El país y el mundo hundidos en la violencia, asaltos sobre la calle aledaña, bombas en Manchester, un presidente en negación de la realidad…

 

EN EL MISMO MOMENTO en que la urbanización del mundo condena a que el sueño rural se refugie en el cliché de la naturaleza acondicionada (los parques naturales) o en los simulacros de la naturaleza imaginada (los parques de diversiones), el milagro del ciclismo devuelve a la ciudad su carácter de tierra de aventuras o al menos de travesía. La bicicleta, instrumento indispensable para las personas más modestas, era también símbolo de sueños y evasión. La distancia cada vez mayor entre el lugar donde uno vive y el lugar donde trabaja y la utilización sistemática del automóvil confinaron la bicicleta al terreno del deporte y tiempo libre.

 

¿Por qué la bici?

 

La bicicleta constituye el núcleo de relatos que resucitan simultáneamente la historia personal individual y los mitos compartidos por muchos; estos dos pasados son solidarios y confieren una tonalidad épica a los recuerdos individuales más modestos.

La bicicleta, una extraordinaria experiencia de libertad. El primer pedaleo constituye la adquisición de una nueva autonomía, es la escapada, la libertad palpable, el movimiento en la punta de los dedos del pie, cuando la máquina responde al deseo del cuerpo incluso casi se le adelanta. En unos pocos segundos el horizonte limitado se libera, el paisaje se mueve. Estoy en otra parte, soy otro y sin embargo soy más yo mismo que nunca; soy ese nuevo que descubro.

El conocimiento progresivo de uno mismo al que corresponde el aprendizaje de la bici deja huellas inolvidables e inconsistentes. Hay aquí una paradoja del tiempo y de la eternidad. Todos los que montan una bicicleta vivimos la experiencia conquistadora del cuerpo. La bicicleta y su experiencia de eternidad. De alguna manera semeja a cuando te tiendes en la playa, cierras los ojos y te reencuentras con tu infancia o, más exactamente, con las sensaciones que al no tener edad escapan a la acción corrosiva del tiempo.

La bicicleta, símbolo de una clase obrera ya desaparecida, de desafíos deportivos que hoy no tiene equivalentes y de una vida urbana soñada ¿no corre el riesgo, en la realidad concreta del mundo globalizado, de convertirse en el instrumento fantasmagórico de la negación? En el pretexto de una vida social sometida a los imperativos del consumo, en pocas palabras la ÚLTIMA ILUSIÓN.

 

Bici y Ciudad

 

En el encuentro entre mundo/ciudad/ y ciudad/mundo, uno puede tener la sensación de que la ciudad como tal desapareció. La globalización concebida como el conjunto planetario de los medios de circulación y de las redes de los medios de circulación y de distribución; ahora se trata de saber si, frente al auge de un urbanismo galopante que amenaza con reducir la ciudad antigua en una concha vacía, con transformarla en un decorado de turistas o en el museo al aire libre. ¿Qué nos queda? Soñar con una suerte de comunismo urbano para jinetes de bicicleta, hombres y mujeres unidos por la ética común y reglas de cortesía respetadas de manera unánime.

En bicicleta hay más cambios y más correspondencia. Uno se desliza subrepticiamente por otra geografía, eminente y literalmente poética, puesto que ofrece la posibilidad del contacto inmediato entre lugares que habitualmente uno solo frecuentaba por separado y además porque así se presenta como una fuente de metáforas espaciales de acercamiento inesperados y de atajos que no dejan de suscitar, a fuerza de pantorrillas, la curiosidad reavivada de los nuevos paseantes.

Existen dos peligros inminentes en la vida de una ciudad: que dé prioridad a la movilidad con la bicicleta supone que la práctica se vuelva sólo una atracción de verano, reservada a jóvenes y turistas, el segundo, que se adquiera una forma de enfrentamiento entre automovilistas y ciclistas.

 

La Utopía

 

Si como ya se detectó, este escrito toma toda su base en aquel elogio a la bicicleta de Marc Auge. Él, al final del libro imagina un mundo desarrollado donde la ciudad sea transitable en un sistema interconectado de ciclovías que permitan la movilidad eficiente, allí en el escrito de 2003 nos habla de ciudades como París y Barcelona que cuentan con un sistema avanzado, pero al día de hoy ciudades como Bogotá y San Francisco cuentan con un uso pluralizado de la bicicleta, ¿nosotros para cuándo?

Pensaremos en términos más románticos que Auge: nuestra utopía por hoy es que gente de todas las edades considere natural tomar una bicicleta y rodar a su trabajo, a su escuela, a sus compras, a su vida.

 


 

LECTURA RECOMENDADA:
– Marc Auge —- Elogio a la bicicleta

PARA ESCUCHAR:

Sobre El Autor

Arturo Quiroz Jiménez

Sociólogo, intento de fotógrafo, escucha necio, bicicletero

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