Por la conmemoración de la Natividad blanca, los abetos de tronco trunco bañan la nieve del rojo vital

Ni política ni correcta, la cinta corta Treevenge, del canadiense Jason Eisener, quien hizo los servicios a sus mentores R Rodríguez y Q Tarantino con un tráiler falso para Grindhouse (Estados Unidos, 2007), está aquí, en las evocaciones temáticas por las fiestas de diciembre para quedar mal con el mundo.

Ni los seguidores del Grinch o la bancada incapaz de unirse al sistema de comensales de romeritos en Noche Buena mostraron una vía más transgresora al mensaje de amor, paz y cohesión familiar. La iniciativa llegó ni siquiera de la crítica clásica capitalista, los árboles de Navidad en Canadá entraron en una especie de despertar radicalizado de consciencias.

Con las mismas vísceras con que los franceses ejecutaron a Luis XVI y María Antonieta, los abetos frondosos reventaron furiosos de la saña de los hombres que usaron sierras, serruchos y hachas para arrebatarles de su entorno blanco.

Desconcertados, fueron arrastrados a puntos de venta, donde son designados a guetos de humillación, maquillados al punto de la ridiculez, atiborrados de objetos brillosos e instalaciones eléctricas, atentado tintineante contra su naturaleza.

Cuando la representación opresora de una estrella de Belén brilla en sus crestas, es momento de vengar el honor sin reticencias ni prejuicios estéticos.

Imagine toda la carga de cintas con tradición gore: Machete y Machete Kills, el paquete de Sin City, Grindhouese, Saw, Hostal, Holocausto caníbal, Posesión infernal, La matanza en Texas o el título de su preferencia bajo este margen, útil para mutilar el espíritu de la Navidad.

Jason Eisener administra sus recursos de manera gradual; el cortometraje se introduce con cortes de cortes comunes y necesarios para una temporada de calidez invernal; el tono se hace patente en la violencia de esos cortes, en el arrastre y la transportación para satisfacer la demanda de una escenografía anual.

El armónico ejercicio familiar para decorar el abeto de buen aroma dejó de verse igual; cada luz, cada esfera colocada, cada listón anclado a una rama resplandece con el impacto de la tortura; las sonrisas tornan a carcajadas diabólicas; el sueño hecho decoración se convierte en pesadilla.

Entonces viene el sello del género con el que Treevenge fue inscrita; el canadiense retrocede un par de pasos para encarrerarse en el exceso de sangre artificial, un montón de miembros separados de su integrado; ojos atravesados por la finura punzante de las brozas del pino y hasta un neonato masacrado en el día del nacimiento del dios niño.

Sea o no partidario de esta bonita fecha, vea por 16 minutos Treevenge. Jason Eisener. Canadá-2009

 

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Sobre El Autor

Alejandro Galindo Sandoval

Reportero, editor, pluma silente y amante de lo ajeno

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