¿Por qué premiarlos? Gracias a cada periodista palpamos nuestra realidad. Porque se arriesgan para ventilar al corrupto y refrescar la voz olvidada del pueblo. Porque un grupo muy representativo ejerce este oficio profesional con valentía y entrega pese a los malos sueldos y jornadas sin horario, porque nos ponen en alerta contra los mafiosos. Porque la sencillez de un héroe anónimo nos reconcilia con la vida. Porque el testimonio obtenido da un rostro humano a los feminicidios. Porque una casa blanca hace brillar la corrupción de un México herido…

 

EL PERIODISMO es oficio y profesión, compromiso y denuncia, pasión y entrega, crítica e investigación, necedad por informar con objetividad, reconocimiento a la fuerza de la subjetividad de buena fe, enamorarse de la noticia y seguirla hasta la muerte, construir la realidad social a través del discurso. Tantas maneras de definirlo o etiquetarlo, pero quien ha sido periodista jamás dejará de serlo, por eso, la misma sociedad lo necesita, lo puede juzgar y condenar pero también reconoce cuando es necesario premiarlo y aplaudirlo. Por eso, el Premio Nacional de Periodismo sigue latente en nuestro país.

El periodismo –señala con precisión Salvador de León Vázquez, uno de los investigadores más importantes de este campo de estudio- forma parte de la sociedad en la que se inserta y, por lo tanto, la refleja. Ese reflejo no solamente corresponde a las noticias que cotidianamente se producen, sino también a las condiciones en las que son producidas. “El hecho de que los periodistas en México estén siendo altamente agredidos en la actualidad tiene que ver con las condiciones de democracia simulada que tenemos en nuestro país.” Y en este siglo XXI un número preocupante de periodistas ha muerto al ejercer este compromiso, protestamos siempre contra esa violencia. Otras más han logrado sobrevivir, protegerse, reconocer su trinchera periodística, escribir pese a todo, contra todo, a favor de la sociedad. Por  eso, esta misma sociedad también lo premia.

Es así como en este año se ha dado a conocer la Convocatoria del Premio Nacional de Periodismo 2016 y el 21 de julio de 2016 se conformó el jurado que elegirá a quienes merezcan ese reconocimiento. Y quienes forman parte de este compromiso ciudadano, confiaron en mi trabajo y decidieron que fuera la presidenta del jurado de este año.

Pero, ¿por qué existe un Premio Nacional de Periodismo? ¿Quiénes premian? ¿Por qué se otorga? Considero que además de extender una generosa invitación a participar, también es necesario reconocer su importancia, surgimiento, ajustes y compromiso.

Quienes decidimos ser periodista siempre oscilamos entre el qué y el quién, el cómo y el dónde, el cuándo y el por qué. Aprendemos en la redacción o nos enseñan desde las aulas la importancia de la precisión y de la veracidad, de la claridad y la oportunidad, la brevedad y el equilibrio.

Aprendemos a tener ejemplos e inspiraciones, desde los Flores Magón hasta Filomeno Mata, las Violetas del Anáhuac a Juana Gutiérrez de Mendoza, el Excélsior de Scherer y la página B coordinada por Cecilia Treviño y Noemí Atamoros, La Jornada y la DobleJornada, Vicente Leñero y Miguel Ángel Granados Chapa, Sara Lovera y Carmen Aristegui, del norte al sur del país, del este al oeste, existe una geografía periodística donde siempre hay alguien que informa, que denuncia, que critica, que escribe justo en el momento que ocurre una noticia, que argumenta con arte su opinión, que investiga con verdadero profesionalismo. Cada una de esas personas sabe que el periodismo es su vida. Son esos y esas profesionista a quienes el Premio Nacional de Periodismo debe reconocer.

¿Por qué premiarlos? Porque gracias a cada periodista palpamos y nos acercamos a nuestra propia realidad. Porque se arriesgan para que se conozca el dato del político corrupto o la voz olvidada de la gente del pueblo. Porque un grupo muy representativo ejerce este oficio profesional con valentía y entrega. Porque pese a los malos sueldos y las jornadas sin horario, siempre están en el lugar del hecho noticioso. Porque ante los desplantes de algunos poderosos, consiguen la declaración que nos pone en alerta contra los mafiosos. Porque ante la sencillez de un héroe anónimo, nos reconcilian con la vida. Porque el testimonio obtenido de la da un rostro humano a los feminicidios. Porque una casa blanca hace brillar la corrupción de un México herido. Por esto y más es necesario premiarlos.

Pero, ¿quién debe juzgar la labor periodística? Durante un buen tiempo, para ser precisa desde 1976 hasta 1999, el gobierno se adjudicaba ese derecho. Esta situación poco a poco empezó a causar incomodidad y molestia. Resultaba muy cuestionable que el gobierno, al que muchos periodistas denunciaban, fuera juez y parte. Personas comprometidas con el gremio y la misma sociedad empezaron a insistir en la urgencia de ciudadanizar este premio, que de verdad se garantizara su independencia, autonomía y pluralidad.

