Pasaron más de 736 días desde la desaparición forzada de 43 normalistas de Ayotzinapa. Pasaron ya más de dos años. La incertidumbre aqueja a las familias de quienes aún no regresan a casa. Quieren saber dónde están, si están vivos. Quieren conocer la verdad. Exigen justicia, quieren a sus hijos.

 

“…me duele saber que no tenemos noticias de nada. De ver cómo a mucha gente no le importa el dolor”

 

Alondra busca a su tío José Ángel Campos Cantor, normalista de Ayotzinapa. En ocasiones acompaña las marchas en la Ciudad de México. Como todos los familiares de los desaparecidos, añora volver a ver a su tío y demás compañeros.

José Ángel jugaba futbol, amaba el baile y dominaba la cumbia. Cuando dejó de estudiar tuvo una hija y comenzó a trabajar el campo, como su padre Bernardo, el Tío Venado que hoy lo busca.

 

“Quiero ver a mi tío y a los demás chavos. Quisiera que esto sólo fuese un sueño”

 

Con Alondra, en casa lo espera América, su hija de nueve años; vende dulces para ayudar a su mamá Blanca, la esposa que camina con el corazón roto y que resiste a la imposición de una verdad histórica o al carpetazo de un posible crimen de Estado.

También está la pequeña Gabriela que apenas cuenta tres meses de edad, aunque no compartió tanto tiempo con su padre desaparecido, es heredera del arrebato y de la esperanza compartida en una familia angustiada.

Lo esperan los estudiantes que luchan porque este país cambie. Lo esperamos quienes salimos a marchar para exigir justicia, para que esto no vuelva a pasar.

 

“Cada día despierto con la esperanza de verlos otra vez, con las ganas de que mi tío esté con nosotros y sonría, nos cuente chistes o baile, que esté con sus nenas que tanto lo extrañan”

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