“El acto más importante que realizamos cada día,  es tomar la decisión de no suicidarnos”.
Albert Camus

SI alguna vez has pensado que sería mejor para los demás que ya no estuvieras o que no tiene caso levantarse de la cama, sigue leyendo y espero poder encender en ti una pequeña llama que deberás avivar para que no se apague; y si nunca has sentido algo así, piensa de nuevo y sigue leyendo, que no será desperdicio.

Recientemente hemos sido testigo de personas exitosas que deciden terminar con su vida: Anthony Bourdain, famoso presentador de televisión; Robin Williams, aclamado y querido actor; Avicii, conocido DJ; entre otros.
La depresión no entiende si eres famoso, hombre o mujer, rico o pobre.

La depresión no es una enfermedad de ricos o de millenials, es un trastorno que afecta a más de 300 millones de personas en el mundo y que tiene múltiples causas. En esta ocasión no hablaremos de la depresión, sino de una de sus causas más comunes: no encontrar el sentido de la vida.

Encontrar el sentido de la vida se refiere a encontrar el propósito que guía nuestras acciones, encaminadas directa o indirectamente a conseguirlo. En algún punto de tu vida te habrás preguntado “¿Qué estoy haciendo con mi vida?”, si la respuesta no es satisfactoria podemos experimentar crisis existenciales.

Recientemente está muy de moda gracias a los memes y a que las personas que los elaboran se encuentran en edades muy susceptibles a sufrirlas. Hablamos de jóvenes que se encuentran ante decisiones importantes en sus vidas y a las consecuencias de éstas. Una búsqueda infructuosa del sentido de nuestra vida puede ser causa de una depresión.

 

“No estás deprimido, estás distraído, tienes amigos, familia, trabajo…” dicen, con buenas intenciones, pero desde la ignorancia.

Porque para nosotros es fácil encontrar sentido a una vida de alguien a quien creemos que no le falta nada. Pero, ¿cómo aplicamos ese argumento a una persona que lo ha perdido todo, una persona que está en el lugar más bajo al que se puede llegar? Hablo de una persona que estuvo en un campo de concentración nazi. Es ahí, cuando menos sentido puede tener la vida, en donde mejor podemos buscar la forma de encontrarla.

Afortunadamente no debemos vivir algo así para obtener las respuestas que buscamos, Viktor Frankl lo hizo por nosotros; este psiquiatra austriaco, como miles de personas más, tuvo la desafortunada suerte de ser judío en la época y lugar equivocados. Llevando consigo el castigo que eso merecía, fue separado de sus padres y esposa y recluido en un campo de concentración nazi. Ahí sobrevivió durante 3 años hasta que fue liberado por el ejército estadounidense en abril de 1945, posteriormente se enteró que su esposa y sus padres no habían corrido la misma ‘suerte’ que él y fallecieron en diferentes campos.

 

Es a partir de su experiencia en el peor lugar imaginable que escribe El hombre en busca del sentido, un libro donde narra sus experiencias y la vida dentro del campo. A través del análisis que realiza de sus compañeros, aquellos que sobrevivieron y los muchos que fallecieron, expone que aun en las situaciones más terribles y extremas, el hombre es capaz de encontrar sentido a su vida, como él lo logró.

Describe que, despojado de todo a nivel material, de la dignidad de ser persona y de su libertad de acción, lo único que queda es la última de las libertades y que nadie puede quitarle: la de decisión. Una libertad de espíritu, interna y que se refleja sobre las pequeñas decisiones de las cuales aún puede tener incidencia.
Quienes se caen mentalmente y pierden esa libertad mental sobre las pequeñas cosas eran quienes estaban condenados a no darle sentido a su vida y terminaban muriendo. Al final de cuentas, morían quienes ya estaban muertos en sus cabezas.

 

La terrible experiencia de Viktor Frankl nos regala enseñanzas que, si pudieron funcionar en la peor de las situaciones, bien pueden sernos útiles. Gracias a él podemos darnos cuenta de que las dificultades de nuestra vida deben convertirse en trampolín y ser usadas para crecer espiritualmente, refugiarte dentro de ti y buscar darle sentido a la vida a partir de ellas. Si a esas dificultades no logras hallarles esa utilidad, te provocarán refugiarte en el pasado, donde las cosas siempre lucen mejor y así perderás el sentido de la misma.

La vida adquiere el sentido que nosotros en un nivel íntimo le encontramos. Si tenemos suerte, jamás tendremos que buscarlo y lo tendremos ante nosotros sin problema; si corremos con mala suerte, habrá que esforzarnos y buscarlo activamente, solo o con la ayuda de un profesional. Eso no te hace más débil, solamente más inteligente.

 

El amor es la meta última y más alta a la que puede aspirar el hombre,
la salvación del hombre solo es posible en el amor y a través del amor.
Viktor Frankl

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