Voces como las de Fátima Fernández y Raúl Trejo –reconocidos investigadores de la comunicación-, declaraciones de personalidades como Luis Javier Solana y Ernesto Villanueva, periodistas como Jesús Blancornelas y Carmen Aristegui, aprovecharon escenarios e incluso el mismo premio, para insistir: El Premio Nacional de Periodismo lo debe entregar la ciudadanía. En 1998 Julio Scherer García rechazó el galardón, que recibiría de manos del presidente Ernesto Zedillo, y en una carta abierta dirigida al presidente del jurado de ese año, Jacobo Zabludowsky, don Julio precisó:

 

Desde mi trabajo en Excélsior y en Proceso, tengo la certidumbre de que siempre me he representado en mis compañeros. Por ellos y por mí, no puedo aceptar un premio que desde su origen ha desconocido el trabajo que ahora, súbitamente, nos reconocen

 

Estas acciones y decisiones fueron muy significativas al empezar el siglo XXI. Los debates fueron intensos, las propuestas constantes, las argumentaciones sólidas y las preocupaciones muy honestas. Cada periodista, diversos medios y el mismo gobierno fueron reconociendo la importancia de que la sociedad con rostro plural se integrara en esta premiación. En 2001 Carmen Aristegui y Javier Solórzano fueron premiados, aceptaron el diploma pero rechazaron el premio en efectivo y declararon:

 

¿Conviene a los periodistas, al presidente o a la sociedad mantener este ceremonial que no puede deshacerse del tufo de los favores recibidos? ¿No es tiempo de poner a cada quien en su lugar?

 

Fue así como el 16 de octubre de 2001 surgió el Consejo para el Premio Nacional de Periodismo AC Se propuso que estuviera conformado por diversos representantes de la sociedad, desde organizaciones independientes hasta universidades, periodistas de prestigio reconocido y académicos expertos en la materia. Será este consejo quien invite a las personalidades que de manera independiente y autónoma seleccione a quienes merecen ser premiados. El apoyo fue total para “retirar la intervención del Estado, en un ámbito de la actividad profesional como lo es el periodismo”, se dijo el día en que se aprobó en la Comisión de Gobernación de la Cámara de Diputados el dictamen para derogar el Premio. A partir de entonces, el Premio Nacional de Periodismo intenta y va logrando ser independiente, autónomo y plural.

En la tesis titulada Premio Nacional de Periodismo: una transición en marcha (2003), Martha Imelda Montaño hace un excelente recorrido por la historia de este reconocimiento y advirtió:

 

Los periodistas de hoy día han decidido aprovechar la coyuntura política para concretar lo que vislumbran como un proyecto lejano: sacudirse la tutela del Estado en el otorgamiento del vilipendiado Premio Nacional de Periodismo y ser ellos mismos, sus organizaciones,  junto con académicos de reconocido prestigio en la materia quienes asuman la organización de un premio que les pertenece

 

Y así, en los 17 años que este siglo XXI lleva, el esfuerzo y compromiso laten al compás del ritmo periodístico.

Es de esta forma como en este 2017 se crea un jurado independiente, plural y honorable, que me ha tocado el honor de dirigir, para que premiemos el trabajo periodístico realizado en 2016. La Convocatoria se dio a conocer el 21 de julio y nuestro compromiso es circularla por todo el país.  Las categorías son: Noticia, Reportaje/ Periodismo de Investigación, Crónica, Fotografía, Artículo de Fondo/Opinión, Caricatura/ Humor, Entrevista y Divulgación Científica y Cultural (incluye todos los géneros). Los trabajos se recibirán en el lapso del 21 de julio al 21 de agosto de 2017.

El jurado está integrado por Vicente Castellanos ,  Aideé Arellano,  Alex Ricardo Caldera, Arturo González, Daniel Adame, Élmer Mendoza, Federico Mastrogiovanni, Fernando Esquivel, Filiberto Juárez, José Luis Cerdán, Manuel Falcón, Manuel Vázquez, Rosario Avilés, Sergio Rodríguez y Tulio Moreno. Agradezco su respeto y reconocimiento al elegirme como presidenta del jurado, Elvira Hernández Carballido. La tarea será ardua pero siempre honesta, independiente y comprometida.

Los resultados serán dados a conocer el 24 de noviembre de 2017 y la ceremonia de premiación será el 8 de diciembre.

En este mes de agosto haremos una intensa promoción, queremos que cada periodista de nuestro país participe y se reconozca su labor, porque, como bien dijo Elena Poniatowska:

 

El periodismo es la gran emoción, la gran compulsión al amanecer, es el inicio del día y es el motor que nos hace salir de la cama, es el temblor en la yema de los dedos y la palabra en la punta del teclado.  Es el ansia por atrapar los asuntos y hacerlos comprensibles. La noticia nos enamora y corremos detrás de ella por la calle, la seguimos hasta la tumba. El corazón no descansa hasta que se entregó el artículo. Ningún hombre, ninguna mujer olvidan jamás que han sido periodistas, cuando esta víbora pica no hay remedio en la botica…

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