Sólo el poeta dice la verdad, escribió Federico García Lorca y confesó con ese tono desgarrador que siempre marcó su obra:

 

QUIERO llorar mi pena y te lo digo
             para que tú me quieras y me llores
             en un anochecer de ruiseñores
             con un puñal, con besos y contigo.
Quiero matar al único testigo
             para el asesinato de mis flores
             y convertir mi llanto y mis sudores
             en eterno montón de duro trigo.
Que no se acabe nunca la madeja
             del te quiero me quieres, siempre ardida
             con día, grito, sal y luna vieja:
Que lo que me des y no te pida
             será para la muerte, que no deja
             ni sombra por la carne estremecida.

 

Así de clara es la verdad, esa confesión transparente de lo que deseas y anhelas, de lo que has callado por vergüenza y de lo que delatan sin pudor. Y así la verdad es un don, cuando se trata de darle voz a lo que sientes muy dentro, a cada miedo y a cada anhelo. Delatarte como asesino de flores, pero también como ingenuo que desenreda una madeja de amor eterno. El amor siempre más fuerte que la muerte.

Si hay que elegir verdades, prefiero la de cada poeta, siempre tan apasionado y tan desconsolado. Adornando de adjetivos y transformando lo cotidiano en metáforas exageradamente habituales.

La verdad siempre se asoma en el poema, por eso en este V Aniversario de la mejor de revista cultural de la Bellairosa, nada mejor que decir la verdad a través de la poesía. La verdad, el tema que mi querido fundador de esta publicación digital, provocadoramente nos propuso abordar. La Recoleta atrapa la vida cultural del estado de Hidalgo y gracias a ella he podido mecerme en la poesía, perderme en poema, intentar acariciar la poesía y creerme poeta. Y por eso elegí, lo que García Lorca ya presintiera desde hace mucho, lo poesía y la verdad se quieren bien.

La poesía siempre canta a la verdad, surge del sentimiento más auténtico, desde el fondo del corazón, con todo lo que hace latir nuestra alma. Por eso, siempre le voy a creer a cada poeta que delate lo que siento, que confiese quien le inspira, que rompa con simulaciones, que debilite hasta la muerte a la mentira.

Otro de mis poetas amados, Jaime Sabines, también escribió sobre la verdad y dijo:

 

Nadie puede vivir de cara a la verdad
sin caer enfermo o dolerse hasta los huesos.
Porque la verdad es que somos débiles y miserables
y necesitamos amar, ampararnos, esperar, creer y afirmar.
No podemos vivir a la intemperie
en el solo minuto que nos es dado…

He aquí la verdad: hacer las máscaras,
recitar las voces, elaborar los sueños.
Ponerse el rostro del enamorado,
la cara del que sufre,
la faz del que sonríe,
el lunes, y el martes, y el mes de marzo
y el año de la solidaridad humana,
y comer a las horas lo mejor que se pueda,
y dormir y ayuntar,
y seguirse entrenando ocultamente para el evento final
del que no habrá testigos.

Y sí, en cada estrofa de poema, hay un guiño con la verdad, un asomo de triunfo, una certeza de fracaso. Por eso, Diego Torres y Villarroel, pregunta en su poema:

 

¿Quién dirá la verdad? Dios solamente
¿Y yo que haré? Morirme con la duda.

 

Por su parte, Rita de Castro, decide no darnos alternativos, y con la verdad por delante, advierte:

 

De este mundo en la comedia
Eterna vienen y van
Bajo un mismo velo envueltas
La mentira y la verdad;
Por eso al verlas el hombre
Tras del mágico cendal
Nunca puede adivinar
Con certeza cuál es de ellas
La mentira o la verdad.
Todo es sueño y mentira en la tierra,
  ¡No existes, verdad!

 

Mientras que Antonio Machado, prefiere sacudirnos con su provocadora invitación:

 

¿Tu verdad? No; la verdad
y ven conmigo a buscarla.
La tuya, guárdatela.

 

Y mi querida María Zambrano, nos da un tip generoso, una sencilla guía para palpar ese intento de buscar el instante de honestidad:

 

Sólo en soledad se siente la sed de la verdad.

 

Sor Juana, asoma en su poema, ese riesgo tormentoso al confesar abiertamente lo que se siente, lo que debe decirse así, directo y claro, como la verdad de amar:

 

Y luego la razón justa me advierte
que sólo me remedia en publicarlo;
porquo bien quisiera, cuando llego a verte,

viendo mi infame amor poder negarlo;

mas e del gran delito de quererte
sólo es bastante pena confesarlo.

Decir la verdad, lo que deber ser.
Decir la verdad, el riesgo de delatarse.
Decir la verdad, cuando profieres negarla.

 

Sí, solamente el poeta dice la verdad.
Aunque también se le puede cantar, ya sea como Joaquín Sabina para lamentar su fuerza y preferir otra estrategia:

 

Y así fue como aprendí que historias de dos
conviene a veces mentir
que ciertos engaños son
narcóticos contra el mal de amor.
Yo le quería decir la verdad por amarga que fuera,
contarle que el universo era más ancho que sus caderas,
le dibujaba un mundo real no uno color de rosa,
pero ella prefería escuchar mentiras piadosas.

 

Por eso, en este V Aniversario de La Recoleta, donde apostamos cantarle a la verdad, cierro mi participación, con Serrar y su atinada verdad:

 

Cuéntale a tu corazón,
que existe siempre una razón escondida en cada gesto,
del derecho y del revés.
Uno siempre es lo que es
y anda siempre con lo puesto.
Nunca es triste la verdad
lo que no tiene es remedio.

Sí, solamente el poeta dice la verdad.

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