Esta es la historia de muchas historias que no pudieron ser contadas, que fueron calladas.

Siempre me gustó cocinar; los aromas, las texturas, los sabores; por eso decidí comenzar con un negocio y me va bastante bien. De hecho, hay días en los que debo encerrarme por horas en la cocina y solo salgo cuando hay que levantar pedidos.

Como hoy, cuando dos clientes se acercaron a preguntar el precio de un platillo. Fue bastante extraño porque uno de ellos se quedó en la puerta mientras el otro preguntaba costos y porciones; “así son los clientes”, me decía a mí misma.

Regresé a la cocina a buscar un ingrediente y en un instante ya estaban los dos parados frente a mí. No tuve tiempo ni forma de defenderme, no pude salir porque ellos ya habían cerrado la puerta de mi local. Lo último que pensé fue “tendré que cancelar mis entregas de hoy”.

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Hace algún tiempo me promovieron en el trabajo; de esas veces en las que cumples más funciones pero tienes el mismo salario; como es temporal, ahora salgo más tarde de la oficina pero sigo apechugando mi monedero y camino hasta casa para no gastar en pasajes.

Al caminar, siempre escondo mi celular, veo a todas direcciones, elijo las zonas más transitadas y con mayor iluminación; soy una chica precavida, no me gustaría no regresar a casa.

Pero hoy, no sé de dónde, salió una persona; traté de caminar rápido y después empecé a correr pero mis piernas no respondieron bien por los nervios y caí con la misma rapidez con la que se cerraron mis ojos.

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Estoy embarazada de nuevo. No sé si sentirme feliz o angustiada pero creo que los tiempos de Dios son perfectos y por eso nos manda un hijo más; quizás así mi pareja encuentre la fuerza para cambiar.

Cuando le di la noticia no fue de su agrado. Me tachó de puta cuando solo salgo de casa para hacer el mandado; me dijo inconsciente, cuando es él quien se viene dentro de mí; “quieres que me ponga condón porque de seguro estás de caliente con otros”, me dice.

Pese a todo, hoy me sentí bonita y quería que se me notara: me maquillé y me puse un vestido que hacía mucho no usaba. Me vestí para él, me peiné para él y me puse perfume para que me oliera él pero él creyó que era para alguien más.

Así que no pidió explicaciones y en vez de palabras recibí un jalón de cabellos, me tiró al piso y me penetró con la misma fuerza con la que rasgó mi vestido. Yo no hice nada, yo no dije nada. Me llama puta, siempre soy una puta.

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La universidad puede ser muy agotadora entre proyectos y exámenes finales, así que siempre aliviana el salir con las amigas por unas cervezas o a bailar. Después de todo, el verdadero cansancio empieza con la vida adulta y, mientras llega, yo solo quiero disfrutar.

Queríamos celebrar el final del semestre y fuimos a un bar, saliendo de ahí tomamos un taxi juntas para gastar menos. Primero dejamos a una amiga en su casa y después llevamos a la otra a casa de su tía; empecé a contar el dinero que le daría al taxista por los 3 servicios cuando de repente ya no reconocí la ruta por la que íbamos.

En realidad nunca supe en dónde estábamos y nadie lo supo hasta 2 semanas después, cuando encontraron mi cuerpo tirado en un terreno, violado y mutilado. Yo solo quería salir de fiesta, yo solo quería celebrar que había terminado el semestre.

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Todas estas historias son ‘ficticias’ pero tienen mucho parecido con la realidad.

Estas historias van por todas esas mujeres que fueron golpeadas, violadas, mutiladas o asesinadas. Esta es una voz es por todas esas voces que ya no se escuchan.

Así que gritemos todo, quememos todo y paremos todo.

Sobre El Autor

Rosario Moctezuma

Reservada pero no tanto, culta pero no mucho, sensible pero a veces, chistosa pero no por gusto; comunicóloga, docente en proceso, haciendo mis pininos donde me agarre el hambre.

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