Una noche de marzo, a unas horas del conmemorar el Día de la Mujer, Penélope sentadita en la banca de la glorieta de Pilares, esperaba. Sí, esperaba. Parecía una loba que se alejó del rebaño. Una loba que no buscaba a Romeo. Una loba enamorada de la Luna llena. Una loba que le aúlla a la vida para recordarle que todavía espera, espera.

 

Mensaje 1

Hola. Te mando un beso. Jo  jo jo. ¿Cómo estás?

 

Entonces llegó un príncipe convertido en lord. Un coleccionista de imágenes que podría espiarla desde su perspectiva panorámica que lo protege de falsas ilusiones. Experto en arte que podría explicarle por qué un cuadro de Frida siempre se convierte en un espejo ante ella.

 

Mensaje 2

Mmm ¡Ajua! Gracias y muchos saluditos.

 

Las estrellas del cielo cerraron fila para que Penélope no se perdiera en esa mirada masculina. Por eso, decidió distraerse con ese firmamento azul forrado de luces brillantes. Pero cuando desvió la mirada, observó con ternura que ese Ulises potencial bailaba mal. Se conmovió tanto que, al ritmo de un deplorable reggaetón, ella movió sus caderas con generosidad para ganar su confianza.

 

Mensaje 3

Y olé. Bellos sueños. Bello día. Sobre todo porque en tu soñar yo no fui el dinosaurio (aunque todo pudo ser jo jo jo) ¿Todo bien por allá? Besos

 

Una madrugada caminaron por el centro histórico de la Ciudad de México. Ella miraba de reojo a ese hombre aún extraño. Pero eso no evitó que Penélope descubriera un perfil bondadoso y hasta lo comparara con el de esa paloma trasnochadora que paseaba a su lado, por la plazuela de Santo Domingo. Después lo vio vagar en el antro entre la bruma que delineaba el humo de cigarros, cerveza en mano y mirada ausente. Al diez para la seis de la mañana se refugiaron en una antigua cafetería, que olía a nostalgia melancólica. Entre café con leche, pan y tamales compartieron historias. Aunque todavía estaba latente esa distancia clásica entre los extraños que ya no quieren serlo.

 

Mensaje 4

Hola. Bello día para ti. Acá nomas para enviarte un saludín bombín jo jo jo.

 

Encuentros informales, entre piñatas infantiles y comidas familiares, los hicieron coincidir de vez en vez. Siempre a lo lejos, Penélope exploraba esa mirada inteligente que transformaba las imágenes en poesía visual. Se preguntaba si cuando la miraba, él imaginaba una toma que dibujara perfectamente su perfil feminista o un acercamiento que descubriera los pecados que latían en su piel.

 

Mensaje 5

¡Olé! Gracias. Ya hace años que hice ese documental. Sniiff, me da nostalgia. ¿Cómo te llegó la copia? Besitos.

 

Un día, mientras admiraba el Cerro de la Silla, Penélope recibió un mensaje. Le sorprendió el estilo, las frases amigables y un tono dulcemente provocador .De pronto, su corazón desordenado abrió un lugar más. Durante 24 horas releyó ese texto tan corto pero tan festivo. ¿Qué guardaba en verdad cada palabra? ¿Qué interpretaba ella en cada expresión amable y despreocupada? El espíritu de la autoestima acarició las nubes. La sonrisa se tatuó en sus labios. Un presentimiento la reconcilió con la vida. Y todo por un mensaje quizá cortés, posiblemente benévolo, tal vez indulgente. Pero a ella le pareció sorpresivamente conmovedor. Penélope presentía que esos mensajes iban a regir su estado de ánimo y su confianza en los demás. ¿Por qué? Nunca respondió, pero lo presentía con absoluta certeza.

 

Mensaje 6

Olé¡ Besitos mensajeros y con cubreboca aunque sean menos sexy.

 

Después el silencio. Un silencio que la acompañó en sus confesiones y en sus pecados. Un silencio provocador y esperanzador. Un silencio que la invitó a admirar la ciudad de jade sin pesimismo. Un silencio que la custodió por las calles tristes de Morelia. Un silencio que la hizo sentarse junto a la novia del mar y esperar, otra vez esperar, esperar. Se acordó que era loba y volvió a aullarle a la luna.

 

Mensaje 7

La luna me quitó la gripita. Saluditos. Yo mocosón

 

La noche menos esperada, noche de gala y de reconocimiento, se topó otra vez con esa mirada. Hubo un abrazo sincero y un reclamo más honesto. Un lazo frágil de amistad se fortaleció por un beso en la mejilla. Una sonrisa compartida desacomodó el corazón de Penélope. El presentimiento cubrió su charla informal. Una despedida con promesa no le garantizó otro encuentro. Y mientras se alejaba de ese lugar, otro mensaje inesperado llegó. Mensaje festivo, enternecedor e incondicional. La historia ya tenía principio porque los dos celebraban por igual haberse conocido.

 

Mensaje 8

Huasca es hermosa. Fetejad con una deliciosa trucha asada. Yo acá en un curso de acupuntura. Saludín bombín.

