Si pudieras regresar 11 años atrás y preguntarte dónde estabas y qué hacías ahí, ¿qué recuerdas?

ESTAS fueron algunas de las preguntas que planteó la Corte Interamericana de Derechos Humanos a cinco de las víctimas que denunciaron tortura sexual en el operativo de San Salvador Atenco hace 11 años, allá en 2006. Oí el juicio completo y lloré, lloré al escuchar a cada víctima y me hice la misma pregunta, ¿qué hacía hace 11 años en mi vida?

Recuerdo que en 2006 tenía 21 años, estudiaba Artes Plásticas en Texcoco y trabajaba los fines de semana de mesera en un restaurante de la carretera Lechería-Texcoco. Ese año el público estaba impresionado con la noticia del Pajarito, un toro que saltó del ruedo hasta la segunda fila de las graderías lesionando a 11 personas. Ese mismo año se hablaba de la captura de la asesina en serie Juana Barraza Samperio, mejor conocida como la Mataviejitasella confesó que había asesinado a 17 ancianas, esa fue la gran victoria del procurador.

Era el último año de gobierno de Vicente Fox y Enrique Peña Nieto era gobernador del Estado de México y candidato naciente a la Presidencia para dentro de los siguientes seis años, de ahí que tenía que apurarse a generar megaproyectos que publicitaran su buen gobierno y el uso de los recursos empleados en infraestructura de “gran magnitud”. Televisa, que entonces nos llenaba de comerciales con la Gaviota y su chaleco rojo para firmar los más de 600 compromisos de Peña, había creado este escenario de popularidad mediática para contender con todo.

Sin embargo no era la única campaña que iniciaba, al sur del país, la gira del Ejército Zapatista de Liberación Nacional (EZLN) marchaba pujante, nadie hablaba de la victoria de un pequeño pueblo, San Salvador Atenco, donde los ejidatarios sacaron sus machetes para decir NO VENDEREMOS NUESTRAS TIERRAS a seis pesos el metro cuadrado para construir un aeropuerto que no beneficia mas que a unos cuántos empresarios que ganaron licitaciones millonarias pactadas con el gobierno del Compromiso.

Atenco representaba la lucha y la resistencia, era un icono de rebeldía pero sobre todo ejemplo de autodeterminación, Atenco demostró que SÍ podía decir NO AL AEROPUERTO, sin embargo, el gobierno no iba a pasarle por alto tal insubordinación.

¿Qué pasó el 3 y 4 de mayo de 2006? ¿Por qué la venta de floricultores en Texcoco se convirtió en el operativo más grande del país? ¿Por qué la autoridad estatal desplazó a 3 mil elementos de diferentes corporaciones policíacas para detener a los comerciantes sin razón y sacarlos de sus casas en Atenco?

¿Por qué un día de venta de flores terminó en sangre, gases lacrimógenos, toletes, escudos y trajes antimotines?

Era un 3 de mayo, Día de la Santa Cruz en Texcoco, los Floricultores hacían su trabajo, como lo hacían siempre hasta que un “No pueden vender en la calle”, “No hay permisos”, “Vamos a quitarlos” irrumpió de la peor manera.

La gente se sintió indignada y quiso defenderse, policías municipales y federales querían quitarlos y los floricultores recibieron el respaldo del pueblo, quienes terminaron yéndose fueron los policías.

El pueblo estaba enardecido y victorioso por su triunfo, una vez más la resistencia y el respaldo ciudadano habían triunfado, pero parece que a papá gobierno no le cayó bien la noticia, ¿cómo el estado iba a permitir una vez más el triunfo de unos cuantos de un pequeño pueblo? ¡Jamás! No puede haber victoria para la sociedad civil organizada, mucho menos que se haga pública.

¿Cuál es la lógica de un gobierno que quiere seguir ejerciendo presión sobre su pueblo para mantenerlo abajo? Nadie se queja, nadie dice nada, entreguen sus tierras y vamos a lo que sigue…

La autoridad buscó venganza de la más baja, puedo imaginar casi un berrinche de niños malcriados por perder sus canicas en el juego. Así, nuestro Enriquito declaró que él sólo había “reestablecido el orden público”, estas fueron sus declaraciones ante los hechos ocurridos el 4 de mayo en Atenco, un día después del enfrentamiento con los floricultores en Texcoco. La prensa y los canales de mayor audiencia, en ese momento Televisa, forjaron un reality del operativo para desacreditar al pueblo y evidenciar a los “provocadores”, entre ellos dos niños, que murieron.

Por la mañana sonaron las campanas del pueblo, entraban los camiones con cuerpos policíacos, sólo se escuchaba el sonido de sus botas, después gritos desesperados suplicando, “¡Ya no! ¡Ya no por favor!”, así comienzan las declaraciones de estas cinco mujeres valientes que después de 11 años de peregrinar entre la impunidad pudieron llegar a la Corte Interamericana de Derechos Humanos, todas ellas se encontraban por diversas causas en Atenco, una, estudiante de artes plásticas, otra trabajaba acompañando casos de violencia en adolescentes y estaba ahí con una familia que había perdido a su hijo en el enfrentamiento, otra más que se licenciaba en derecho con una tesis sobre Atenco.

Cada una pasó por situaciones similares, todas fueron sacadas de sus domicilios de manera violenta y bajo ninguna explicación, las pusieron de rodillas contra la pared, las golpearon más, después empezó el peregrinar, sin saber a dónde serían llevadas las subieron a un camión en el que encontraron una pila de personas heridas. Todas describen situaciones similares, gente amontonada, sangre en el piso. En ese traslado sufrieron las agresiones más bajas y humillantes, tortura sexual que hasta ahora nadie ha querido ver, ni reconocer.

