Este año de 2016 gana el Premio Nobel de Literatura el compositor Bob Dylan. Para muchos fue un hecho muy extraño, varios estuvieron a favor e incluso se emocionaron y otros tantos se indignaron. Que Dylan fuera seleccionado para ser merecedor de un premio literario es reflejo de un presente en el que lo multidisciplinario ahora domina el mercado de la cultura. Y este autor es considerado no solo un músico, sino un verdadero poeta beatnik, a la altura de Allen Ginsberg. Pero ocurrió algo que sorprendió tanto a los fans como a los indignados: el autor rechazó el premio. En la historia del Nobel han sido contadas las veces que un ganador lo rechaza (y en ocasiones premiados que debieron hacerlo), pero este caso en específico fue controversial, pues hubo un salto a las normas y se dio un premio a un rebelde de las letras quien con un acto de rebeldía respondió.

El autor mandó una carta a Suecia en la que aclaró lo sorprendido que se encontraba y cómo le halagaba estar, en cierto modo, a la par de grandes escritores que admira desde niño. También dijo que no imaginaba que sus letras llegaran a la consideración de un plano literario; que así como Shakespeare, se imaginaba más como un dramaturgo que como un poeta en sí, pues ambos visualizaban sus letras para un escenario, sin pasar por su mente una impresión empastada.

Pocos saben que Bob Dylan sí publicó libros: Tarántula, su única novela, vio la luz por primera vez en 1971, impresa en versiones caseras y en copias con anterioridad y Chronicles, su autobiografía, fue publicada en 2004 por Simon and Schuster. En este caso se tratará de Tarántula. Actualmente se hizo una reedición por parte de la editorial OCEANO. Dan a conocer un poco más la obra a nuevas generaciones. Para entender Tarántula no hay que buscar una estructura narrativa lineal o lógica, se trata de una sucesión de poemas y textos en prosa poética que narran las épocas en que Dylan escribió varias de sus canciones. Al leer a manera de goce cada capítulo, el lector se adentra poco a poco al entorno sesentero y setentero, a partir de versos irreverentes, psicodélicos, no convencionales, viajeros, beats, roqueros, subterráneos y, en ciertos puntos, un poco oscuros. Tal vez conviene deleitarse con el libro mientras se escuchan canciones como Like a Rolling Stone, la más popular, o poner en marcha álbumes como New morning, o Blonde on Blonde, mientras se toma un poco de Jack Daniels. De esa manera es garantía penetrar mejor en la atmósfera y el entendimiento del goce literario propuesto por el autor. Además, es mejor pensar menos en capítulos y más en piezas poéticas para facilitar la lectura, pues si se intenta leer con el seguimiento de una novela pura, puede resultar desgastante, ya que la propuesta de Dylan va en contra de todo lo lineal. Cada poema, capítulo o fragmento comienzan siempre en minúscula y narran vidas de personajes fantasmas que quedaron enterrados en la carretera de un viaje sin rumbo. De esa manera se compone el libro, que se puede leer de manera salteada, con toda libertad. Los personajes no tienen un trayecto claro, ni una descripción de total entendimiento para dejar imágenes diluidas que construyen alegorías al misterio.

            Tal vez sea por eso que Tarántula pueda compararse con obras como Aullido de Ginsberg, Almuerzo desnudo de Burroughs o En el camino de Kerouac, aunque sabemos que las comparaciones pueden siempre dejar cabos sueltos; el decir esto es más como decir que Duchamp tiene posibilidades de entrar sin problemas a la etapa cubista junto con Picasso, Braque y Juan Gris, no que pinte igual que ellos. Así pues, Dylan se vuelve heredero de los beatniks y a la vez representante de un 2016 multidisciplinario. Como músico y poeta, es un artista que rompe las reglas y reta a los estereotipos.

Para la recomendación musical quedaría perfecto poner a Bob Dylan para representar un libro de Bob Dylan, pero en dado caso, es mejor poner a alguien que haya realizado un cover de sus canciones. Las nuevas generaciones las escuchan en otros grupos y no imaginan que en realidad le pertenecen a Dylan, tal es el caso de Knockin on the heaven´s door, que muchos creen es una canción original de Guns N Roses. Así como ellos, muchos artistas han cantado covers de él, desde Beck, hasta Cat Power, pasando por Rage Against The Machine, Norah Jones y White Stripes. Esta vez es el turno de la cantante estadounidense Ani DiFranco, pues una interpretación femenina del autor le da una visión interesante, además de que es una de las cantautoras con estilo musical más puro y sencillo, que a la vez lo vuelve complejo. Es vista popularmente como un ícono feminista, aunque tal término puede quedar relativo siempre. La autora creció con influencia de los Beatles y del mismo Dylan. En esta ocasión interpreta la canción Hurricane en voz y guitarra, con un toque muy particular. Esta bella pieza musical siempre estará asociada a las liberaciones, entonces, cantada por un símbolo de libertad como Ani, es una adaptación adecuada. El lector puede escuchar a Ani o buscar la Hurricane original y adentrarse a leer Tarántula sin contarle las ocho patas a la araña, sino ponerla a recitar en el brazo mientras fuma, bebe whisky y se deja llevar por un trascendente viaje poético.

Sobre El Autor

León Cuevas

El responsable y dueño de Sinestésica es el dibujante hidalguense León Cuevas. Reside en Ciudad de México y es egresado de la Escuela de Escritores de la SOGEM. Publicó varios cuentos en diarios digitales, así como uno impreso en la antología Encuentro de escritores hidalguenses del Centro de Arte y Filosofía. Publica también en Sayyeah.tv, sobre cine, espectáculos y libros. Tuvo diversas exposiciones individuales y participó en varias colectivas, tanto en Pachuca como en Ciudad de México. Es autor de la obra teatral “Las seis muertes de Ofelia”.

Artículos Relacionados

Hacer Comentario