 

Así pasó el tiempo. No volvieron a mirarse a los ojos, no volvieron a rozar sus miradas, no reconocieron su olor de la herencia ni su olor naturalmente artificial pero provocativo. No más besos en la mejilla, nada de citas ni reuniones casuales. Sus vidas eran detalladas en menos de 50 palabras y en menos de un minuto. Sus experiencias, emociones y dudas quedaban atrapadas en una pantalla minúscula. Su amistad estaba sostenida en mensajes efímeros y fugaces, eternos en sus recuerdos, palpables solamente en su alma.

 

Mensaje 9

Espero que el congreso esté interesante, y ya habrá oportunidad de vernos. Por lo pronto divertíos montones. ¡Olé! Yo

 

Penélope recordó aquellas canciones que antes alababan la correspondencia de papel. Los boleros que enaltecían la generosidad del cartero o lo maldecían por no traer la carta deseada. La emoción descrita al rasgar el sobre tapizado de timbres coleccionables y extraer esa hoja llena de palabras, promesas, adioses y bienvenidas. Ahora todo era digital y etéreo, sintético y temporal, fugaz y breve pero intenso, vivo, directo y claro. Se estaba enamorando de un hombre de palabra y de palabras suaves, dulces, airosas, bellas, suyas, propias, únicas.

 

Mensaje 10

Tu est aussi le soleil d´un novea jour, et tu est ta voix qui chante a mon oreille, des que je méveille de mots, des marveilles sur un lit d´amour

¿Y él por qué respondía? ¿Y él por qué contestaba? ¿Y a él qué le inspiraba escribir? ¿Y él qué sentía cuando su dedo brinca en cada pequeña tecla? ¿Y él qué sentía cuando su celular anunciaba la llegada de un mensaje? ¿Y él qué experimentaba cuando comprobaba que era ella la que escribía? ¿Y escribía con sinceridad? ¿Y escribía con emoción? ¿Y creía en el amor mensajero? ¿O todo era simple caballerosidad mensajera? ¿Romper la monotonía? ¿Escribir otra historia?

 

Mensaje 11

¡Olé! Gracias por el piropo. Aunque os he de decir que tengo una personalidad oscura: soy papito feroz. ¡Worales! Jo  j o jo

 

Penélope espera sentadita en su espacio más íntimo. Espera caminando por una avenida ruidosamente urbana. Espera entre discursos y palabras que la comprometen en los espacios públicos. Espera y brinca charcos. Espera mientras baila en un antro. Espera mientras canta desentonada. Espera mientras le aúlla a la luna. Espera con los puños cerrados. Y el mensaje llega, de inmediato, minutos después, días más tarde. Pero llega, siempre llega, con destellos de absoluta sororidad masculina.

 

Mensaje 12

Hola, con eso de las deudas de cariñitos ajustaremos cuentas. Jo jo jo. Muajaja. ¡¡¡Yo merísimo!!!!

 

Enamorada de las palabras, casi ya no recuerda su rostro. Ilusionada con las frases, nunca memorizó su olor. Se siente seducida con un breve discurso, aunque no sienta su aliento. Está apresada en expresiones telegráficas, sin un tono de voz reconocible. Cautiva por monosílabos y abreviaturas incomprensibles, suspira al leer. Se ríe de sí misma, cómo es posible que este hombre mensajero ilumine sus días nublados sin un recuerdo qué evocar.

 

Mensaje 13

Soy marinero de trapito que desde hace años no se hace a la mar. ¿Has traído conchitas contigo?

 

Penélope se entretiene con las olas y teje mensajes, sin obsesión ni trampas, por simple ilusión. Escribe con la fuerza de los arrecifes y la tranquilidad del mar. Pone puntos marcados por la brisa. Naufraga en océanos textuales. Le pide al coral de los deseos que esta correspondencia del siglo XXI sea eterna. Y en la profundidad de su alma una medusa le aconseja mantener la ilusión en su cabeza llena de serpientes, serpentinas y sueños de colores. La novia del mar le guiña con absoluta complicidad femenina. Y la sirena que vive en ella se zambulle en letras color azul, en textos adornados con espuma del mar, en palabras que dejan huella en ese terciopelo azul que no tiene principio ni final.

 

Mensaje 14

Hola sirena. Bellos sueños. Yo

 

Penélope le pide ayuda y recibe de inmediato con un mensaje fraterno. Penélope solicita un consejo y él prefiere escribirle una canción de cuna. Penélope bromea y él redacta el sonido de una sonora carcajada. Penélope se siente sola y él le hace compañía. Penélope quiere que le cante al oído y el le recita un poema en francés. Penélope lo espera y él promete. Penélope lo invita y él se dispersa. Penélope lo espera y él nunca llega.

 

Mensaje 15

Eso es muy bueno. Para ser compulsivamente feliz. Que el éxito te arrebate, que te inunde. Muchas cosquillas cariñosas. Yo enseñando a mi sobrino a dividir.

 

La fuerza de las palabras enamora a Penélope. La debilidad de las comas ausentes pueden preocuparla. Las oraciones incomprensibles, se convierten en un reto. Los verbos sin conjugar la seducen. Los sustantivos la emocionan. Y las interjecciones, cautivarla. Las onomatopeyas la conmueven. Los complementos indirectos ya son suyos. Los artículos le recuerdan su preocupación por el género. Y lo no dicho la mantiene ilusionada, en la espera constante, como loba enamorada de discursos ocultos detrás de esa luna a la que la aullará por siempre.

 

Mensaje 16

Por nada mujer majísima. Yo, el mismísimo lord sereno.

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