En México, hablar de “políticas públicas” es un tema que los líderes o los candidatos repiten hasta el cansancio; sin embargo es necesario hablar de ellas porque son nada más que la respuesta del Estado para solucionar los problemas de su pueblo.

Si tecleas en tu buscador favorito de Internet: “políticas públicas”, tendrás a tu disposición miles de resultados que tendrás que priorizar. Uno de estos artículos me llevó a entender un poco del tema, pero en el camino quedé no sólo confundida sino consternada por la inconformidad.

¿Qué son las políticas públicas? Lo que es seguro es que todos, de manera inevitablemente, somos parte de ellas, aunque no siempre nos incluyan en la toma de decisiones.

Migración, pobreza, inconvenientes en la educación, salud, empleo, medio ambiente, derechos humanos y todo lo que quieras agregar a la lista. En su deber ser, las políticas públicas son estrategias que el gobierno analiza una y otra vez para solucionar los problemas que más te duelen.

Por lo general, el gobierno está encargado de diseñarlas, se toman un buen rato para pensarlas, observar cada detalle, revisar puntos a favor y en contra, inferir escenarios posibles y prever detalles inesperados.

Pero en México, hablar de políticas públicas es alejarse de lo que tendría que suceder ¿será por eso que no tienen tanto éxito?

En este país, las políticas sociales, en lugar de solucionar el problema, generan más; pareciera que el afán de ofrecer “soluciones” al pueblo necesitado opera al aventón, sólo con el objetivo de presumir algo para su nueva ambición en las próximas elecciones.

Ahora, supongamos que el Estado invirtió tanto dinero en un estudio a fondo para crear una política pública eficiente. La aplicaron y… aún así no funcionó. ¿Qué sucedió?

Es posible que los líderes olvidaran preguntar a los involucrados, la sociedad, los principales afectados en sus decisiones, o, quizá, no les interese preguntarnos.

Bastaría con mirar cuanto sucede hoy en tu estado, municipio, comunidad o sector laboral en el que te desempeñes. Es posible que, si tienes empleo, lo tengas a costa de salarios raquíticos con los que tienes que hacer maroma para pagar alimentos, vestimenta, transporte para ir a ganarte el dinero, los servicios de tu casa y tu salud, que por cierto, en muchos casos ni siquiera está contemplada.

En el ahora, ninguna política pública sirve para evitar contratos que te impidan generar antigüedad, por lo mismo tampoco hay apoyo para que pienses en tu retiro. A no, ¡perdón! Desde luego que hay apoyo, pero tienes que aportar un buen porcentaje de tu sueldo.

¿Y qué hay con la educación? Otra política pública cada vez más enfocada en hacer que pienses menos para ser más productivo en el trabajo y seas mano de obra barata.

¿Y la salud? Parece que el modelo de política pública aquí no es ayudar al enfermo sino acabar con él. Al no tener dinero para pagar una buena atención médica no tienes otra que desaparecer poco a poco.

Habrá que terminar ahogado en la frustración porque entre las grandes características de las políticas públicas mexicanas está la inacción, el gran virus disfrazado de asistencia social.

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