Nos tunden con disparos de fuegos artificiales, se acribilla la conciencia de cualquiera que preste oídos a la letanía de las procesiones que llegan de todos lados a venerar al manto celeste del mito guadalupano

 

SABES de su cercanía desde mucho antes que aparezcan porque los cuetes atraviesan el cielo que las cubre, es un aviso, un presagio sonoro de los grupos de gente, cuya fe, miedo o necesidad de creer ha aglutinado para visitar como cada año a la virgen.

Van acompañadas de música, tríos norteños o mariachi, huapangueros o solistas con bocinas que amplifican su voz. Cantan, porque esclavo que canta es libre; porque al repetir como mantra una y otra vez la petición de que los bendiga de a poco el transe permite obtener la satisfacción de los pecados, la absolución de los males, se asegura para el año que se aproxima una vida mejor; es la promesa con la que los feligreses pueden vivir en paz.

Se transforma en una fiesta la visita a la iglesia, la compañía de los amigos y la familia, la verbena se apodera de las calles, es una pequeña feria donde se venden alimentos, artículos de novedad y también está a la venta la esperanza.

Niños disfrazados de “inditos” que de la mano de sus padres buscan las mulas decoradas donde se tomarán la foto del recuerdo. Porque casi ningún mexicano aspira de manera real a ser indígena o siquiera verse como uno, en la categoría de disfraz deja la herencia prehispánica de la historia milenaria de nuestros pueblos indígenas.

La andanza del peregrino es en primer lugar un camino que recorre dentro de sí por la fe, por la palabra prometida, de ir por el bienestar que su vida cotidiana no le da, es una búsqueda de las respuestas que nadie le dice, hasta me da un poco de envidia la fe que expresa quien arriba de rodillas o cargando imágenes gigantescas con la efige de la virgen, no conozco de fe, no del tipo religioso. No encuentro sino en el análisis y las letras reconfortarme.

Me maravilla la fe del humilde que la profesa y me asquea el oportunismo y la vileza con la que se conduce el clero.

La virgen es la madre del pueblo, la madre afligida que reza por sus hijos y los reconforta cuando algo no ha salido bien, pero no puede ayudar a quien no se ayuda, no puede cambiar el destino de sus seguidores, no puede protegerlos de todo mal, no puede salvarlos del gobierno nefasto que los dirige, no puede hacer que todos se ganen la lotería, que todos lo enfermos sanen y no puede parar las injusticias.

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