Por respeto a las víctimas no quiero reproducir estos sucesos, sus descripciones son tan difíciles y dolorosas, verlas en ese estado ante la Corte Interamericana, denunciar estos hechos me llenó de rabia, coraje, dolor, lloré escuchando a cada una decir lo que les hicieron y cómo trastocaron su vida.

 

No saben los impactos que tiene la tortura, de verme en el espejo y no reconocerme… no soy así…

– ¿Cómo siguió tu vida después de estos hechos?, preguntó la Corte

También me lo pregunté, ¿cómo puede seguir tu vida después de vivir algo así? En todas escuché esperanza, lucha y fuerza impresionante, estas cinco víctimas representan solo algunas de las más de 30 mujeres que estuvieron detenidas en ese operativo que aproximadamente capturó a más de 200 personas.

 

Mi fuerza personal no dura para nada, ni a la esquina llego con mi fuerza personal, es la fuerza colectiva la que me ha permitido llegar el día de hoy aquí y poder reconstruirme a mí, poder construir con otras mujeres, con otras personas

 

Todas concuerdan en que fue un proceso muy difícil, primero darse cuenta de lo que les había pasado y llamarlo por su nombre, VIOLACIÓN. Después alzar la voz y denunciarlo, pero sobre todo y en lo que creo que encontraron su fortaleza fue en darse cuenta que no estaban solas, que eso que a una le sucedió le había pasado a otra y a otra… para reflexionar que no fueron casos aislados como planteó el estado, diciendo que solo había sido un policía enardecido, pero que nadie había sido violada.

Durante estos 11 años sólo se detuvo a 22 policías de bajo rango por abuso de autoridad y sólo a uno por “actos libidinosos”, quien por cierto salió con fianza. Hoy ninguno de ellos está preso como sí lo estuvieron varias de las víctimas que pasaron hasta dos años en Almoloya de Juárez, la cárcel para criminales de máxima seguridad.

“¿Pues qué delito cometí?”, se preguntaba una de ellas ante el juez brasileño de la Corte Interamericana.

 

La estrategia de la tortura busca romper a los individuos pero también busca romper los procesos colectivos, los procesos sociales, y en esa medida la respuesta de nosotros las sobrevivientes es justamente reconstruir eso que pretenden romper sistemáticamente

Otro juez pregunta: ¿Qué esperas de esta Corte? ¿Cuál es la verdad de Atenco? ¿Qué quieres que se diga?

 

Mientras la Defensoría del Estado mexicano se limitaba a realizar preguntas complejas exaltando una y otra vez que el gobierno reconocía que hubo tortura y que estaban siguiendo los protocolos sugeridos por la Comisión Nacional de Derechos Humanos (CNDH), les preguntaba a las víctimas cómo podrían ayudar en la reparación de daños, una de ellas se volcó en llanto:

 

¡No! ¡No quiero su ayuda! Después de que salí seguía habiendo gente en la cárcel. Mi corazón me hacía sentir que podría ser yo, no pude recuperar mi vida por completo, han pasado 11 años y es más… es que no sé si eso sea posible, ahora me encuentro en otra lógica mirando el horror que yo nunca pensé que podría pasar

 

Todas en su sentir no están pidiendo ayuda al Estado para “reparar el daño”, exigen ante la Corte Interamericana que se diga la verdad sobre el operativo Atenco, que se señalen los nombres de la cadena de mando que lo orquestó, donde los policías de bajo rango actuaron así por órdenes de sus superiores, que se señalen abiertamente los casos de violación y tortura sexual, que se castigue a los responsables pero sobre todo que el Estado asuma la responsabilidad moral y reconozca la complicidad del Presidente Enrique Peña Nieto, pues en 2006 él era gobernador. La violencia que se vivió en Atenco fue permitida, fue autorizada, era un mensaje que estaba mandando el gobierno que asesina a su pueblo, viola a sus mujeres y desaparece a sus estudiantes.

Una de las víctimas le suplicó al juez protección para ella y su familia y “que esto que me pasó no le suceda a nadie más”.

Estas mujeres se han unido, han encontrado la manera de sanar sus dolores en el acompañamiento de su peregrinar por la lucha de la justicia, se han sometido a interrogatorios revictimizantes, a pruebas médicas humillantes y a cuestionamientos socioeconómicos improvisados para llenar cuestionarios absurdos que no llevan nada a una investigación seria.

 

Sobrevivir a la tortura me ha confrontado con el dolor más grande que habría sentido nunca

 

Sin embargo, este es el logro más grande, “sobrevivir” y están con la cara en alto ante una Corte de la que se espera haga justicia no sólo a estas cinco víctimas sino a los miles de mexicanos que vivimos bajo la impunidad.

Buscan hacer un centro de memorias por Atenco y plantean la creación de una sociedad “Rompiendo el silencio” que apoye a mujeres desde otra dinámica, pues tal parece que después de Atenco, en México, el abuso sexual hacia las mujeres se naturalizó y ahora se le salió de las manos al Estado.

 

***

Hace 11 años yo tenía la misma edad que algunas de las mujeres que fueron detenidas en Atenco, hoy reflexiono sobre las oportunidades que tuve en mi vida y pienso que debo sentirme afortunada, sin embargo siento un vacío y al escuchar sus declaraciones y entender cómo el gobierno quiso crear un estigma en estas mujeres diciéndoles “esto te pasó por no quedarte en tu casa haciendo tortillas”, pienso en todas las que todos los días salen combativas a realizar sus trabajos, sus investigaciones, su vida diaria, no podemos responsabilizarnos bajo ninguna circunstancia de las agresiones que recibimos.

 

Para vivir, soy secretaria, atiendo teléfonos, pero para sobrevivir…

Sobre El Autor

Madian Guevara

Artículos Relacionados

Hacer Comentario