Y aún respiro con los pulmones llenos de ceniza, con la cabeza en el suelo siento el humo atravesar mi garganta, la mirada carcomida por el fuego del silencio y escucho los últimos latidos de un corazón carbonizado por la ausencia de humanidad que le abrió camino a las llamas de un “hogar seguro”, para devorar cada centímetro de piedra, madera, cortina, ropa, cabello y piel.

Con el último latir, recuerdo que prometieron con sus lenguas de oro salvarnos del dolor, de la hambruna, de la adicción que viene de la soledad, pero lo único que nos dieron fueron sus lenguas en mi piel saboreando mi alma, hundiéndome en las profundidades de sus piernas, en la locura de sus muros convertidos en burdeles de mala muerte, mientras me arrancan los pétalos, como en los juegos de niños, hasta dejar una última hoja y me aferro a ella para no perderme en la nada.

Grité por última vez y en vano a los cerrojos convertidos en fuego, les pedí que me dejaran ver de nuevo la luz, ver los ojos de mi madre como en la primera vez, antes de toda la senda recorrida… Pero nadie me respondió, sólo una luz se logró colar por aquella jaula humeante, entonces fue que deseé con todas mis fuerzas convertirme en el quetzal para salir volando por la rendija hasta llegar al cielo azul, para sentir en la brisa salina la libertad.

Mi cuerpo y el de mis hermanas fueron reducidos a cenizas, nuestros sueños jamás se realizarán y nuestras voces jamás se escucharán si dejan de preguntar ¿Quién incendió a las rosas de Guatemala? ¿Quién las vio arder desde la lejanía? ¿Quién escuchó a Siona, Indira, Sarvia, Grindy, Estefany, Ana Roselia, Grisna, Melani, Keila, Kimberly, Luisa, Mirza, Rosa Julia, Daria, Achly, Mayra, Yohana, Rosalinda, Madelin, Beatriz, Mari Carmen, Jaqueline, Nancy, Sarvia, Lilian, Yemmy, Josselyn, Skarleth, Ana Nohemí y Ana Rubidia? ¿Quién reclamará justicia por nosotras y para otras? ¿Quién recordará a las niñas de Guatemala?

No dejen que el fuego de la impunidad nos silencie por una segunda vez.

 

El 8 de marzo de 2017 un incendio en el Hogar Seguro Virgen de la Asunción, Guatemala, provocó la muerte de 40 niñas y adolescentes; sufrían de abusos psicológicos, sexuales, físicos y verbales de las autoridades del albergue

Sobre El Autor

Alejandra Zamora Canales

Comunicóloga en proceso, friki sin remedio, soñadora itinerante por deseo, dibujante por adicción, cinéfila por religión, bibliófila por diversión y fotógrafa ¿Por qué no?

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