No seré sueños blanqueados de sectas grandiosas… pero sí seré la bofetada de amor a tu lengua de plata…

Espérame en confianza en tu lecho de muerte, todo llega… y ese día llegará porque seré lo que tenga que ser…

-De Prometeo: Venganza

Lugar común, peligrosa dulzura de la venganza. Tal es la satisfacción que al amargo paladar produce… en el acto, ¿qué importa el costo? Cuando el dolor es fuerte, imposible el olvido y la sed por la emancipación apremia no hay momento para escatimar. En los infiernos se está de cualquier forma.

Y las máscaras de la moralidad siempre harán votos por frenarte en el disfrute de saborear el sufrimiento del verdugo, salvado apenas por los embates de tu examen de consciencia. No quedará más que el recurso de los sueños, casa de lo imposible, donde la sangre correrá al ritmo de una agonía lerda, sobre tus manos.

En la comedia negra, el desahogo

De la película argentina Relatos salvajes (2014) supieron en Cannes, Londres, Biarritz, Sitges, Toronto y San Sebastián; de ella hablaron también en Sarajevo, Lima, Sao Paulo, Miami y Mar del Plata. Escrita y dirigida por Damián Szifron, quien a poco estuvo de llevar el Oscar al fin del mundo como la cinta extranjera y de habla no inglesa capaz de desnudar sin prejuicio uno de los sentimientos más comunes de la condición humana.

Relatos salvajes es una antología de cortometrajes de comedia negra; cápsulas explosivas y autónomas, distintas pero unísonas en la melodía de la venganza, donde los libros de la justicia incluyeron una cláusula que faculta a las personas para enjuiciar sin el tedio de la razón, sólo el preciso dictado de un pecho enfurecido.

Porque en el mundo de la “justicia ciega” es válido indignarse por la injusticia visionaria, pero los procedimientos judiciales aquí no garantizan castigos ejemplares, indemnizaciones que si quiera se acerquen al alivio del infringido, cuando, en el mejor de los casos, las responsabilidades sean comprobables.

De ahí que la película, que dibuja a la venganza como un banquete suculento y ostentoso, termine como el documento más comprensivo a quienes agotaron toda alternativa. El hada madrina que materializa con belleza delictiva los deseos de una mente encolerizada.

Y la tragedia toma parte en las seis historias, en el avión, desde la cocina de un restaurante de comida rápida, servida en una charola de papas fritas, en los explosivos que derrumban un edificio inservible, en la recepción de una boda, sobre la soledad de una carretera.

En la ficticia dulzura de una venganza merecida, o no, la comicidad del drama humano.

Vea Relatos Salvajes. Damián Szifron. Argentina. 2014

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