Quiero atravesar una nube, ver el cielo infinito que cubre la redondez de la Tierra.Quiero ser la música que inunda el mundo, acorde tras acorde iluminando a su paso.

Quiero bailar con el viento en el mar profundo de la nostalgia y que el amor me arrope si hace frío, y que mis brazos den calor a quien no encuentra dentro de sí un motivo para seguir. Quiero ser un recuerdo en la memoria de mi hija, un buen recuerdo que guarde en su corazón.

Quiero tiempo, más días con sus noches para: amar, reír, viajar, comer; pero, sobre todo, quiero días de ocio tirada al Sol.

Quiero entender la poesía de los niños que arremeten contra la rutina y le plantan cara a los dogmas en un dibujo de colores que puede ser hoy una mariposa y mañana un edificio.

Quiero sumergirme en el mar del Atlántico, para constatar lo insignificante que soy si pienso únicamente en mí.

Quiero ir de prisa para realizar todo de golpe, como si de magia se tratara, y despacio, para apreciar cada brisa, cada gota de agua, cada risa, cada cosa que acontece  en la vida.

Quiero descansar, rotundamente. No levantarme del suelo en dos semanas enteras y dormir de corrido, hasta que un nuevo año aparezca.

Quiero levantarme llena de energía, que la alegría me inunde y la fuerza renovada se apodere de mis manos y de mis ojos.

Quiero ser el leve paso de un caracol que cruza el jardín de mi abuela, que ha cambiado de casa, que no se rinde y aunque lentamente se mueva.

Quiero ser las palabras exactas para comunicarme, para reconfortar a las personas, para entenderlas, para transformarnos.

Quiero erradicar el miedo, la pena y la violencia, quiero que las calles sean sitio seguro de nuevo, que el sufrimiento nos haga empáticos y solidarios de verdad.

Quiero ser la luz que irradia el Sol, la entrometida que pasa por las ventanas y abarca ciudades y campos por igual, pero muere en cada atardecer sin miedo a renacer en unas horas.

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