Los fantasmas son reales. Los he visto toda mi vida.

Edith Cushing – La cumbre escarlata

No he visto tantas películas ni leído tantos libros de terror como quisiera. Muchas son las razones (me da miedo), la principal es el tiempo (sí me da miedo), pero, a pesar de lo poco que conozco el género, creo que he consumido cosas de calidad. Recientemente vi La cumbre escarlata (2015), una película que es un poco desconocida a pesar de ser dirigida por el ganador del Óscar, Guillermo del Toro, y estar protagonizada por Mia Wasikowska, Jessica Chastain y Tom Hiddleston. La película no es de terror, pero esa es otra historia.

En ella, Edith Cushing (Mia) se casa con Thomas Sharpe (Tom) después de la muerte de su padre y se mudan a la mansión de los Sharpe, donde también vive Lucille (Jessica), hermana de Tom. Pronto Edith comienza a tener experiencias paranormales en la casa, al parecer producidas por la madre muerta de los hermanos. No contaré más de la historia, solo quiero hacer notar un detalle: Edith es aspirante a escritora y al mostrarle su libro a Thomas, le explica que los fantasmas en él son metáforas del pasado. Lo cual es un recurso recurrente en todas las historias: una historia de fantasmas será siempre una historia sobre traumas del pasado.

Tradicionalmente los fantasmas se entienden como los espíritus o almas que dejan las personas al morir y que pueden ser percibidos por las personas que siguen vivas. Se encuentran presentes, de una u otra forma, en casi todas las culturas. 

Un fantasma es una huella del pasado, es una representación incompleta de algo que existió, se extinguió pero sigue atado al presente, por alguna razón. Es una herida abierta.

Es sencillo entender entonces porqué los fantasmas son tan comunes en tantas historias. Es una forma muy directa de entender algo que todos vivimos. Pensemos por ejemplo en los superhéroes: siempre son personajes con un gran fantasma, un evento traumático en su pasado que suele determinar su presente. Batman, por ejemplo, vive con el trauma de la muerte de sus padres a manos de un criminal y, basado en eso, su presente lo vive buscando eliminar el crimen; su fantasma guía su presente. 

Una serie que hace esto de forma genial es The Haunting of Hill House (2018), en ella, toda una familia es atormentada por los fantasmas de la vieja casa de su infancia, donde murió su madre. Esos fantasmas se presentan a ellos como espectros sobrenaturales, obviamente, pero también como heridas de su pasado, de su infancia en la casa, y cada uno fue afectado de forma diferente.

Escribo de memoria pero, uno de los personajes, siendo niño, vivió los problemas que presentaba su madre como problemas mentales. Creció basado en ese supuesto y lo alimentó, viviendo con la idea de que el verdadero problema de su familia es una enfermedad genética, por lo que decide hacerse una vasectomía. La historia avanza, y algunos sustos después, la familia regresa a la casa y todos deben enfrentarse literal y metafóricamente a sus fantasmas. En el caso que aquí escribo, vive una fantasía donde está casado y su esposa está embarazada, acrecentando su ansiedad al creer que su familia y lo que procree estará maldito. Al superar este trauma y cada personaje los propios, cierran esa herida abierta, superan, crecen como personajes y la trama avanza, por fin.

Porque vivir con fantasmas evita que podamos movernos hacia adelante de forma fluida, que crezcamos y que nuestra trama avance, además de que dan miedo. Que de algo sirvan tantas historias de terror que seguro has visto.

Nada pasa si no haces nada, enfrenta a tu manera a tus fantasmas, haz las paces con ellos, derrótalos o lo que te funcione pero recuerda que una herida abierta siempre sangrará.

Sobre El Autor

Abraham Peralta

Psicólogo con especialidad en Plantas vs. Zombies

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