Dicen que LA VERDAD no peca, aunque sí incomoda. ¿Sabes? LA VERDAD es que sí peco, aunque no me incomoda

¿A quién le gusta el té de ajenjo? La pregunta estalla en el intento de encontrar una vía fácil para entrar en un tema difícil, como el que sugiere la fuerza de la palabra VERDAD.

Ni siquiera es pensar en decir alguna VERDAD sino en el abismo al que se llega cuando se busca descubrir qué es ese lugar, si es que es un lugar, dónde queda, cómo se siente, a qué se parece, ¿es bonito? ¿tiene género? ¿duele? ¿a qué sabe LA VERDAD?

Por eso aventurarse a compararla con el té de ajenjo, para ver si con su intenso sabor se logra algún acercamiento. Probemos:

Sólo una cucharada de esta infusión hará que tu rostro terso se convierta en un montón de asteriscos al instante, ¿será que LA VERDAD surte un efecto similar cuando se ingiere? (si es que se ingiere, por supuesto). Hasta la fecha no hay un libro, un diccionario, un filósofo, pensador o hablador que con todos los pelos en la mano diga LA VERDAD sobre LA VERDAD, aunque, como el té de ajenjo, se dice que LA VERDAD puede ser desagradable al principio pero que al hacer contacto con ella, al cabo de cierto tiempo, tras experimentar su cruel amargura llegarás a un dulce estado de alivio.

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Hoy que LA RECOLETA llega a su cumpleaños V, aprovechamos que esta representación del número romano es también inicial de LA VERDAD, para invitarte a pensar en ella en función de ti, de ustedes, de nosotros; a partir del país en el que vives, con todos sus problemas y sus históricas luchas.

En México, como en otras latitudes del orbe, decir LA VERDAD es un ejercicio suicida, un deporte osado y de alta peligrosidad, es resignarte a la persecución y al hostigamiento, es jugar con tu propia existencia, negociar tu integridad.

Porque LA VERDAD, ¿a quién le encanta LA VERDAD? Si puede ser tan amarga como el té de ajenjo, si te desnuda cuando hace frío, si te revela cuando lo que más deseas es permanecer oculto, si no te dice lo que quieres escuchar, si libera los sellos que no te conviene abrir.

LA VERDAD desmantela, aniquila, desborda, enfurece, sobrepasa los límites, rompe los diques, divide, derrota, a LA VERDAD no le importa si hiere tus sentimientos o si te hace pasar un mal rato, carece del mínimo de diplomacia, no es políticamente correcta, nadie le enseñó a pedir permiso.

Quizá por eso es que nos han acostumbrado a rechazarla o a beberla en dosis controladas, a tenerla en la lista de ideales inalcanzables, a saludarla de lejitos, a temerla, a disfrazarla, a mentir sobre ella.

Pero LA VERDAD, ¿es grato ser cómplices de un mundo enmascarado que renuncie a sí mismo? ¿te satisface aceptar la idea de que todo va bien incluso cuando el desmoronamiento es innegable?

Hoy cumplimos V y, LA VERDAD, no nos interesa regocijarnos en adulaciones por lo mucho o poco que hemos logrado, si somos el mejor o el peor medio de comunicación independiente que haya dado Hidalgo, queremos aprovechar este aniversario para detenernos un momento y pensar en en todo el trabajo que no hemos hecho, en la manera en que podemos aportar para liberar, en la medida de nuestras posibilidades, en el despertar de consciencias, en la motivación de las creaciones que ennoblecen el alma, en la apertura de espacios que generen debate, que favorezcan el cuestionamiento constante y la crítica constructiva, que garanticen la pluralidad y defiendan la diversidad, que denuncie y se preocupe por el otro o la otra, que haga comunidad.

Hoy que vuelve a ser 10 de febrero, el día en que conmemoramos el surgimiento de un proyecto de sueños comunes, queremos asegurarnos que no marchamos en la cíclica rutina de un calendario, que cada año que transcurramos lo hagamos con nuevas ambiciones y compromisos, como el que hoy te proponemos: LA VERDAD, LA VERDAD como principio, LA VERDAD como anhelo, LA VERDAD como meta, LA VERDAD como vocación irrenunciable en un tiempo y en un entorno, en una patria donde la mentira y la simulación se encarnaron como sanguijuela en su piel para inyectarle un dulcísimo veneno que la adormece, que nubla su vista, que le impide oír, que neutraliza su lengua, que inhibe su estado de alerta.

Seamos incómodos, seamos irreverentes contra los discursos oficiales, pensemos, analicemos, exijamos cuentas, pidamos la palabra, objetemos, jamás nos durmamos en los laureles del silencio, ni nos dejemos seducir por la comodidad de no meternos donde no nos llaman, brindemos con ajenjo y persigamos LA VERDAD.

LA RECOLETA
2013-2018… y contando

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