres mujeres ya inmortales: Manuel Sáenz, la amante de eterna de la libertad; Frida Kahlo, la que irradiaba hechizos; y, Rosario Castellanos, la mujer viento.

En cada página, el viento sopla a nuestro favor y las mujeres de fuego provocan admiración, pasión, espejos e inspiración. Pero, hemos logrados palparlas y conocerlas gracias a esta mujer de fuego que hoy ilumina este escenario, una mujer ya testigo de la historia, escritora por siempre de historias, periodista que da voz con generosa sororidad, reportera por vocación, entrevistadora que logra en sus conversaciones, cantos en el fuego, cabalgatas de llamas, frases encendidas, mujeres de fuego.

Gracias Stella por compartirnos tu pasión periodística, gracias por permitirme mostrarles a mis estudiantes de periodismo cómo se trabaja con el fuego en las entrañas, bajo lluvia incendiaria, con toda la intención de compartir tu fuego para nunca apagar nuestra sed de saber, de conmovernos, de mirarnos en las otras, las mujeres de fuego, antorchas ellas mismas, antorchas que deseamos tomar para alumbrarnos, para inmolarnos, para contagiarnos de fuegos eternos de periodismo, de historias de amor, arte y militancia.

 

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