Mi sábana es dulce y su cuidado también, entre abrazos tibios mis sueños cree mecer. La almohada acoge mis tristezas y una que otra sonrisa de vez en vez. Cada suspiro nos mira ascender, salimos del fango para ya no caer.

Pesadillas de muerte y sangre adornan la trémula noche de ayer, todos los días hasta hartar será lo mismo, cada noche también. Todo leve intento por vivir se vuelve una tortura vil, siempre que un ángel caído vele por mí, ella y su recuerdo seguirán aquí.

Seres de luz nublan mi visión y enseñan un paraíso que a todas luces se cimentó por horror, más dulce sería el infierno que nació de un sueño de profundo amor, Edén o averno, morada nuestra serán, quitando las heridas de mi pecho y otras marcas que han sido escritas ya en mi último lecho.

Lanzas y espadas habrá en mi cama, la sangre hervirá en la última morada, tu cuerpo y el mío descansarán cubiertos por flamas, espíritus tristes que perdieron la esperanza también reposan abrigados de pena, lloran por un futuro que no llega y claman por una vida que entregaron a causa ajena.

Todo se resume en este acto final, se termina la obra e inevitablemente nuestro telón se cerrará. Cuanto hemos forjado del corredor no pasará, la nieve va a cortarnos y los ahuehuetes acariciarnos. Querida mía es el momento idóneo para rezar, porque entre villas destruidas la vida nuestra se apagará.

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